Voto de odio, irrazonabilidad y el todo y la parte

Por Miguel Téllez

Hablaré de tres asuntos, los cuales están explícitos en el título de este escrito. Las elecciones, tanto presidenciales como para otros cargos políticos –tales como designación de alcaldes y nuevos representantes en el Congreso de la Unión-, están muy próximas. De hecho, ya ocurrió el primer debate presidencial, así como el segundo debate para la jefatura de gobierno de la CDMX. Ahora bien, como lo veo, considero que los tres factores del título tienen una gran influencia a la hora de votar, así como a la hora de debatir con alguien acerca de nuestro voto. Mi conclusión será la siguiente: si al momento de decidirse por un candidato hay voto de odio o no somos francos respecto al asunto del todo y la parte, entonces nuestro voto está viciado. ¿Qué se sigue de que el voto esté viciado? Eso lo responderé en la última parte.

Las elecciones están próximas. Lo sabemos: en la tv, radio, e incluso por redes sociales, vemos y escuchamos los spots publicitarios de los candidatos de distintos partidos políticos. Como mencioné al inicio, de hecho ya han comenzado los debates entre candidatos. Sin duda que los debates son parte importante de la democracia, sin embargo, hay que entender –y decirles a los estrategas políticos de los candidatos, y a los candidatos mismos- que aunque las descalificaciones y críticas entre candidatos son esperadas y tal vez inevitables -¿pasará en México que un día en un debate político se discutan tesis sustantivas en lugar de estar descalificando?-, un ciudadano imparcial –e ideal, podríamos decir-, espera escuchar propuestas, pero no propuestas generales y prácticamente utópicas, sino concretas, delineando un plan de trabajo, expresando los parámetros con que se evaluarán los programas sociales, etc.

Antes de pasar al meollo del asunto, cabe llamar la atención de intentar escuchar los debates. Por mi parte, he visto los debates respecto a jefatura para la CDMX, así como el presidencial. Tuve oportunidad de escuchar un debate entre candidatos para la diputación del distrito XXXI de la CDMX. En este último, escuché también las críticas de dos analistas, aunque destaco la participación de David Santiago respecto a aquel debate. Algo certero que señaló David Santiago en aquella mesa post debate, fue que los candidatos exponían propuestas como si fueran alcaldes, cuando en realidad sus funciones se limitan a otras cosas. Esto puede sonar trivial, sin embargo, ¿cuántos de nosotros realmente conocemos qué funciones, y cuáles no, pueden desempeñar nuestros representantes según su cargo? Una ayuda a este tema lo ofrecen las infografías que aquí en Ollin se publican vía Facebook.

A manera de simple comentario, el debate que más me ha gustado fue el segundo para jefatura de la CDMX. Es cierto que las descalificaciones hicieron su aparición, sin embargo, la segunda mitad del debate estuvo llena de propuestas, y aunque no es nada irrazonable pensar que algunas propuestas de ciertos candidatos son más con fines de “mercadotecnia”, es decir, algún programa “perfecto” que algún consumidor incauto piense comprarlo, es bueno conocer quién más o menos parece conocer del tema, tiene experiencia y sus promesas no están alejadas de programas sociales hoy día palpables.

El peor debate que he visto sin duda ha sido el de la diputación para el distrito XXXI de la CDMX: los candidatos se la pasaron leyendo durante todo el evento. Las propuestas coincidían –esto no tiene nada de malo- pero en ningún momento se habló del proceso o qué estrategias usarían para conseguir lo cometido –de nuevo, era más como hablar del programa social “perfecto” y ya-.

Luego de este gran rodeo, paso al meollo de este escrito. Como en distintos escritos he defendido, entre ciudadanos también deberíamos hablar de los candidatos, sus propuestas, etc. Debemos dejar a un lado esa idea del siglo pasado que reza como “de política no se habla”. Sin embargo, en ocasiones no parece haber ni siquiera las pautas mínimas de un consenso. Esto es lo que, considero, la idea del “de política no se habla” hace que sea creída y practicada. Esa ausencia de pautas mínimas para un consenso, deliberación, etc., es lo que caracterizaré como “irrazonabilidad”. Ser razonable implica saber escuchar las razones del otro, intentar comprenderlas lo más que se pueda, y no descalificarlas a priori. Si alguien no escucha, comprende, descalifica, entonces es un irrazonable. Un ejemplo –que pondré de mi propia experiencia-, es aquel que le ocurre a los defensores de algún candidato –peor aún, defensores de un partido-, y ante la mínima cuestión que uno realice, automáticamente se convierte en un “esbirro de la mafia” o algún predicado de esos. De hecho, digo que esto lo he vivido porque diversos contactos de mi fb que son abiertamente morenistas, parecen ignorar las críticas –tanto sustantivas, procesales, e incluso de la realpolitik– que uno comparte ya sea contra algún candidato en particular, ya sea respecto a decisiones –y la manera procesal de tales decisiones- de la realpolitik de tal partido. Si todos fuésemos irrazonables, simplemente no llegamos a ningún lado. Como también he dicho en otros escritos, la vida no se nos va en nuestras creencias, aquel ciudadano imparcial que mencioné, justo tiene la virtud de saber equilibrar sus intereses –que pueden estar contaminados por creencias falsas o irrazonables- con críticas que tienen todo el sentido posible, así sean contra aquellos intereses particulares mismos del agente. No hay duda que nuestros candidatos –algunos- nos la ponen difícil –quienes intentamos seguir al ciudadano imparcial- porque no se atreven a defender ni postular sus convicciones en principios simples: sí a la legalización de la mariguana, del aborto en todo el país, que el gobierno interfiera de manera directa en asuntos económicos –de manera clara-, que haya redistribución de la riqueza –o que no haya-, etc. Y nos la ponen difícil porque –al menos para alguien sensato- es complicado defender –o no he escuchado cómo va esa maniobra intelectual- que algún partido que presuma ser de izquierda, tenga una alianza con uno que es de “ultra-derecha”.

Por el momento, dejaré zanjado aquí uno de los tres puntos que quiero señalar. En el siguiente escrito desarrollaré los siguientes dos. Por ahora, cabe preguntarnos si nosotros realmente somos razonables, o si a la primera crítica que escuchamos realizada a nuestro “ídolo”, caemos al abismo de la irrazonabilidad.


Imagen: https://www.enteratecuba.com/discusiones-redes-sociales-personas/

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