¿Y ahora qué?

Por Alicia García

Desde que somos pequeños nos preguntamos constantemente acerca de nuestro futuro: ¿qué pasará cuando crezca? ¿cómo seré? ¿en quién me convertiré de grande?. Hay muchas dudas y pocas respuestas, pero conforme vamos creciendo nos vamos dando cuenta que las respuestas aumentan pero también lo hacen las dudas. Pasamos de pensar en corto plazo a pensar cosas como nuestra futura educación, nuestros planes a largo plazo o nuestra futura profesión.

El viaje comienza desde mucho antes pero es más claro cuando entramos a la secundaria pues es el momento en el que muchos de nosotros comenzamos a preguntarnos cómo será nuestra vida cuando pasemos a la prepa. Cuando llegamos a la preparatoria nos preguntamos cuál de todas las áreas debemos elegir, pues tenemos una decisión aún más importante que considerar para la universidad, ¿qué carrera vamos a elegir? Así es como desde que somos pequeños estamos enfrentados a tomar decisiones que formarán nuestro futuro.

Pero de todas las decisiones que tomamos, una de las más difíciles es una vez que terminamos la universidad para preguntarnos ¿y ahora qué?. El proceso de estudiar es más sencillo pues la misma monotonía del sistema educativo nos lleva por el camino, en realidad no debemos tomar grandes decisiones hasta que llegamos a la universidad, pero sobre todo, cuando la finalizamos. Es en este momento cuando el sistema educativo que nos acogió durante casi toda nuestra vida nos dice que estamos listos para enfrentarnos profesionalmente al mundo, que tenemos las herramientas necesarias para triunfar y que de aquí en adelante es trabajo sólo de nosotros. Pero, ¿eso es verdad?

Para muchos jóvenes esto es verdad, pero para mucho otros no lo es tanto. Lo primero a considerar es que salir de la universidad ya es todo un acontecimiento, tomando en cuenta que muchos de los jóvenes mexicanos ni siquiera tienen acceso a la educación superior. Una vez que aproximadamente 467,079 jóvenes (según estadísticas de los Comités Interinstitucionales para la Evaluación de la Educación Superior, CIEES, para el ciclo escolar 2014-2015) egresaron de su licenciatura se enfrentan cara a cara con el mundo “real” en donde sin más opción se tienen que insertar tarde o temprano.

Y el verdadero conflicto comienza aquí. ¿Y ahora qué? Se escucha nuevamente entre los miles de jóvenes. La respuesta obvia es empezar a trabajar, la no tan obvia es preguntarse dónde, cuándo y cómo; preguntas que a mi parecer no nos enseñan a resolver en las escuelas. Muchos recién egresados deciden irse por el camino del autoempleo, jóvenes emprendedores que gestionan su propio trabajo para ir a su ritmo; otros buscan insertarse en las empresas o instituciones ya existentes; y otros más se quedan esperando oportunidades que no saben cómo atrapar. Y si a eso le agregamos que las oportunidades no vienen por montón, se vuelve cada vez más difícil conseguirlas. En este punto vale la pena reflexionar qué es lo que genera tanta pasividad en los recién egresados, ¿somos nosotros? ¿son ellos? ¿es el sistema? ¿es el mundo laboral? ¿es México?

Creo que es totalmente cierto que al salir de la universidad esperamos encontrar el empleo perfecto, donde nos paguen lo que creemos merecer por nuestro esfuerzo y trabajo, donde no trabajemos poco pero tampoco mucho, donde no tengamos que madrugar ni transportarnos grandes distancias para llegar a nuestro trabajo. ¡ALERTA DE SPOILER! Ese empleo, no existe. Pero no te desanimes, la otra cara de la moneda también es la culpable de ello. Si los jóvenes aportamos nuestro granito de arena para no saber qué hacer o cómo hacer algo después de terminar nuestros estudios, el sistema y el mundo laboral mexicano también ponen de su parte.

Vivimos en un país donde te piden tantos años de experiencia para ocupar un puesto, pero nadie te la quiere dar. En un país donde tus aspiraciones de recién egresado no deben ir más allá de los 5 mil pesos mensuales. En un país donde es cada vez más difícil posicionarte en alguna institución de gobierno a menos que tengas “palancas” que te catapulten a un puesto. En un país donde ser recomendado vale más que un buen currículum. Este es el México en el que vivimos. Sin embargo, no todas son malas noticias. La vida necesita un equilibrio para que las cosas sigan girando y ésta no es la excepción.

La mejor parte aun está por venir. Sí, es cierto que al salir no encontrarás (o tal vez sí, pero en los menos de los casos) el empleo de tus sueños o el que te crees merecer, pero cualquier empleo que puedas tomar para iniciar es bueno pues ya estás sumando unas cuantas referencias más a tu currículum. Sí, también es cierto que puedes encontrar un trabajo donde no te paguen los miles de pesos que te gustaría ganar, pero para iniciar tu larga vida laboral esos pesos que nadie te los está regalando se sienten y se valoran como ningunos otros. Sí, además el campo laboral en el que a ti te gustaría trabajar no existe en México o esta muy poco desarrollado, pero la buena noticia es que es ahí donde entra toda la creatividad contenida en tus años anteriores de estudio, es ahora cuando puedes gestionar, crear, promover, crear, reinventar o modificar lo que crees que falta o no funciona y poco a poco ir abriéndote camino en este mercado (y en este país) donde hay cabida para todos.

No me queda más que despedirme y recordarte que el camino no será fácil pero nadie dijo que no fuera bello. Hay muchas cosas que deben cambiar en México, pero si no comenzamos nosotros a girar esta enorme y pesada rueda del cambio, ¿quién lo va a hacer? Está en nuestras manos esta tarea tan inmensa, importante y enriquecedora, comenzar a generar el cambio y que las preguntas sobre qué haremos ahora que salimos de la universidad, germinen y se conviertan en planes y proyectos que te hagan crecer y que además nos ayudes a crecer a todos nosotros contigo.


Imagen: http://www.sandiegored.com/noticias/66071/En-Mexico-2-de-cada-5-universitarios-recien-egresados-no-encuentran-empleo/

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