Visión holística

Por Mauricio Rodríguez

 

“No son las partes por separado que en suma superen un todo, es el todo en sí que supera a la suma de sus partes”

El problema con la humanidad es establecer extremos esperando que decantando la balanza en algún punto esto solucione los problemas como panacea, sin embargo, es una manera típica, conservadora y convergente de utilizar los bienes que genera el ser humano mediante las ideas.

Pero más allá del bien y el mal, hoy más que nunca, los hechos requieren ser estudiados a través de un enfoque holístico, pues el holismo es comprender que no es el xenófobo el que tiene razón, ni el progresista que pretende proteger a un animal a pesar de descuidar a su especie, ni las personas con preferencias sexuales o religiosas diferentes o simplemente aisladas. Realmente la razón es que cada una de esas realidades responden a un contexto que no puede ni debe ignorarse, pues cuando un lado gana peso el otro responde para compensar.

Existen leyes universales que no deben ignorarse, y una de ellas es la anterior, es decir, el ritmo que el péndulo recorre es imparable, pero una vez que se identifica no debe ignorarse, pues sería desastroso. Así que la manera por la cual, cualquier situación debe juzgarse va más allá del simple hecho, pues éste tiene resonancia en su contrario y se genera un choque inevitable.

Y cuando una fuerza imparable y una fuerza inamovible se encuentran, en principio existe un choque, éste por consiguiente buscará de forma natural que uno domine sobre otro, generando una crisis entre absolutos que al final lleva a decantar el péndulo hacia un lado, pero posteriormente, tal choque será una constante que más allá de ser inevitable parece inentendible. Sin embargo, la manera por la cual debe entenderse es comprendiendo que una postura rígida y absoluta siempre será dicotómica, pues dependerá de su contrario para no extinguirse, de esa manera es comprensible observar la belleza del caos y del orden coexistiendo como una armonía tocada desde el principio en múltiples resonancias, que más de los efectos sentimentales que los hechos puedan causar, las personas que busquen hacer análisis deben hacerlo desde una posición privilegiada.

Tal posición es el objetivismo, es decir, tener la capacidad de observar el todo no sólo como una suma de partes sino como anteriormente se expresa. Verlo como el hecho en sí, juzgando y entendiendo que la luz sin oscuridad no puede entenderse; más bien, siendo enfático, es comprender que tales dicotomías existen bajo una lógica de intersección en la cual será el grado de los absolutos los que dominen cada una de tales intersecciones, para finalmente, conjuntarse en una expresión única provocando que al final el ser humano se coloque en medio, y esta posición es simplemente la realidad.

Puesto que la realidad es un conjunto constante de las dicotomías, es comprensible buscar que el pensamiento no sea más de una forma lineal que desemboque en un extremo, es decir, una manera convergente; sino más bien debe buscarse la manera divergente de observar las cosas, y ésta consiste en identificar las resonancias que genera una acción sobre otras, encontrar las conexiones inacabables.

El resultado de todo lo anterior desemboca en aceptar que la realidad en cuanto a resultados como el Brexit, Donald Trump y el plebiscito colombiano acerca de la paz son realmente efectos de una desgastada balanza que hoy cobra factura. El primer caso por ejemplo, emana de factores como participación ciudadana, de la democracia, del gran desgaste cultural que ha generado la globalización; el segundo aspecto corresponde entonces a la tendencia radical de suprimir todo lo diferente de las metrópolis y por consiguiente, generar una respuesta en las realidades marginadas, es decir, la localidad rural o semiurbana que la realidad en la política estadounidense de corte liberal a olvidado; y finalmente, en cuanto al tercer aspecto, es un clara respuesta que no omite lo anterior, al contrario lo complementa. Hoy no se puede creer que la lógica siempre muerta en las decisiones de un conjunto numeroso de personas haya simplemente cobrado vida en favor de una razón que unos cuantos tachan de correcta.

Finalmente, y siendo enfático en la frase más allá del bien y el mal, los hechos hablan con la realidad para generar una expresión de unidad, y ésta no puede ni debe juzgarse de una manera deontológica, pues el deber moral de las cosas responde siempre al lado que más peso tenga la balanza, provocando un desvarío e imponiendo radicalismo que al final, lo único que genera es el odio entre la gente. Y no es que una visión de paz y amor sea correcta, pues esta última tiene los mismos sesgos de la anterior, sino que la razón, siempre y cuando sea ejecutada bajo una óptica pura, en cuanto al discernimiento de la lógica del péndulo, ésta será por naturaleza capaz de analizar cualquier situación en una posición de equilibrio desapegada de las partes, pero al final apegada a una sola composición.


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