Voto de odio, irrazonabilidad y el todo y la parte (III)

Por Miguel Téllez

En los dos escritos anteriores expliqué qué quiere decir el voto de odio, ser irrazonable, y cuál es la importancia de pensar el todo y la parte en cuestiones políticas –especialmente en el ámbito de partidos políticos. Aquí, responderé a la pregunta que dejé planteada en el escrito r, cuestionaré si los tres temas que expuse –como especie de condiciones para que se dé un voto informado- son demasiado exigentes o si se trata de criterios razonables.

Las elecciones ya tuvieron lugar. Hay cosas sustantivas por las que debemos estar satisfechos: participó gran parte de la población –son las elecciones con mayor intervención por parte de los ciudadanos mexicanos- y la paridad se está alcanzado. Este último tópico, el de la paridad, no es tan comentado –incluso hoy día todavía se discute a favor o en contra de López Obrador, surgen memes por su visita a EPN y demás cosas que (como lo veo) son triviales-, y realmente se trata de un tópico importante en la política sustantiva. Como simple anécdota –y para cerrar este rodeo-, me dio gusto ver que en el sitio donde fui a votar las urnas estaban a reventar de boletas, la atención y orientación por parte de funcionarios de casilla fue buena, y en general todo se llevó a cabo con la debida conducta. Hasta aquí mi rodeo.

¿Cuál es el peligro que se corre al no tener en cuenta factores como el voto de odio, irrazonabilidad y el todo y la parte? Esta es la pregunta que dejé planteada en el escrito anterior. La respuesta la esbocé en el primero de estos textos: nuestro voto estará viciado. ¿Y esto qué significa? Haré una analogía con algunos ejemplos para referirme al voto informado, y de esta manera expresar qué implicaciones tiene un “voto viciado”, y qué quiere decir esta expresión.

Cuando vamos a entregar una tarea, regularmente se nos pide que sea propia –no plagiar, no copiarle al compañero- y que le dediquemos el tiempo necesario. Sabemos, aunque nos dé flojera, nos dé igual, no nos interesa, etc., que estos requisitos son “objetivos”, es decir, regularmente todos coincidimos en que hacer una tarea original, con tiempo, bien preparada, es lo mejor –insisto, independientemente de que nosotros estemos dispuestos. Quien no realiza una tarea con aquellos requisitos, sabe –o le hacen saber- que su trabajo es erróneo, tiene defectos. Podríamos decir, para irnos familiarizando con lo que pretendo decir, que es una “tarea viciada” –por nuestra flojera, falta de interés, etc. Paso a otro ejemplo.

Cuando practicamos algún deporte, sabemos que hay condiciones que debemos cumplir: entrenar, fair play, respetar al equipo contrario, ser disciplinado, etc. Incluso cuando apreciamos tal deporte que nos guste –y no estamos impregnados de fanatismo-, sabemos cuando el rival ejecuta una jugada virtuosa, su juego es impecable, etc. Si practicamos el deporte, sabemos que hay determinados requisitos “objetivos”, que ya enunciamos, para desempeñarnos lo mejor posible. Si observamos el deporte, nos damos cuanto si en el partido se dieron esos requisitos “objetivos”, o si alguien durante el partido los ignoró –agredió al rival, por ejemplo. Quien no cumpla con los requisitos, “ensucia” su propia conducta, el partido y puede afectar al equipo. Podríamos decir que lejos de ser un virtuoso, su práctica está viciada –por la agresividad, poca colaboración en equipo, etc.

Que el voto esté viciado quiere decir que la práctica de votar está permeada por asuntos que afectan su desarrollo óptimo. Esto puede representar un problema, porque parece que suponemos que la práctica del voto es de una manera y no de otra, pero, ¿quién establece qué manera es la correcta? Sin embargo, dado el desarrollo de la política mexicana, esta pregunta no tiene que representar problemas: nuestras instituciones incentivan los debates, el intercambio de ideas, y el público en general ve en estas prácticas algo “bueno”. Siendo las cosas así, parece que abrazamos una democracia deliberativa: tenemos que escuchar razones, deliberar y elegir. Si fuese una democracia de mercado, sólo tendríamos que elegir paquetes que nos venden los partidos, y comprar el que más nos guste –sin necesidad de debatir.

Que abracemos una democracia de tipo deliberativo, supone algunas cosas. Como lo veo, esas cosas son las que he explicado en estos escritos: tener cuidado con la influencia de emociones –voto de odio-, evitar la irrazonabilidad y atender el todo y la parte. En las tres cuestiones he dado una caracterización que si bien puede parecer corta, pienso que es adecuada: ninguna dice que se trata de valores absolutos, algunas nos muestran casos paradigmáticos que pueden guiar nuestra conducta frente a casos más difusos.

Si estaremos hablando del “voto informado”, hay que entender qué supone y, de nuevo, al menos supone –tal vez no de manera exhaustiva- las tres cuestiones que he abordado. No veo buenas razones por las que uno deba ser necio frente a los asuntos políticos: si a caso estamos defendiendo una causa que consideramos correcta, nuestros argumentos tendrán que soportar el ataque de los necios. Esto no quiere decir algo simplón que se reduzca a una frase como “una buena causa siempre estará a flote”, porque independiente de cuál sea esa causa, los detractores suelen tener argumentos muy buenos. Sin embargo, eso no nos debe desalentar en la práctica del debate, ya que en cualquier cosa, una posición razonable sí que puede resistir ataques de los irrazonables. Hay que entender que “bueno” no equivale a “razonable”.

Ahora bien, ¿esos criterios implican demasiada exigencia a los votantes? Como lo veo, no. Considero que las prácticas humanas requieren de algunos esfuerzos, y unos son más agotadores que otros: no es lo mismo ser un santo que una persona frugal, o un héroe que un ciudadano razonable. La práctica del voto y deliberar no requieren demasiado esfuerzo: enfrentarnos a nosotros mismos –si a caso somos fanáticos de un candidato-, sería el reto; saber escuchar –en caso de que sólo escuchemos nuestra voz-, también lo sería; y analizar, por si nos gusta el camino fácil, es otro reto. Pero ninguno representa una cosa impracticable.


Imagen: https://fraseomania.blogspot.com/2017/09/dar-el-pucherazo.html

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