¿Y si volvemos a empezar?

Por Uriel Carrillo Altamirano

¿Te has preguntado por qué no puedes iniciar nuevas cosas, proyectos, relaciones o trabajos? La respuesta, tal vez, es cerrar el ciclo. Atrévete a decir adiós a esa parte de tu pasado. Cierra la puerta, abre otra y continúa porque en este mundo nada se detiene.

Seguramente ha llegado un momento en el que te sientes frustrado, que no puedes hacer nuevas cosas porque no tienes ánimos, tienes miedo a fallar, a comenzar de nuevo y, por alguna razón, de cometer los mismos errores. Eso que sientes es temor, pero hacerle frente es lo mejor que puedes hacer.

Este texto no pretende ser, para nada, una guía espiritual para sanar tu alma. Tampoco un texto sagrado que te diga qué o no hacer. Más bien, y con toda la sinceridad, son algunas líneas que te ayudarán a entender que todo tiene un principio y un fin. Que nada dura para siempre, ni tú, ni yo.

A veces es difícil entender que las “cosas” tienen fecha de caducidad. Que en la vida hay etapas, algunas más largas que otras, otras muy intensas, dolorosas, efímeras o etéreas. Pero, ¿alguna vez te has preguntado qué tan común es que esto suceda? La respuesta es más fácil de lo que crees.

De hecho, todo en este planeta se rige por ciclos y patrones. Es decir, todo se repite, todo vuelve a comenzar y retoma su curso. Aunque esto no significa, precisamente, que sea lo mismo. Pueden existir similitudes, puntos parecidos entre las relaciones, las situaciones, las cosas, pero nunca será igual.

Piensa en el ciclo de la luna, cada cierto tiempo tenemos cuatro fases lunares. Aunque son cuatro etapas ya conocidas, ninguna se parece a las anteriores. Otro ejemplo es la vida del ser humano: nacer (crecer, reproducirse) y morir. Nadie está exento, pero la diferencia está en los puntos intermedios, aquellos en los que existe una variación que hace que no sea lo mismo.

En la naturaleza existen más ejemplos como el ciclo de Krebs o, si eres mujer, tu ciclo menstrual es precisamente el ejemplo clave: las primeras veces que ocurre no sabes qué hacer, no puedes saber si la próxima vez serán más fuertes los cólicos, si será en la fecha exacta o se atrasará, pero pasará tarde o temprano.

La sociedad tampoco está exenta. Aunque de manera más imprevista, estos ciclos están presentes en muchos fenómenos sociales. Por ejemplo, cuando terminas un grado escolar, muy seguramente, tienes que comenzar uno nuevo. O bien, los canales de televisión comienzan su transmisión a las 5 a.m. y la terminan a las 12 a.m., para luego volver a comenzar. En ese sentido, el reloj es el rey de los ciclos.

Todo vuelve a empezar. De una u otra manera; con más o menos elementos; mejor o peor. Así que, no tengas miedo, sé valiente y date cuenta que no eres el único que siempre debe comenzar de nuevo. El mundo cambia todo el tiempo, y tú con él. Durante todo ese proceso será comprensible que sientas triste, enojado, feliz o muy ansioso, pero es sólo una fase y pasará.

Tal vez no siempre estés preparado para saber qué debes hacer, que el futuro te sea incierto y muy poco claro, pero entre más te conozcas, pases tiempo contigo y reflexiones sobre quién eres y a dónde quieres llegar, más sencillo te será el presente. Cuando sientas que no puedes avanzar, que estás estancado o tienes miedo recuerda que sólo es una etapa. Que debes cerrar una fase para comenzar la otra.

Si has terminado una relación (de cualquier tipo) y había durado mucho tiempo, por ejemplo, tal vez sea el momento de reconsiderar quién eres. Darte un tiempo y repensar tu vida. Eso puede darte claridad sobre tu relación con la otra persona. Cerrarás el ciclo, pero eso no significa que no se pueda volver a abrir.

Quizá la parte más difícil de todo esto sea darse cuenta que es el fin del principio, que necesitas decir adiós a una parte muy importante. Esa es una oportunidad para comenzar de nuevo, intentar cosas nuevas. Cierra la puerta, abre otra y date cuenta que todo siempre está en constante cambio.

No pasa nada si te equivocas, casi siempre puedes volver a empezar. Recuerda que eres parte de un todo, que convives con muchas personas y seres vivos que están en procesos parecidos, que nadie se ha levantado sin antes caerse, que los ciclos van y vienen en todo momento: unos se cierran, otros se abren.

Al final del día, cuando seas capaz de comunicarte contigo, podrás conocer un poco más de ti. Tendrás la oportunidad de ayudarte en los malos y buenos momentos. Incluso podrás ayudar a los demás, ser parte de su ciclo, tú de el de ellos. No te resistas a los inicios, al cambio y a los finales, pueden ser lo mejor para ti. Sólo recuerda que lo más importante de los ciclos son los puntos intermedios porque, al final de cuenta, todos nacimos para morir.


Imagen: http://www.centro-psicologia.com/blog-psicologo-bilbao/promover-la-salud-mental-en-el-dia-a-dia/

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