Viajo, luego existo

Por Alicia García

Dicen por ahí que viajar es lo único en lo que gastas que te vuelve más rico… y yo creo que es la pura verdad. Cuántos de nosotros no hemos soñado en irnos a descansar bajo las palmeras en la playa, sentir esa sensación de la arena caliente bajo nuestro cuerpo y el ritmo de las olas cuando llegan hasta la orilla. Hay también los que prefieren pasar una buena tarde paseando por la calles coloniales del centro de la ciudad, conociendo bares o cafés, admirando la arquitectura que habla de la historia o la cultura del lugar, conociendo a los lugareños más a fondo o perdiéndose entre sus ruidos y sus calles. Asimismo existen aquellos que su idea perfecta de una escapada es visitando los lugares más cosmopolitas, recorriendo plazas y andadores llenos de tiendas y alboroto, comiendo en restaurantes exclusivos, visitando monumentos u hospedándose en lugares de lujo.

No importa realmente la manera que elijas para viajar, el asunto verdaderamente importante es que lo hagas. ¿Para qué viajan los que viajan? Hay muchas respuestas a esta interrogante pero me parece muy importante no confundir el para qué con el por qué. Siguiendo con esta línea existen muchos por qué: por negocios, por placer, para visitar a la familia, para resolver algunos asuntos fuera de la ciudad, para comprar o vender algo… las posibilidades son infinitas. Sin embargo el para qué es mucho más interesante: la gente viaja para escapar de alguna situación incómoda o para huir de ellos mismos, otros lo hacen para encontrarse consigo mismos o para encontrarse con otros, también hay quienes viajan para llenarse los ojos y el estómago de cosas lindas y ricas, para conocer nuevos lugares y nuevas personas, para tomar las mejores fotografías, para bailar, para pasear, para olvidar, para amar.

Viajar no es sólo moverte de lugar y conocer otros nuevos, sino que va mucho más allá de llenar tu pasaporte de sellos o marcar países en un mapa. Viajar es una experiencia que te sacude y te cambia la vida cada vez que lo hagas. Ya sea que vayas a miles de kilómetros lejos de tu hogar, que recorras unos cuantos o que cruces mares y océanos, lo principal es hacerlo, atreverse a dar ese paso. Y cuando lo hagas, verás que el mundo no vuelve a ser el mismo para ti.

Cuando viajas todos tus sentidos se abren y se vuelven receptores por excelencia para descubrir y captar todo lo nuevo que hay a tu alrededor. Desde tus ojos hasta tus manos, todos se confabulan para mantenerte alerta y recibir todas las sensaciones posibles a tu alcance. Tus manos se vuelven las guías perfectas para conocer diferentes texturas, tocar nuevas manos y nuevas pieles, agarrarte fuerte a la aventura, dar de comer a seres maravillosos, acariciar elefantes o cabezas de niños pequeños que salen a recibirte al llegar a su aldea. Tu nariz se convierte en la primera parte de tu cuerpo en internalizar lo que flota en el ambiente, descubre nuevos aromas como el de un té exótico en el mercado, el perfume que dejan las personas al pasar a tu lado, el aroma diferente de la tierra mojada en esas latitudes o la fragancia de la persona amada que te acompañará aún de regreso a casa. Tus oídos se transforman en la antena que capta todas las estaciones por excelencia, se vuelven sensibles a las nuevas palabras, se dejan enamorar con las melodías románticas de nuevos idiomas, se dejan convencer por otras lenguas, se llenan de ruidos nuevos y extraños, el sonido del viento al pasar por los árboles en aquel lugar o el sonido del mar al llegar a las rocas. Tu boca y lengua cambian para ser los beneficiarios de todos los sabores que el mundo te ofrece, degustar nuevas comidas, probar otras bocas y saborear el agua salada de otros océanos. Finalmente tus ojos transfiguran todo lo que observan para volverlo un recuerdo inolvidable de ese tiempo y espacio, se colman de paisajes y caras bellas, no terminarán de admirarse de todas las maravillas y diferencias que encontrarás a tu paso, se convertirán en tus aliados perfectos para rememorar todo lo bello que viste y viviste en aquellos lugares.

Cambiar de aires no sólo sirve como ejercicio para tus sentidos, también es una metamorfosis completa para ti. Después de viajar regresarás con la idea de más, no podrás conformarte con lo que ya conoces pues tus horizontes ya se extendieron, tu panorama cambió y tu percepción del mundo de amplió para bien. Te darás cuenta que hay más personas buenas que malas en el mundo, al llegar a tu espacio seguro podrás reflexionar sobre las cosas desagradables que tal vez te sucedieron durante el viaje pero comprenderás que todo sirve para crecer, para volverte más fuerte y para darte cuenta que puedes con todo eso y más.

Por eso mi consejo es que viajes y vivas, en ese orden. Porque para vivir todo tipo de experiencias se necesita ir en busca de ellas, sal a encontrarlas y te sorprenderá la manera en el que mundo te recibe para completarte con toda suerte de vivencias, baile, comida, música, amores, desamores… para que puedas despegar y comiences a vivir.


Imagen: http://twistedredladybug.blogspot.mx/p/ladybugs-travels.html

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