Vías recreativas: terapia a las ciudades

Por Sergio Andrade 

 

Hace unos años, las calles eran espacios para que los niños jugaran a las escondidas, donde las mascotas salían a correr; el lugar perfecto para que unas piedras sirvieran de portería y los jóvenes jugaran una “cascarita” de futbol. Hace unos años, la ciudad era un ente vivo, no eran calles, no eran banquetas, no eran estacionamientos. Hace unos años, la ciudad era un espacio de convivencia, un lugar destinado para la interacción social, un espacio compartido.

En la actualidad, las calles suelen ser espacios vacíos de personas; una ciudad vacía es una ciudad violenta, es una ciudad que contribuye a la percepción de inseguridad, una ciudad que invita a la individualidad y a la exclusión social. En relación inversa, si se recuperan los espacios públicos se reduce esta percepción, se activa la economía local y se integra el tejido social.

Justo este es el objetivo de las vías recreativas, un espacio seguro y gratuito para la recreación, la cultura, la socialización y el deporte. Las calles son el espacio donde se lleva a cabo una vía recreativa, las cuales se cierran temporalmente al acceso vehicular. Por lo general, se realiza un día fijo a la semana y tiene una duración promedio de seis horas.

Las primeras vías recreativas aparecieron en los años setenta, extendiéndose paulatinamente a lo largo del mundo; la vía recreativa más importante en Latinoamérica, y considerada pionera, es la Vía de Bogotá. En México la vía recreativa más importante se lleva a cabo en la Ciudad de México, en donde la Avenida Reforma (la artería más importante de la ciudad) se convierte en espacio para la convivencia y la integración de la sociedad.

Las vías recreativas son ahora una terapia eficaz para las ciudades, combaten una serie de enfermedades sociales crónicas que aquejan a las poblaciones que siguen un modelo de crecimiento sobre la base del siglo XX, en donde la movilidad del automóvil es la prioridad.

Son varios los beneficios que aporta el implementar una vía recreativa en la ciudad, primeramente, y como se mencionó antes, la inclusión social, debido a que no tiene restricciones de costo, de clases sociales, preferencias recreativas, edad, género, etc, promociona la interacción social y permiten vivir la ciudad a escala humana, es decir, conocerla e integrarla a nuestro vivir diario; permite recuperar las calles para el disfrute humano, promueve hábitos de vida saludables, reactiva la economía local, contribuye a mejorar la calidad del aire y por ende, la del medio ambiente (y la salud humana); contribuye en la disminución de la inequidad, genera valores de convivencia ciudadana, incluyendo valores democráticos como la tolerancia, el respeto y la paz; pero sobre todo, posibilita e integra el tejido social, base de la convivencia y la comunicación. Además de ser espacios ampliamente aprovechados para promocionar la cultura, el arte, la ciencia, etc.

El Dr. Sergio Roldán Gutiérrez, catedrático de la Universidad de Medellin, afirma que una buena ciudad está hecha por la ciudadanía. Las vías recreativas son políticas fuertes para la generación y cohesión de la ciudadanía; y un primer paso para la recuperación de los espacios públicos, aspirar a ciudades sustentables; hacer ciudades compartidas, felices, vivas y exitosas.


Imagen: http://www.circuito-cerrado.net/este-domingo-la-calidad-del-aire-amanecio-regular-las-zonas-noreste-noroeste-centro-sureste-del-valle-mexico/

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