Vietnam

Por Guillermo Alvarado

Sonaba “Piénsalo dos veces”, de los Cabezas Inmaduras, una banda post punk indie nacional, no eran los mejores en su género pero su propuesta destacaba por sus letras. “Si vas a dejarlo por mi piénsalo dos veces, yo solo quiero pasar la noche contigo” rezaba una parte de los coros. De nuevo estoy en otra fiesta de la facultad, aunque llevo fuera de la escuela todo el semestre.

He tomado dos cervezas, platico un poco con quienes compartí clase, y de vez en cuando con gente nueva, hay algunos de nuevo ingreso y alguno que otro egresado. Fab y Katia son los inquilinos, rentan el departamento y usualmente lo prestan para las fiestas. A Katia le molesta le digan por su segundo nombre Deyanira y a Fab o Fabián le caga (en boca de él mismo) que le digan Faby. No son pareja aunque alguna vez Fab me confesó que se besaron y casi terminan haciéndolo en el depto., pero se arrepintieron a tiempo. Aún no descubro quién detuvo a quien, pero la tensión sexual entre ellos, aunque disminuyó, nunca desapareció.

Llevo cinco cervezas, estoy mareado. Hay vómito en mi boca. Trago un poco. Voy al baño. Retrete. Agua. Cuarto de Faby. Dormir.

Lo mejor del depto. de Fab y Katia, es que no le pega el sol, lo malo es el ruido de la avenida. La “cruda” me despierta, tengo los ojos embotados. No recuerdo mucho del final de la fiesta. Conocí a una chava, Jimena, cabello largo y lacio, ojos bonitos, chaparrita y con senos enormes, o quizás era su estatura la que los hacia parecer tan grandes. Lo importante es que me dio su numero, y congeniamos bien. Quizás pueda pasarla bien antes de que termine el semestre y tenga que decirles a mis padres que abandoné la carrera.

En casa no hay nadie, me regañarán por la noche. Me baño, me duermo y sueño que le agarro los senos a Jimena. Amanezco con una erección y no la desaprovecho. Al salir del baño tomo el celular y le escribo a Jimena. En breve me responde y comenzamos a charlar por un par de horas. Ella me gusta y creo que yo puedo gustarle.

Jimena estudia Economía, de allí es donde conoce a Fab, no son exactamente amigos pero seguramente Fab quería algo con ella, pero quizás se le olvidó o algo así. Fabián es un tipo distraído para con las mujeres, ha tenido novias muy guapas y se alejan de él sin que se de cuenta, y así como pierde novias del mismo modo llegan. Se podría decir que tiene buena y mala suerte en perfecta proporción.

Quedo con Jimena de vernos antes del fin de semana, ya que tendrá examen, y tiene que estudiar, saldremos el viernes, iremos a la cineteca y luego improvisaremos.

Debí de estar mas confundido el día de la fiesta, porque recuerdo que sus senos eran mas grandes y no recuerdo sus lunares en la frente, su cabello se ve menos lustroso de lo que recuerdo, aunque sigue siendo una chica linda y es muy abierta al hablar sobre algunos temas un tanto morbosos o sexuales que yo propuse en nuestras charlas. Optamos por ver una película de anime, y en la sala ella se acerca a mi, la abrazo y sin buscarlo directamente me besa la mejilla muy por debajo, supongo que buscaba besar mis labios pero hemos errado, nos sentimos algo avergonzados pero antes de que termine lo volvemos a intentar, esta vez tenemos éxito. Es un beso breve pero conciso, ligeramente húmedo y me permite sentir lo terso que son sus labios, imagino muchas cosas perversas y deseo besar aquellos labios por mucho mas tiempo pero la sala comienza a iluminarse.

Comimos unos tacos, pedimos una cerveza y pienso que no sucederá nada mas que los besos, pero me siento seguro y confiado así que no veo necesidad de sugerir nada mas por hoy. Jimena disfruta de las novelas del corte de Anne Rice, conoce algunos de mis autores favoritos y me parece que lleva puesto un sostén negro con detalles en vino, no sé calcular qué copa sea pero cabrían perfectamente en mis manos. Mientras caminamos rumbo al metro ella me cuenta sobre los temas que incluirán en su examen, la escucho pero también imagino como se verían sus senos rebotando sobre mi. Al despedirnos nos besamos, esta vez mas detenidamente, nuestras lenguas se rosan, nuestras manos recorren cuellos, nucas y cabezas, nos besamos hasta que nuestras caras están calientes y enrojecidas, acordamos vernos el lunes después de la escuela. Ella aborda el vagón y yo me quedo disimulando la erección provocada.

Paso el fin de semana en casa, juego con mi consola y veo algo de pornografía, leo uno de mis tantos libros en espera y recibo dos regaños diferentes en la noche del sábado, primero el de mi madre luego el de mi padre. Ninguno de los dos genera una diferencia en mi actuar, y el tiempo gastado es un tiempo perdido. Escribo a Jimena, ella tarda en responder pero eso ya me lo había advertido. Estaría ocupada, lo entiendo, nos gustamos, eso lo entendemos. Pienso traerla a casa el lunes, espero acepte. No hay necesidad de comprar condones, tengo aun unos en el cajón.

Acabadas las clases del lunes, Jimena aparece ante mi, lleva unos pantalones cortos entallados, una blusa azul celeste, peinada con todo el cabello hacia atrás, carga una mochila sencilla, pero adornada con prendedores retro y un peluche de una caricatura. Caminamos sin rumbo fijo pero acercándonos a la estación del metro. Me cuenta de su día, le cuento un poco del mío, sin rodeos le pregunto sobre la idea de ir a mi casa. Ella lo piensa un poco, gira su cabeza y me mira con un destello en sus ojos. Vamos a mi casa.

En cuanto llegamos ella me besa, luego como si perdiera el interés camina por el departamento, finjo mostrarle cada una de las habitaciones, y el recorrido termina rápidamente en la habitación dos de dos. Mi cuarto está preparado, el domingo por la noche limpié y escondí en el closet todo lo que tenía tirado por la habitación. Ella se sienta en mi cama y sin decir nada, comienza a quitarse los zapatos, las calcetas, continúa con la blusa, veo y sigo viendo, no reacciono a tiempo y ella baja sus pantalones, está ahora en ropa interior, un conjunto de sostén rosa pálido y unos cacheteros del mismo color pero en encaje. Por fin me acerco a ella y la beso, nos recostamos besándonos, mis manos recorren su cuerpo, terso, sus senos se pliegan en mi, están tibios, suaves, quiero liberarlos de su prisión. Ella me ahorra la tarea y los descubre ante mi, son mejores de como los imaginaba, pezones con un tinte oscuro apenas del tamaño de una perla, se pierden fácilmente en contraste con sus senos, los acaricio, los tomo con fuerza; los llevo a mi boca y mi lengua los saborea, mis dientes los aferran y mis labios los cubren en tanto sea posible.

Así permanecemos unos minutos, no se cuanto exactamente, en el sexo el tiempo transcurre diferente para cada uno, mientras uno puede pasar horas en una zona, el otro puede cansarse del mismo lugar en un par de minutos. Ella ahora me desnuda. Estamos por igual, ahora ambos quedamos en ropa interior, ella se frota conmigo, sin esfuerzo alguno tengo una buena erección, suficiente para penetrarla durante unos minutos, espero que dure lo suficiente para complacerla o al menos para no hacer el ridículo. Giramos en la cama, ella ahora esta abajo y yo encima de ella, voy bajando lentamente, deposito besos en cada región de su cuerpo, con una mano en sus senos, la otra baja lo único que restaba de ropa, es allí cuando me detengo un momento, quizás fue un segundo o quizás diez, tiene un tatuaje, nunca lo imaginé, tampoco llegó a ser comentado en ninguna de nuestras charlas. Es una flor extraña, pétalos morados y algunos puntos azules y rojizos, no conozco mucho de flores, pero parecía algo con algún significado. El tiempo corre y ella se percata que mi pausa dura mas de lo normal, se incorpora para verme, me pregunta qué sucede, ve el tatuaje y parece desagradarle, no quiero ahondar en el tema, la deseo y continuo besándola incluso en el tatuaje, pero ella no reacciona igual, creo que he arruinado mi oportunidad.

Cuando Jimena por fin me detuvo, yo ya tenia mil escusas y perdones para usar y continuar, pero parecía decidida a retirarse. La besé en el cuello, ella me respondía pero no era igual. Nos detuvimos y acostados en la cama, mi erección se fue ocultando mientras ella guardaba silencio. Por fin se decidió a vestirse y sin saber como reaccionar la imité. Esto ya murió, pensé cuando ella se despedía en la puerta de mi casa.

Pasaron casi dos semanas para cuando la volví a ver. Iba de la mano de Fab, no había respondido ningún mensaje, me pareció sumamente extraño, usaba una falda no tan larga, cuando los vi intenté disimular, ellos imagino hicieron lo mismo. Antes de acabar cada curso, Katia organiza una gran fiesta, como era más amigo de Katia que de Fab, me invitó aunque no sabía si asistiría. Tenía ganas de ver a Jimena, se que estaría allí con Fab, tenía esa idea morbosa de ir y verlos, como si eso cambiara algo, era algo estúpido pero como muchas cosas estúpidas en la vida, lo quería hacer.

La fiesta tenía más presupuesto, más alcohol y más personas, entre ellos vi a Jimena, llevaba un vestido que casi llegaba a su rodilla y estaba muy escotado, la vista de muchos llegaban a los senos de Jimena, yo quería que mis manos y boca llegaran allí de nuevo. Me acerqué, nos saludamos, un momento incómodo pero no tanto, no se sentía forzado, fui directo, le pregunté si estaba con Fab, no buscaba explicaciones no las quería, solo saber si estaba con él, ella respondió lo mas ambiguo que pudo “es complicado”. Nos terminamos la cerveza, y sin mas la besé, ella no me rechazó, nos pegamos cuerpo a cuerpo y en breve ya tenía mis manos sobre sus senos, sin importar que nos vieran, que Faby me viera. La tomé de la muñeca y la llevé al cuarto de Fab. Ella negaba pero parecía tener una batalla interna mas que negar lo que le sugería.

En la poca calma que proporcionaba la habitación me hinqué ante ella, metí mis manos bajo su vestido y deslicé su ropa interior hacia abajo, eran muy delgados, color rojo, los quité por completo y levantando su vestido me disponía a practicarle sexo oral, me detuve de nuevo, el tatuaje, lo había expandido, ahora corría por sus muslos como una hiedra, finos tallos y hojas corrían por debajo y detrás de su vagina. La pausa fue breve, mi cara no mostró duda y comencé a pegar mis labios y mi lengua en todo su sexo, probando, lamiendo, usando mis dedos y dejándome cubrir por el vestido. La conduje a la cama, la acosté boca arriba, abrí sus piernas y con mi pene entumecido con una erección producto del morbo de que Fab me encontrara así con Jimena, la penetré en un solo movimiento, ella gimió fuerte pero la música afuera menguó cada uno de sus gemidos, cambié de posición y continuamos, su senos rebotaban dentro de su sostén, el vestido estaba arrugándose entre nuestros cuerpos, sus gemidos comenzaban a acercarme al final, terminé y ella parecía satisfecha pero de inmediato su cara cambió, su rostro parecía distante, supuse que era porque no había usado condón, pero no me dirigió la palabra, tomó su ropa íntima y se fue, cuando salí la busque pero había abandonado la fiesta.

Confundido pero satisfecho, abrí otra cerveza. Después abrí otra. Y otra. Vi a Faby y le saludé con una sonrisa medio borracho.

Desperté en mi casa, me habían traído y pude disfrutar de mi cama, me metí a bañar y al salir mientras me secaba, descubrí una pequeña mancha en mi abdomen, estaba debajo de mi obligo y tenía una extraña forma, acercándome al espejo se veía como una estrella pequeña, quizás ligeramente parecida a una flor, con un tinte oscuro ligeramente verdoso como un moretón. Sonó mi celular, un mensaje de Jimena: Perdóname, ahora también lo tienes tú, busquemos ayuda juntos, estoy en el hospital San Antonio, encontrarás a Fabián registrándose, encontraremos la solución, perdóname.

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