A los que nos toca vivir en la ciudad…

Por Ana Garduño

Las ciudades son dinámicas. Los autos, la gente, el sonido y las luces son los elementos que hacen que éstas sean interesantes, prosperen y se mantengan interesantes ante los visitantes. La gran mayoría de la población mundial vive en ciudades en donde mantienen un estilo de vida sedentario, satisfaciendo todas sus necesidades tanto materiales como espirituales. Somos los hijos de la ciudad, y somos incapaces de vivir sin ella.

La gran parte de la gente que vive en una ciudad está tan enajenada en una rutina tan acelerada de su vida diaria, que olvida ver los pequeños y deliciosos detalles de vivir en una gran ciudad, mágicos y trágicos por igual, y que conforman su personalidad única. Mucha gente cree que son todas iguales, y no vale la pena tomarse el tiempo para visitarlas. Se rumora que son lugares en los que no crece nada, ni siquiera los sueños, y, en lugar de tener vida, la desaparecen… y no podríamos estar más equivocados al pensar esto.

Las grandes ciudades son una de las más grandes fuentes de contaminación que existen, y es por eso que creemos que todas son grises y tristes, por lo que mucha gente tiene la idea de que las ciudades son imposibles de salvar, y no hacen nada para que éstas mejoren su estado.

En la actualidad, los jóvenes nos preocupamos más que nunca por recuperar la belleza olvidada de nuestras urbes; estamos conscientes de la precaria situación en la que se encuentran, y lo que tratamos de hacer, al contrario de la creencia popular, no es irnos de ellas ni rechazarlas, lo que tratamos de hacer parte de una perspectiva más realista: convertir nuestra ciudad en un lugar donde la gente pueda vivir de una manera sana, en la que haya espacio para todos y se convierta en uno de esos lugares que son una bella combinación entre el gris de las calles y los colores de la naturaleza; aquellas que son como una pintura contemporánea que está viva. Creemos en un esquema mucho más bello: tratar de mejorar a tu hogar en lugar de abandonarlo.

Es verdad que la ecología y el color natural hacen que una ciudad sea más sana para la gente, y al mismo tiempo la vuelven más atractiva e interesante tanto para las personas que la habitan, como para las que la visitan. Es por eso que proyectos juveniles para mejorar las ciudades y hacerlas más verdes y ecológicas son una alternativa para la gente joven que desea hacer algo por su planeta, ya sea por ellos mismos o por su comunidad; y sobre todo, nos ayudan a fijarnos en los detalles de nuestras ciudades. Estas personas son la luz de la ciudad, son aquellas que hacen que ese color gris se fusione con el verde de las plantas y que crean un estilo bohemio en un mar de colores tristes.

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