¿Y después de la universidad qué?

Por Alejandro Pocoroba

 

La universidad representa un mundo para todo aquel que quiera obtener un título de educación superior. Asimismo, proporciona diferentes saberes no solo en el terreno educativo sino ideológico, político, económico y cotidiano; es decir, la universidad cuenta con diferentes submundos, cada uno dota de sentido su propia vida. Para algunos la universidad se manifiesta como el punto de partida para acceder a un mejor empleo, para otros una justificación social y para otros tanto un núcleo social central para conocer y fortalecer lazos de amistad.

El ser estudiante proporciona una identidad y un prestigio ante la sociedad, pero no para todo el gremio estudiantil es igual. A pesar de que las universidades aceptan a todo aquel que busque ingresar -después de una serie de exámenes de admisión- el factor económico es determinante. Para aquellos que se encuentren en una posición económica estable representará más accesible, mientras para los que no cuenten con los recursos suficientes implicará sacrificios. Sin embargo, independientemente de cuál sea la procedencia social del estudiante, éste tendrá que realizar sacrificios; el desvelarse, el no asistir a ciertas reuniones sociales, no poder estudiar y trabajar, el desprenderse de los amigos del pasado, etc., a pesar de que sean -los mencionados- sacrificios de micro-interacción, también existen los sacrificios a gran escala: dejar la universidad por alguna situación de salud, tener que partir del lugar de nacimiento, etc.

La universidad da sentido a la vida, el colocarse como estudiante induce un montón de cosas que son constitutivas de la situación escolar (Bourdieu, 2008), pero es la misma institución quien quita el ser estudiante al momento de egresar; se tiene que dejar de lado el oficio del estudiante para ser un profesionista, el cual se encuentra “capacitado” para ingresar al mercado laboral, o pertenecerá al ejercito de reserva (desempleados).

Actualmente, el mercado de trabajo para los egresados es incierto ya que no por haber estudiado se traduce en encontrar un empleo y menos cuando a mayor grado educación más costoso es para el mercado. Es decir, la persona que estudió el posgrado no percibirá diferente sueldo al de pregrado. Además, las prestaciones actuales de los empleos son desfavorables y precarias; ya sean que son en un ambiente de ausencia de prestaciones de ley o, por el contrario, prestaciones de ley a un costo de jornada laboral extenso y mal remunerado.

Los conocimientos otorgados durante la universidad son casi obsoletos ante la búsqueda de un trabajo; asimismo, la incertidumbre de los contratos mensuales o trimestrales no proporciona una estabilidad para el empleado trayendo consigo problemas económicos y de salud. Las generaciones pasadas podían aspirar a una jubilación y a una vida relativamente ostentosa para el caso de haber salido de la educación superior, sin embargo, hoy en día no es así porque las diferentes formas de contratación han suprimido y ahorrado costos para que exista la ausencia de prestaciones.

El egresado ante su desempleo cómo puede justificarse cuando tras 4 o 5 años -promedio en lo que dura una carrera- de estudio no puede desempeñarse dentro de su área de conocimiento. Los empleos de las “áreas profesionales” (por ejemplo, ser médico y trabajar en un hospital), se encuentran demandados y con una gran lista en espera, la cual funciona como mecanismo de control y de opresión subjetiva para el empleado, de esta manera justifican la explotación con frases triviales en la cotidianidad.

Por otro lado, se encuentran los profesionistas emprendedores que -a grandes rasgos- cuentan con una idea innovadora; crean un autoempleo colectivo y ponen en marcha el proyecto. El financiamiento puede ser con recursos propios o de alguna institución privada o pública. Pero, al ser emprendedor se reproduce la precariedad laboral y en muchos de los casos los emprendimientos no generan un costo de ganancia, sino de sobrevivencia.

El acceder al mercado laboral puede ser relativamente fácil para ciertos actores, principalmente para aquellos que cuentan con un capital social abundante del cual pueden usar para conseguir un trabajo, como también para los jóvenes que estudien las “carreras generacionales; el abuelo estudió contador, el padre también y el hijo hará lo mismo; los conocimientos se proporcionan independientemente de acudir a la universidad. Estas personas ya cuentan con la llave maestra para acceder al mercado laboral.

No obstante, hay diferentes maneras de incorporarse al mercado laboral y poder generar un ingreso. Existen diversas empresas de outsourcing que proporcionan una alternativa para aquellos que buscan un sustento “momentáneo” o que busquen adaptarse al campo laboral sin tener relación al área de profesión. Asimismo, trabajar en la informalidad puede tener ventajas y desventajas.

Y después de la universidad qué sería conseguir un empleo para poder ganar dinero y con ello acceder al mundo del adulto; “tener dinero es muy importante para afirmarse ante los colegas, ante las chicas, es decir, para ser reconocido y reconocerse como un hombre” (Bourdieu, 2008; 146), sin importar las condiciones desfavorables en las que se encuentre el trabajo, mientras los trabajos “momentáneos” se hacen presente se ausentan los trabajos de profesionistas. Los sistemas de educación actuales se han encargado de enseñar a competir a los estudiantes, sin tener en cuenta la distribución desigual de los diversos capitales (económico, político, social, cultura, simbólico, etc.) de esta manera se verá al otro como un enemigo, sin embargo, no se trata de competir el uno contra el otro, sino de crear redes de intercambio donde ambas partes sean beneficiadas.

 


 

 

Bibliografía:

Bourdieu, P. (2008) “La juventud sólo es un palabra” en Cuestiones de Sociología. Ed. Akal / Istom / Básica de Bolsillo. Madrid, España.

Poy, L. (2015) “Laboran sin salario 1.3 millones de mexicanos entre 15 y 24 años” en La Jornada. Domingo 9/Agosto/2015. Disponible en http://www.jornada.unam.mx/2015/08/09/sociedad/030n1soc (Consultado el día: 28/08/2015)

 

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