¿Y nuestro futuro?

Por Brandon Ramírez

Es un tema recurrente que el sistema de pensiones en buena parte del mundo está siendo rebasado y apunta a seguir en esa línea en los años venideros. La solidaridad entre generaciones se vuelve difícil en sociedades en que las pirámides poblacionales se invierten, a la par que los esquemas de bienestar que en occidente se tomaron para posicionarse frente al proyecto económico ruso durante la guerra fría se han abandonado por nociones más individuales, aún más en contextos como el nuestro en que la recaudación de impuestos es un problema, y tanto la derecha como la izquierda tienen como bandera reducirlos lo más posible.

Puede que cuando más jóvenes somos menos pensamos tan a largo plazo. En especial los tiempos que corren, acelerados, condicionados por la inmediatez, velocidad máxima en todo, satisfacción instantánea, parece difícil que alguien se siente, en sus veintes a planear sobre su retiro. Los cambios en el mercado laboral con mayor número de outsourcing, freelance, bajo emprendimiento, hacen que algo que obviaba en los trabajos en décadas previas, como las jubilaciones, parecen complicadas sin la participación voluntaria desde los primeros años de trabajo por parte de quien aspire a ello.

También es cierto que, en un país con tanta pobreza como el nuestro, este tema, como muchísimos otros que deberían corregirse, parecen pasar a un segundo plano bajo la premisa de que no puede haber ahorro si ni siquiera se tiene acceso a la canasta básica, condiciones mínimas de vida y seguridad en sus distintas vertientes. Parece ilógico pedirle a una persona que vive al día que ahorre para el futuro, sin tener garantizada la comida para el día siguiente.

Todo esto son síntomas de problemas más profundos, como la pobreza misma, la corrupción e impunidad que inhibe la construcción de obras públicas que equilibren la balanza de la desigualdad; la aparente falta de discusión desde los partidos políticos para políticas tributarias proporcionales al ingreso, siendo buena parte de la propia izquierda, que en el mundo tradicionalmente toma dicha bandera, quien más radicalmente se opone a los impuestos, que en el papel parecen cosas superfluas para los problemas actuales y futuros de cualquier persona, son en el fondo las partes más importantes y sintomáticas de nuestra situación.

Evidentemente no hay soluciones mágicas, ninguna reforma, por ejemplo, será la panacea, aunque hace unos años se puso una carga de este tipo a las reformas estructurales, que ahora poco se nombran en los discursos. Se señala con facilidad a los partidos y los políticos como buena parte de la causa de los problemas del país, pero, aunque no existieran la corrupción, que en un nivel más bajo se vive en las oficinas de la administración pública federal y local, en las calles dentro de los automóviles, etcétera, probablemente seguiría ahí.

La corrupción no es sólo propia de nuestro país, claro está, pero a diferencia de muchos otros lugares, aquí rara vez tiene consecuencias negativas para quien la utiliza como forma de vida. Que se siga avanzando institucionalmente en combatirla, y que sea una tarea primordial para el próximo gobierno, encabezada por quien sea, sería una buena señal, y si bien no resolverá los problemas que se han enunciado, ni los muchos más que existen, de forma directa, sí puede incidir positivamente en la dinámica de nuestra vida pública a largo plazo.

Involucrarse en la medida de lo posible, ya sea participando en una organización como esta, con los vecinos, o bien procurando que los niños que nos rodean tengan una mejor base de la que tuvimos, nunca está de más. En el tema con que inicie, el de las pensiones, parece que es indispensable que ser conscientes del problema que puede ser para nosotros mismos en varias décadas, es necesario, así como comenzar a planear en torno al mismo. Antes las personas tenían un número de hijos que podía fácilmente rozar o alcanzar los dos dígitos, que podían repartirse la manutención de los padres en los años de retiro o imposibilidad de trabajar, si bien es cierto que la vida era más corta. Hoy eso suena imposible e impráctico, el tema mismo del número de habitantes en nuestro planeta es de considerar.

En fin, aunque parezca que hablar de tópicos como la corrupción e impunidad, que pueden parecer irrelevantes para nuestro día a día, no tiene nada que ver, en el fondo es lo que más determina nuestro devenir en países como el nuestro, en que alcanzan el nivel escandaloso con el que convivimos. Los asuntos públicos no por ocurrir fuera de nuestros techos no nos condicionan, y el desinterés en la política y quienes nos gobiernan, bajo la idea pesimista de que no sirve de nada elegir y que todos son iguales, poco ayuda a que mejoremos. Y nunca está de más insistir, más cuando el próximo año renovamos los poderes federales legislativo y ejecutivo.


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