Yo no veo la diferencia

Por Aarón Rojas

Me queda claro que no podemos hacer comparaciones, pues a menudo éstas siempre terminan por ser malas y no logran encuadrar con la realidad, también tengo claro que no es imposible que todos seamos iguales; debido a limitantes físicas, biológicas o ideológicas.

Sin embargo, el tema que voy a tatar es de delicado análisis y de curioso nacimiento, pues se encuentra presente desde los sectores más populares hasta las altas esferas de la comunicación en México, un país que tiende a ser machista y sumamente discriminatorio.

Intentaré explicar el caso y plantear la problemática de manera concisa.

Hace menos de un año fueron las elecciones en los E.U.A., unas que sorprendieron a muchos y complacieron a otros. Demostrando la poca fiabilidad que tienen las encuestas y al mismo tiempo, lo poco preparados que están los ciudadanos, incluso los más “desarrollados” (como quiera que se interprete eso) para la democracia.

Y es que contra todo pronóstico ganó quien no querían que ganara y perdió a quien todo el mundo apoyaba.

Los resultados los sabemos y padecemos todos en todo momento, sin embargo, eso no es lo más grave, pues finalmente el destino se ese país no estaba en manos de ninguno de nosotros, sino que muchos querían otro tipo de resultados y lo decían abiertamente.

Pero ¿quiénes eran esos otros que querían los resultados?

Lo interesante surge precisamente en este punto de la vida cuando, se dejan de decir palabras vacías y debe darse paso a las explicaciones sobre un actuar en particular.

Eran dos los perfiles que mejor se posicionaron para el puesto más icónico e importante del mundo, como dicen algunos, un hombre y una mujer. Independientemente de cómo fueran cada uno en lo personal, si sabía o no de política o si alguna vez habían ocupado un puesto de elección popular o no, todo podría haberse resumido burda y toscamente a solo eso, dos géneros en pugna.

En este punto del texto se preguntarán qué es exactamente lo que estoy buscando con todo esto, pues se los diré.

Durante toda la campaña e incluso durante la jornada electoral, se apoyó abiertamente a la mujer, a la candidata del partido “liberal” de ese país. Públicamente se exaltaban sus cualidades, dentro de las que estaban precisamente el ser mujer y haber estado en puestos muy importantes dentro de las administraciones pasadas en aquel país de Norteamérica.

Uno pensaría entonces, que todo había cambiado y que realmente les importaba que una mujer pudiese acceder a un puesto de suma importancia a nivel global, que la ciudadanía estaba convencida de las cualidades que vendrían en un paquete electoral que contuviera a una mujer como pieza principal. Todo ello surgía luego de ver como exaltaban los múltiples beneficios que vendrían si ella ganaba.

Pero perdió, y todo ese apoyo, inmerecido y supervalorado desde mi punto de vista, que se había dado a una persona que poco había hecho de lo que prometía en campaña, desapareció con lastimosa facilidad.

Sin embargo, más pronto que antes nos fuimos dando cuenta que eso no precisamente sería así, que el apoyo dado a esta señora no se repetía con otras mujeres que SI ostentaban el poder, independientemente de si sus gobiernos habían o no sido buenos, todas al final del día cumplían con lo mismo que se exaltaba anteriormente, unas incuso hasta habían sido esposas de otros presidentes y ahora estaban en el puesto de su marido.

Pacientemente esperé, quizá con un poco de ingenuidad, a que al aparecer otra candidata al mismo puesto en un país de cierta relevancia internacional, entonces se volverían a volcar los medios con la misma campaña de apoyo que se le dio a su antecesora. Y evidentemente el momento tuvo que llegar, y no encontró mejor sitio para darse cita que en México. En ese país latino, desde el año 2015 se había pronunciado una mujer, con bastante vida política, con la intención de ser quien encabezara a dicho país.

Y con ella, surgieron las excusas, pues a pesar de que cumplía con prácticamente las mismas características que su homóloga estadounidense; era mujer, madre de familia, había ocupado cargos públicos, tenía una amplia carrera política e incluso había sido la esposa de un expresidente de México; el apoyo no se vio.

Los pretextos fueron muchos, que si la Ley electoral es más dura en México, que si aún no se daban los tiempos electorales, que si la figura de su esposo le pesaba, que si…

Para ser sincero, quedé francamente decepcionado, aunque no sorprendido, por la forma en como se había cambiado por completo el discurso. De apoyar a una mujer con ciertas características a no hacerla con otra que tenía las mismas, lo único que quizá las distinguía es que una, la primera, fue por parte de un partido “liberal” y la segunda por uno conservador.

Como ven la diferencia es clara, una era de un país al que hemos permitido que se inmiscuya hasta donde quiera, capaz incluso de cooptar a la prensa para fijar posiciones claras hacia una candidata solo por tener cierta nacionalidad y por el contrario no hacerlo con otra.

Como ven, la diferencia es muy clara, aunque siendo sincero, YO no veo la diferencia.


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