¿Y todavía piensan que la ética es una pérdida de tiempo?

Por Miguel Téllez

Quizá este escrito sea “provocador” por el título, ya que supone al menos un par de cosas: que algunas personas –miles, podríamos decir- aún ignoran la importancia de la ética y que el autor de estas líneas devalará una verdad insoslayable respecto a lo que es y cómo debería ser el estudiar y practicar la ética. Lo primero intentaré sostenerlo en las siguientes líneas, lo segundo es un asunto bastante amplio para que decir algo concreto, sin embargo, sí esbozaré una propuesta. Mi intención es simple: señalar que necesitamos de la ética.

Como ya lo he dicho en varios escritos aquí en Jóvenes Construyendo, la ética es la filosofía moral. El término “moral” puede usarse en dos sentidos: moral positiva y moral crítica. La moral positiva es el conjunto de hábitos y costumbres que tiene determinada sociedad: que haya ablación del clítoris en determinados países, que las mujeres no puedan votar ni vestir como ellas quieran, etc. Por tanto, según la definición de moral positiva, existen muchas morales. En cambio, la moral crítica se refiere a una moral tal que se pregunta si determinados actos son correctos, el porqué se hacen y si deberían seguirse practicando. También hay distintas morales críticas: la moral cristiana, la liberal, la republicana, etc., la diferencia es que estas están fundamentadas en tesis teológicas o filosóficas.

La filosofía moral es un campo bastante amplio, y se suele clasificar en tres niveles: ética normativa, ética práctica y metaética. La ética normativa se encarga de ofrecer y fundamentar normas morales, es decir, intenta responder a la pregunta ¿Cómo debo actuar? Por su parte, la ética práctica se refiere al estudio de casos prácticos, tales como la pena capital, la modificación genética, la venta de órganos, etc. Una vez que hay un caso, se intenta responder si es moralmente correcto o no condenar a muerte a un culpable de un crimen –esto en el caso de la pena capital-. Finalmente, la metaética es el estudio más abstracto y nos intenta ayudar a resolver la cuestión ¿qué hacemos cuando hacemos ética? ¿Estamos diciendo alguna verdad objetiva de la estructura del mundo? ¿Acaso sólo expresamos disgustos o emociones?

La mayoría de las personas –que ha cursado la educación obligatoria- tuvo clases de “cívica y ética”. También podemos decir que esa mayoría podría identificar la finalidad de esa materia con algo como “ahí te dicen que debes portarte bien” (llamaré a esto “expresión reduccionista”). No ahondaré en el meollo acerca del contenido de esa materia ni sobre la problemática que aborda la cuestión de si realmente los profesores están capacitados para enseñar una materia tan importante.

Considero que identificar el civismo y la ética con algo como “ahí te dicen que debes portarte bien” es reducirla tanto que quien declara tal cosa le llega a parecer un estudio trivial. Pienso que ahí radica un primer error, lo explico.

La ética no necesariamente te dirá que tienes que portarte bien –lo que sea que implique portarse bien-, te puede decir también que hay sufrimiento en el mundo, que hay emociones que te orillan a actuar de determinadas maneras, que existe la tortura y que a lo largo de la historia han ocurrido genocidios, guerras, opresiones a diversos grupos minoritarios o considerados débiles, etc. Además de estas descripciones históricas que puede ofrecer la ética, también puede darte descripciones acerca de ti: ¿Qué tan tolerante eres? ¿Actúas por deber o esperas alguna recompensa siempre? ¿Te importan sólo los miembros de tu familia o también personas desconocidas? ¿Actúas por “instinto” o eres capaz de reflexionar una vez que experimentas una emoción”? ¿Tienes la capacidad de tomar en cuenta a los otros en decisiones morales o no te interesan los demás?

Para hacer más interesante esto, diré que regularmente a los mexicanos les dan pereza las preguntas anteriores y no reconocen su importancia. De hecho, la conocida actitud “machista” puede reforzar tal premisa: actitudes como “pensar en el otro”, “reflexionar sobre el sufrimiento de alguien” e incluso el querer ser “bondadoso o altruista”, son características de un débil, de un “afeminado”, pero jamás lo serán de un “macho”, de un “hombre”.

Hasta ahora hemos visto que identificar la ética con la expresión reduccionista ignora tanto el ámbito histórico –y otros, como el económico, político, jurídico, etc.- como un ámbito personal. Ámbitos que, por cierto, de hoy nos quejamos tanto. Esta queja actual es, por fin, el porqué dije al inicio que necesitamos de la ética.

Hace unos días –de la semana del 4 al 9 de marzo-, Tláhuac fue –de nuevo- blanco de situaciones vergonzosas y violentas. Un primer hecho fue una “pelea campal” que ocurrió en la estación Tezonco de la línea dorada. En tal riña, intervino una policía, la cual resultó agredida. Un segundo hecho fue la golpiza que un grupo de personas les propinó a un hombre y a una mujer en plena Avenida Tláhuac. Un último hecho –este no ocurrió en Tláhuac- sucedió el miércoles 8 de marzo, donde una usuaria del Metro, en la estación Nativitas, sufrió un descalabro a causa de una piedra arrojada por alguien.

Con todos estos sucesos surgen una serie de comentarios que engloban intuiciones como: “¿Qué les ocurre a esos sujetos?”; “Esas acciones son incorrectas”; “Hacen falta más educación y seguridad”; etc. Sin duda simpatizo con esas intuiciones, pero, criticar  o preguntarnos qué sucede no es lo único que podemos pensar. De hecho, un comienzo nos lo ofrece una pregunta: ¿En qué estamos fallando? Y sí, mi sugerencia es: nos olvidamos de la ética. Y como recordatorio: no, no es falta que nos digan sólo “pórtate bien”, sino de ahondar en ámbitos históricos, políticos, jurídicos y también en el ámbito personal. Por mi parte, no dudo que los agresores están enfermos o algo padecen, actuar con tal nivel de cero empatía y desinterés no es propio del ser humano –aunque muchos crean que sí-. Dejaré para el siguiente escrito la explicación de esto último y el esbozo de sugerencia que mencioné al inicio.


Imagen: http://www.elpaiscanario.com/entre-las-sombras-hombre/

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