Yuanfen o la predestinación de un nosotros

Por Alicia García

Es tarde por la noche y ya estás acostado en tu cama esperando a que el sueño te visite, mientras optas por rememorar tus momentos del día. Inevitablemente llega a tu mente el recuerdo del tiempo compartido con esa persona, puedes recordar su olor claramente y te estremece sentir el contacto de sus manos en tu piel. Es sólo un recuerdo, claro está, pero aquello se parece más a una alucinación pues no es necesaria esa persona para poder sentir su olor en tu nariz o su mano tomándote la tuya. Comienzas a pensar que todo ha ocurrido muy rápido sin embargo se siente como si aquello llevara mucho tiempo más. Tu corazón se acelera y comienzan a brotar miles de pensamientos en tu cabeza que ahuyentan el sueño con tanta fuerza que no tienes más remedio que detenerte a pensar en lo que crees que podría ser una verdad: tú y yo ya nos hemos encontrado antes.

Después de aquella reflexión, no has podido sacarte de la cabeza la idea de que no es casualidad que te sientas así por esa persona. Crees saber cómo te sientes pero no encuentras las palabras para describir tus emociones. Crees tener todo bajo control pero obviamente se desbordan sentimientos que han aparecido de la nada y sin previo aviso. Crees que lo conoces todo por tus experiencias pasadas pero nada se asemeja a lo que te está sucediendo ahora. Intentas desechar esos pensamientos que te turban y desconcentran pero lo haces sin éxito.

De pronto y después de muchas reflexiones, te topas con la casualidad, aquella palabra misteriosa en la cual no crees. La buscas en el diccionario y descubres que la definen como una combinación de circunstancias que no se pueden impedir ni evitar. Y aquello comienza a tener sentido. Te sorprendes al darte cuenta que la casualidad se relaciona con el azar, la suerte y la contingencia. Tres palabras que se adaptan perfectamente a tu situación. Pero de todas aquellas palabras, te quedas rumiando la idea de contingencia. Tu mente ya vuela por vías antes inexistentes y ahora entiendes que tú y yo tuvimos la posibilidad infinita de existir, y lo hicimos.

De la casualidad pasas a la sincronicidad, aunque es un concepto mucho más extenso y complejo sabes que de alguna forma se relaciona contigo. La causalidad, la casualidad y a la acausalidad juegan juntas para formar un torbellino de ideas distintas, confusas e impensables, hasta ahora. Con un brinco en el corazón descubres que de acuerdo al universo y a los números, una casualidad sólo puede ser casual mientras no sobrepase los límites de la probabilidad. Nota mental, tú y yo estamos juntos aún después de que los números no nos daban esa posibilidad. Tú y yo estamos aquí no por una causalidad explícita sino por la sincronicidad a la que estamos sujetos en este cosmos.

Eso se parece un poco a la predestinación, terminas pensando. Comienzas a interesarte en el destino, en el tipo de predestinación de concepción budista que emplea el concepto casi de forma literal: pre- y destino, donde todo lo que sucede parece venir ligado desde mucho antes. ¿Tú y yo nacimos para pertenecernos? Tienes muchas más preguntas que antes, te sientes más confundido y con más hambre de saber, y todo eso al mismo tiempo. ¿Desde cuánto tiempo antes puedes estar encadenado al destino de alguien más?, si ese es tu destino ¿entonces importa algo las decisiones que tomes o de todas formas terminarás con aquella persona?, ¿en cuántos escenarios estamos juntos?, ¿y en cuántas vidas más?

A pesar de lo mucho que te gustaría pasar más vidas con esa persona, sólo tienes una y es ésta, así que estás determinado a crear algo con esa persona, a regar y cuidar todos los días esa plantita del amor. Que curioso, la determinación es una palabra con un significado fuerte, tan fuerte como el determinismo, parecidos pero no iguales. Sigues buscando y encuentras, el determinismo es algo que también se acomoda en tu vida, se relaciona contigo y con esa persona. Ahora estás seguro que no es el azar el que los ha unido, de nuevo hay algo más detrás de ello, una fuerza inexplicable tal vez, una fuerza que ha sido nombrada de muchas formas. El paradigma lineal de causa-consecuencia ha perdido sentido para ti, ahora comprendes que no todo es causalidad y para muestra nos tenemos tú y yo. Porque sin hacer nada por ello, aquí estamos los dos reunidos, como lo cóncavo y lo convexo. Estar juntos compartiendo el tiempo y el espacio tal vez ya estaba determinado.

Y es así como finalmente llegas al Yuanfen y descubres que no es más que la combinación de todo lo que descubriste antes. Que el Yuanfen o Yuan es un concepto chino que también está relacionado al budismo y es la palabra con la que nombran a aquello que define a los amores que nacieron predestinados. Ahora tienes un panorama más completo de aquello que no te dejaba dormir por las noches, comprendes aquello que no tenía nombre pero lo sentías desde mucho antes. Ahora sabes que eres un elemento minúsculo del universo pero aun así estas entrelazado a él de muchas formas que siguen siendo inexplicables para ti. Se abren posibilidades infinitas ante tus ojos, ahora puedes creer en el amor a primera vista porque sabes que en realidad no es ajeno a ti, no lo conoces por primera vez, lo estas reconociendo y reencontrándote con él. Ahora puedes dormir tranquilo por las noches con la certeza de que tú y yo hacemos todo menos coincidir por mera casualidad en este mundo.


Fuente: Yuanfen. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/Yuanfen


Imagen: http://www.escuelademeditacion.com/practica-del-amor/manos-entrelazadas/

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