¿Y si el problema es que estás teniendo una crisis de identidad?

Por Fernando López Armenta

La crisis de identidad. Eso que tuviste en 2005 cuando entraste a la secundaria y desde lo más profundo de tu corazón una voz te dijo que era tiempo de dar un paso trascendental en tu vida: volverte emo. Apresuraste tus pubertos pasos hacia el cyber más cercano y descargaste la discografía completa de Blink-182 y My Chemical Romance para llevarla contigo siempre en tu reproductor mp3 (que era de color negro, como tu alma). Las continuas discusiones con tus padres sobre tus perforaciones y las incuantificables sumas de dinero invertido en delineador negro nunca fueron un obstáculo para que hicieras realidad tu sueño emo, una larga y bien alaciada cabellera cubría tu sombrío rostro y no había frase triste en el mundo que no hubiera sido publicada ya en tu perfil de hi5. La cosa iba muy bien. Habías luchado contra viento y marea para expresar tu verdadera identidad, incluso habías organizado una tanda con tus primos para poder comprar los boletos del concierto de Avril Lavigne.

El pegamento del poster de Kudai que habías pegado en tu habitación seguía fresco cuando de pronto empezaste a notar que ya no te gustaba tanto la imagen que el espejo te devolvía cuando posabas frente a él, de un momento a otro los pantalones ultra-hiper skinny  ya no eran tan cómodos y tus Vans de cuadritos ya habían dado todo lo que tenían para dar. El universo te estaba enviando un mensaje importante: era tiempo de un cambio. Tu familia se alegró de volver a ver tus dos ojos al mismo tiempo y los adultos se alegraron al ver que tu “crisis de identidad” por fin había terminado. Lo que estos inocentes no sabían era que tus crisis de identidad apenas estaban por comenzar, ya que este tipo de crisis pueden presentarse más de una vez durante toda la vida, ya sabes, como ese primo de tu amigo que después de ser otaku se convirtió al budismo, 2 años más tarde ya era ovo-vegetariano, hábito que abandonó cuando empezó a hacer crossfit y quien ahora mismo debe estar en su clase diaria de salsa cubana.

Como puede observarse en estos ilustrativos ejemplos, la identidad es un constructo teórico complejo que hace referencia a un fenómeno dinámico que puede ser observado tanto a nivel individual como a nivel colectivo. La identidad fue profundamente estudiada por el psicoanalista estadounidense Erik Erikson, quien afirmaba que la identidad (en reducidas palabras) es la forma en la que una persona se define a sí misma, tomando en cuenta sus valores personales, sus creencias y su personalidad. Este constructo también está determinado por los diferentes roles que desempeña una persona, por la historia individual, las experiencias del pasado, la percepción del futuro y los intereses personales.

Algunos de estos elementos pueden cambiar a lo largo de la vida, por ejemplo, una persona puede cambiar de trabajo o iniciar una familia. Como se puede imaginar, estos eventos son significativos y tienen el potencial suficiente para modificar la forma en la que el sujeto se percibe a sí mismo y a su entorno inmediato.

La adolescencia es la primera etapa del desarrollo en la que los individuos pueden llegar a presentar este tipo eventos. Debido a la tormenta hormonal propia de esta edad, los cambios físicos rápidos y las alteraciones transitorias de la actividad neuronal, el atravesar por una crisis de identidad resulta inevitable. Pero ahí no termina la cosa. Si tienes un poco de suerte, es muy probable que durante la vida adulta experimentes más crisis de identidad, especialmente después de algún evento sumamente relevante (término de una relación de pareja, la muerte de alguna persona significativa, el atravesar por problemas de salud serio, etc.). Pero Dios es perverso. Las crisis de identidad también pueden ocurrir sin estar asociadas a algún evento específico, pueden brotar de la nada, como margaritas.

También es importante mencionar que las crisis de identidad pueden expresarse de forma distinta en cada persona. Se tiene la idea general de que este tipo de sucesos pueden ser identificados por la presencia de síntomas depresivos, preocupaciones constantes, aislamiento y cosas así bien tristes que también son acompañadas por preguntas filosóficas-existenciales, tipo ¿quién soy? ¿Cuál es mi propósito en esta vida? ¿Cuál es la razón de la existencia? ¿Qué va a pasar en la última temporada de Game of Thrones?… O sea sí, pero no. Las crisis de identidad pueden incluso escapar a la consciencia de algunas personas, de hecho, es posible que ahora mismo estés teniendo una sin darte cuenta. Se puede dar el caso también de que este tipo de crisis se expresen de una forma completamente opuesta, como tu tío, que cuando cumplió 50 años decidió que era una buena etapa para comprarse una motocicleta, teñirse el cabello con Miss Clairol del 42 y hacerse un tatuaje de espinas alrededor del brazo (based on a true story). Lo sorprendente de estos casos es que muchas veces estas personas no tienen presente el hecho de que atraviesan por una crisis, lo cual puede dificultar la resolución de la misma y obstaculizar su progreso hacia una etapa más estable.

¿Qué se recomienda hacer en estos casos? La respuesta solo puede ser hallada en tu corazón (dijo nadie en la vida). Las crisis, de cualquier tipo, deben ser entendidas como oportunidades de crecimiento, situaciones críticas que nos ponen a prueba y que de alguna forma nos orillan a utilizar recursos que no se habían utilizado antes, las crisis de identidad son una oportunidad única de renovación y evolución, un paso más en el interminable proceso de desarrollo de cada persona. Lo mejor que se puede hacer es una crisis de identidad es enfrentar los cambios con una actitud de apertura, atrévete a probar cosas nuevas, explora el exterior y también tu interior, conócete más y quédate con aquello que te permita expandir tus horizontes. Así las cosas. Tal vez todas las personas deberían pasar por una crisis de identidad al menos un par de veces, quizás las crisis de identidad son un mito urbano, como el chupacabras, o quizás estamos destinados a vivir en esta crisis perpetua de identidad llamada “vida”.


Imagen: http://womenslifestyle.com/tag/risky-behavior-and-depression/

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