¿Y todavía piensan que la ética es una pérdida de tiempo? (II)

Por Miguel Téllez

En el escrito anterior hablé de al menos tres cosas: de la ética, de la “expresión reduccionista” y, finalmente, expuse acontecimientos más o menos recientes de violencia que se vivieron en lugares específicos. Al final de aquel escrito hice mención de que los agresores seguramente padecen algo, y quedé a deber mi sugerencia respecto a este panorama algo sombrío de lo que suele acontecer en la vida cotidiana, es decir, de la violencia.

Cuando mencioné que los participantes en los diversos acontecimientos ocurridos en Tláhuac y en la estación del metro Nativitas padecían algo, lo hice pensando en la ausencia de empatía. La empatía tiene mucho que ver con la ética. Su relación consiste en que, según algunos autores, a partir de capacidades como la empatía, es que es posible el altruismo o la solidaridad. Siguiendo a Baron Cohen, un psicólogo y psiquiatra que ha trabajado mucho tiempo la empatía, “La empatía es nuestra capacidad de identificar lo que otra persona piensa o siente y responder ante sus pensamientos y sentimientos con una emoción adecuada”. Según Cohen, la empatía tiene dos momentos: uno de reconocimiento y otro de respuesta. El reconocimiento es darse cuenta que algo le ocurre a una persona en específico, y entender qué es. Posteriormente, actuar con alguna emoción adecuada respecto a la persona en cuestión. Esto lo vivimos a diario. Cuando alguien nos cuenta una buena noticia que tiene importancia para quien nos la cuenta, regularmente el oyente responde con alegría. Cuando no se actúa con alegría, o al menos intentando responder algo razonable, el expositor de la noticia se sentirá ignorado o incomprendido. Sin embargo, este proceso suele ser muy espontáneo en nosotros: los jóvenes que han dejado de verse por algún tiempo actúan con alegría al reencontrarse, se abrazan y se dicen cuánto se han echado de menos.

Sin embargo, la empatía es una cuestión de grados. Hay personas más empáticas que otras. Cohen distingue siete niveles de empatía, pero no los mencionaré. Sin embargo, el nivel cero es justo cuando una persona no es capaz de reconocer nada en otra persona, y como consecuencia, ni de actuar pensando en el otro. Alguien con empatía grado cero es una persona cruel, en diversos casos.

Haciendo un recuento, el que los agresores hayan actuado con tanta violencia y sin tomar en cuenta el bienestar –o el simple hecho de que sus acciones causarán daño- de alguien más, sólo parece mostrarnos que no son empáticos, así que algo anda mal con ellos.

Ahora pasaré a esbozar mi sugerencia respecto al panorama sombrío de violencia. Entenderé violencia de manera muy restringida: de forma física y psicológica. Sé que existe la violencia económica, entre otras, pero por comodidad sólo pensaré en lo que regularmente se entiende cuando se menciona “violencia”: los daños físicos y psicológicos.

Considero que el entendernos como seres empáticos, entre otras cualidades, es vital para nuestra educación no sólo como integrantes de familia ni en la escuela, sino en sociedad. No quiere decir que un compromiso semántico con la terminología es la solución, en palabras de José Luis Velázquez, intento decir que un cambio semántico no encierra en sí mismo “un motivo para orientar nuestra conducta, sino porque no cabe comprometerse sinceramente con un principio sin que tenga consecuencias.”. Pienso que esto implica una intuición muy aceptada entre todos, y es el desprecio por la hipocresía y la mentira: si no vas a actuar conforme a lo que predicas, mejor no lo prediques. Sin embargo, parece que la empatía tiene mala prensa, y más en México, porque se suele vincular una especie de “debilidad” o “fragilidad” con el hecho de tomar en cuenta los sentimientos o pensamientos de alguien más frente a un actuar. Como lo sugerí en el escrito anterior: “De hecho, la conocida actitud “machista” puede reforzar tal premisa: actitudes como “pensar en el otro”, “reflexionar sobre el sufrimiento de alguien” e incluso el querer ser “bondadoso o altruista”, son características de un débil, de un “afeminado”, pero jamás lo serán de un “macho”, de un “hombre”.”

Así las cosas, una sugerencia es que sabernos empáticos no implica esa supuesta debilidad que viene de una concepción de “vida buena”. De hecho, esa sugerencia de “vida buena” –como el machismo, la cual marca los estándares de cómo debemos ser- sólo caería en una perspectiva perfeccionista: que nos dice cómo debemos vivir. Lo cual, en un país tan plural como México, no tiene sentido ni cabida. Finalmente, y tal vez lo que considero más profundo, hacerle mala prensa a nuestra condición empática es atentar contra nuestra propia constitución biológica: ser empático es algo que –para ponerlo en términos coloquiales, no literalmente-, llevamos en la sangre. Sin duda que las noticias que a diario se encargan de ofrecernos los medios de comunicación nos hacen dudar de un supuesto altruismo que sea posible entre humanos. Sin embargo, justo esa mala prensa es la que refuerza esa desconfianza entre nosotros, cuando las cosas no son tan desastrosas, todavía.

Una propuesta radical –para un país en desarrollo como lo es México-, sería aterrizar estas enseñanzas de la ética en todos los niveles de la educación. Donde no sólo sean los psicólogos –o egresados de la carrera de la psicología- los que se encarguen de esta materia, sino filósofos morales. La desconfianza en la filosofía está bien fundada por la misma mala prensa que nosotros estudiantes de filosofía hacemos de nuestro propio campo de estudio, y los ajenos a la filosofía jamás han sabido en qué consiste la filosofía –en ocasiones tampoco los estudiantes, pero este sesgo puede ser calmado sin caer en un escepticismo brutal-. Un compromiso con nuestra propia constitución, alejarnos de los prejuicios y entender que la ética –la filosofía moral- tiene mucho que aportar en la vida cotidiana, son las variables que sugiero. No son los ingredientes mágicos de una receta que arreglará todo, porque las instituciones tienen un papel muy grande en los asuntos sociales, sin embargo, en un plano entre ciudadanos, colegas de trabajo, compañeros de escuela, etc. Sí que puede ser un inicio prometedor.


Fuentes de Referencia:

[1] Cohen, Baron, Empatía cero. Nueva teoría de la crueldad, [Trad. de Emma Santoyo], Alianza, México, 2012, p.28.

[2] Velázquez, José Luis, Ensayos sobre bioética, Tracastela, Madrid, 2005, p.104.

[3]Téllez, Miguel, ¿Y todavía piensan que la ética es una pérdida de tiempo?, en http://jovenesconstruyendo.org/y-todavia-piensan-que-la-etica-es-una-perdida-de-tiempo/  Visitada el lunes 19 de marzo de 2018.


Imagen: http://meditacionypsicologia.com/page/13/

 

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.