Vicios y placeres

Por Jimena Cerón

 

Saber de dónde venimos, a dónde vamos y recordar quiénes somos es parte de nuestro sentido de identidad, mejor dicho, es parte de la continuidad del ser humano, de lo que queremos, lo que pensamos, deseamos y claramente, de lo que hacemos para lograrlo. Siendo así, podemos dividir esas cuestiones y esas acciones entre lo que nos nutre y lo que nos daña, aunque se pueden mezclar en las clasificaciones es probable que muchas de ellas están determinadas por la sensación de placer que otorgan.

Entre la inmensa lista de cosas que me son placenteras desde disfrutar un helado de coco, caminar mientras el viento rasga mi cara, los abrazos de quien es mi retoño, la sonrisa del hombre amado, entre muchas otras más, existen unas que pueden ser consideradas vicio, vicio el como hábito de hacer mal algo, de hacer una cosa perjudicial o que se considere reprobable desde el punto de vista moral. Pero si todo es en el sentido moral y la moralidad puede ser tan diversa como cada individuo, de qué hablamos.

Mis placeres y  vicios parecen estar en la misma categoría, pocas son las cosas placenteras que a los ojos de mis jueces han sido calificadas como decisiones acertadas, lo demás, es como un juego clásico de  Ludus duodecim scriptorum donde cada jugada está predestinada a atacar al otro, no por el odio ni por la necesidad del triunfo, únicamente porque las reglas orillan a que sea de esa forma.

Es ahí cuando disfruto el placer de lo amargo, de lo necesario, de lo devastado y todo para sólo hacerme escuchar de forma silenciosa frente al espejo que soy yo el arquitecto de cada párrafo de esta historia, lo mismo pasa con los versos intercambiados, aunque a diferencia de ésta, mi forma preferida de expresarme, no existe una forma de borrar la idea o recomponerla muchas veces para que al leerla la sensación causada pueda estar decidida por mí de la mayor forma posible, después de lo citado no creo que exista algún otro de mis placeres viciosos que pueda disfrutarse por lo demás sin notar los daños colaterales que van dejando a mi persona. Aunque claro no olvidemos que moralmente, yo soy distinta a cualquiera de ustedes y lo que puede parecer bueno para ustedes quizá esté considerado en la bandeja de lo negativo en mi modo de andar la vida.

Parafraseando una película infantil que explica los retos que debe atravesar un villano dentro de un videojuego para ser aceptado por los demás personajes me quedo con algo que siempre me hace notar que las cualidades tienen que ser de acuerdo a la persona y al momento, no existen los absolutos, por tanto: “Yo soy malo, y eso es bueno. Nunca seré bueno, y eso no es malo. No quisiera ser nadie más que yo.”

Para los vicios existe claramente un tabú interpuesto por muchas personas que hace juzgar y prejuzgar al individuo que lo posee para resumir su ser a una característica principal (que en realidad es de las pocas que conoce el juez) y menosprecia al individuo de tal forma que si alguien tiene un vicio a los tabacos, es señalado por aquel que tiene el vicio por las comida grasa. Ocurre también a la inversa, aunque no escandaliza tanto un vicio por alguna bebida energizante como por alguien que su vicio es enterarse a fondo de la vida de las personas que están a su alrededor.

Mi vicio es un poco distinto, pues al ser placentero y al gustarme tanto, cuido la forma de no crearme un conflicto que en el algún momento me haga sentir que si cambiara o dejara mi escritura pueda estar mejor. En momentos contrarios donde la madurez de mis sentimientos y la añoranza e importancia hacia lo poco importante hizo que dejara del lado equivocado de la cama el cuadernillo que siempre (aunque variante de forma, tamaño y color) acompaña mis momentos, sólo para no despertar como en repetidas ocasiones con la extrema necesidad de escribir lo que estoy pensando para entonces, sólo entonces lograr entenderme. El sueño diurno que bien plasmó Rembrandt me hizo sentir un devastamiento total que no estoy dispuesta a soportar, pues entonces sus súplicas, temores y premisas a mi futuro se convertirían en una realidad, donde en mis vicios no habrá placer y ningún placer me volverá a alborozar de tal manera que lo quiera permear de vicio.

Por eso he elegido éste como mi placer que más se asemeja al vicio, para que entendamos desde un punto opuesto o negativo, que solamente describimos las cosas desde el momento o lugar donde estamos parados, y que debemos como humanos entender que los vicios y placeres son personales, por tanto de manera muy placentera les escribo sobre los vicios para generarles un placer y ese pueda ser acompañado de su vicio más placentero.


Imagen: http://www.losterritoriosfronterizos.com/wp-content/uploads/2015/12/Sue%C3%B1os-diurnos-de-Rembrandt-Peale-1837.jpg

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