Visiones sobre la Constitución Política de la Ciudad de México

Por Hugo Sánchez

A consecuencia del “Decreto por el que se reformaron y derogaron diversas disposiciones de la Constitución en materia de la Reforma Política de la Ciudad de México”, publicado el pasado 29 de enero de 2016 en el Diario Oficial de la Federación, a los capitalinos se nos ha confiado una labor por demás encomiable: es momento de repensar las condiciones jurídicas, políticas y sociales bajo las cuales la Ciudad de México funcionará en adelante.

Más allá de la bondadosa envoltura con la que comúnmente se nos presenta a la Reforma Política de la Ciudad de México, no debemos perder de vista que esta reforma constitucional, como cualquier otra –y de hecho como todo acto legislativo, y más aún como cualquier acto humano en sí mismo–, engloba al mismo tiempo una serie tanto de aciertos como de errores: sin duda, no hay obra que escape de las taras, no hay obra perfecta sino perfectible.

En ese sentido, resulta conveniente llevar a cabo un análisis integral de esta reforma constitucional: sólo así seremos capaces de tomar decisiones efectivas, de alzar la voz fundadamente, con apoyo en el pleno conocimiento de los aspectos positivos y negativos de esta histórica conquista capitalina.

Previo a puntualizar los rasgos distintivos de la reforma que nos ocupa, considero pertinente desmitificar algunos de los rumores que giran en torno a la creación de una Constitución para la Ciudad de México.

Primero: quitémonos de la mente la falaz idea de que los problemas por los que atraviesa nuestra Ciudad se resolverán a la luz de una Constitución Local. Este ordenamiento jurídico solamente colmará ciertos vacíos que históricamente venía arrastrando el Distrito Federal. Nuestros problemas sociales no se resolverán únicamente con normas jurídicas, hace falta mucho más que eso: hace falta voluntad política e institucional.

Segundo: no pensemos que la Constitución de la Ciudad de México será el único ordenamiento jurídico que habrá de crearse con motivo de la reforma constitucional de la que estamos hablando. La Constitución de la Ciudad de México será el primero de un conjunto de ordenamientos jurídicos, en su mayoría leyes, que tendrán la función de armonizar y reglamentar los reconocimientos generales plasmados en la propia Constitución Local.

Es importante no perder de vista esto ya que, al formular nuestras propuestas ciudadanas, debemos tener en mente que la Constitución está destinada a contener reconocimientos generales, principios y no reglas específicas que más bien forman parte de leyes, reglamentos e, incluso, de políticas públicas.

Tercero: con la reforma en cuestión la Ciudad de México no se convertirá en el Estado número 32, pues, a pesar de las recientes modificaciones, nuestra Ciudad todavía no cuenta con la autonomía constitucional que caracteriza a los Estados Federados. Nos hemos convertido en una suerte de “Entidad Híbrida”, que si bien reviste mayor autonomía, no puede equiparársele a un Estado como tal.

Pasando a los aspectos cuestionables –y por lo mismo debatibles– de la reforma constitucional en materia de Reforma Política de la Ciudad de México, no podemos dejar de mencionar la integración del constituyente a cuyo cargo estará la redacción de la Constitución Local. Este órgano colegiado resulta criticable no sólo porque integra a un reducido número de representantes que, bajo ningún supuesto, podrán ser las voces del grueso de la población capitalina, sino también por la amplia injerencia que tendrán el Jefe de Gobierno, la Cámara de Diputados, el Senado y el Presidente de la República, quienes, como es lógico, obedecerán a intereses partidistas e ideológicos.

Sostengo que el Constituyente de la Ciudad de México tuvo que haber sido meramente ciudadano, es decir, conformado por personas de la sociedad civil, ajenas a cualquier interés faccioso. Esto es así porque la Constitución de la Ciudad de México debe ser un ordenamiento de los capitalinos y no de quienes detentan el poder político.

Pero no todo es malo en la Reforma Política de la Ciudad de México: hay algunos aspectos positivos que vale la pena resaltar.

Desde mi punto de vista, la más grande virtud de esta reforma consiste en la oportunidad que hoy tenemos los capitalinos de crear nuestra Constitución Local, documento que nos abre el camino en dos direcciones: una relacionada con la organización política de nuestra Ciudad, y otra con el reconocimiento de los derechos humanos a nivel constitucional local.

Por cuanto hace a la organización política de la Ciudad, un tema no menos importante es el relacionado con las Alcaldías, forma de división político-territorial que, entre otras cosas, traerá consigo la presencia activa de un gobierno pluripartidista que por definición romperá el pernicioso centralismo imperante en nuestra Ciudad desde el año de 1997.

Con las Alcaldías se busca que los colores partidistas no sean un elemento diferenciador que redunde en beneficios o en limitaciones para los ciudadanos. Lo anterior sin mencionar que un gobierno local donde los contrapesos políticos son la regla, sin duda enriquece la vida democrática.

Otro de los aciertos que suponen las Alcaldías es que con las mismas, se pretende madurar el sufragio activo a fin de que se combata el cortoplacismo en los gobiernos. El Alcalde y los Concejales, cuya duración en el cargó será de 3 años, podrán reelegirse por otro periodo (de manera que su cargo podrá durar 6 años, a la manera en que dura el periodo del Jefe de Gobierno), si así lo decide el voto democrático. Esto significa que si las Alcaldías realizan correctamente su trabajo, la ciudadanía podrá premiarlas mediante su voto.

En lo tocante a los derechos humanos que pueden reconocerse en la Constitución Local, debemos iniciar preguntándonos: ¿frente al cada vez más amplio reconocimiento de los derechos humanos, necesitamos que la Constitución de la Ciudad de México prevea un catálogo de derechos? Como respuesta a esta interrogante, existen posturas encontradas: hay quienes afirman que en la nueva Constitución se deben ampliar y mejorar los derechos humanos hasta ahora reconocidos. Hay quienes, por el contrario, consideran que no es necesario reproducir derechos que, por estar reconocidos en la Constitución General y en los Tratados Internacionales, de suyo nos son reconocidos.

Al respecto mi postura es un tanto ecléctica. Pienso que el de nuestra Capital, y en general el de nuestro País, no es un problema de normas, sino un problema de eficacia normativa. ¿De qué sirve contar con innumerables ordenamientos jurídicos si ninguno de ellos es plenamente efectivo? Por ello, más que enfocarnos en la creación de un listado de derechos, debemos concentrar nuestra atención en generar los mecanismos jurídicos y políticos que resulten necesarios para hacer efectivas, reales, a nuestras normas jurídicas.

Específicamente, considero que la Constitución de la Ciudad de México deberá de reproducir el listado de derechos humanos consagrados en la Constitución General y en los Tratados Internacionales suscritos y ratificados por el Estado mexicano, con el agregado de que en nuestra Constitución Local se incluyan acciones afirmativas orientadas a no solamente hacer reconocimientos formales de los derechos humanos, sino que además se establezcan las acciones que los poderes públicos realizarán a efecto de materializarlos en nuestro beneficio.

En pocas palabras: no necesitamos más derechos, necesitamos efectividad en los derechos.

La Ciudad de México, el hogar de todos nosotros, requiere de una Constitución vanguardista, de calidad. No una Constitución al antojo de quienes detentan el poder, sino un ordenamiento que sea respuesta directa a nuestras necesidades cotidianas. Una Constitución clara, organizada, que nos instruya a todos los ciudadanos.

Se dice que el combate a la corrupción, los derechos humanos y un nuevo pacto de coordinación fiscal con la Federación se perfilan como los principales ejes de la Constitución Política de la Ciudad de México, sin embargo, como hemos visto, hay distintas brechas que como capitalinos podemos impulsar en beneficio de nuestra Ciudad.

De nosotros depende que la Constitución de la Ciudad de México sea el referente constitucional del país que tanto ansiamos. Sigamos trabajando en ello.


Imagen: https://i.ytimg.com/vi/uyXZ0cw_pro/maxresdefault.jpg

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