¡Vaya que año nos espera!

Por Aarón Rojas

No ha acabado el primer mes del año y ya han pasado un centenar de cosas que han puesto en jaque la, ya de por sí, delicada estabilidad del mundo civilizado. Y es que no sabemos estarnos quietos ni cerrar la boca cuando es debido.

No me mal entiendan, no quiero decir con ello que no se levante la voz ante la injusticia, pero uno debe saber cuándo es mejor no decir nada.

Apenas empezábamos el año y ya se escuchaban las noticias de conflictos y sin sabores, sin tomar en cuenta el dolor de otro, olvidamos por unas horas el verdadero motivo por el que deberíamos de celebrar, brindar y pedir.

El ser humano como ente egoísta cerró los ojos y no ha vuelto a abrirlos desde que se acabaron las campanadas, comparsa anual que trae consigo un año nuevo.

Corriendo antes de caminar, 2018 ha dado avisos de aquello que nos espera a lo largo de sí. Pues no con él se borraron los constantes conflictos que han estado asechándonos. Quienes han decidido abrir los ojos, lo hacen medias y prefieren solo hacerlo suficiente para dejar entrar algo de luz, incapaces de reconocer la panorámica completa que los rodea.

Mientras los más, han decidido seguir cegándose a sí mismos, como un niño que se niega a abrir los ojos luego de soplar las velitas de su pastel de cumpleaños. Esperando que de esa forma pueda pasar al menos unos pocos días de tranquilidad antes de regresar a la dura y sin tapujos realidad.

Pero hay quienes aprovechan este periodo de vulnerabilidad auto-infligida para llevar a cabo sus malignos planes.

Comprendo a quienes quieren tomarse un descanso, pero el problema es que hay personas que no lo hacen y por tanto solo esperan una oportunidad para embestirnos con crueldad.

Estos contrastes siempre perennes en la cotidianeidad son el claro reflejo de una sociedad que busca como acomodarse a un modelo de vida cambiante en el cual no se encuentra nunca. Y aquellos que se niegan a aceptar la contante trascendencia haca el progreso terminan atacándola con odio.

Alto han sonado las voces que incitan a la conciencia, pero poco han prestado oídos a aquellos intentos desesperados por conseguir una armonía hegemónica y duradera. Pues tal parece que ser sordos y ciegos ante las problemáticas ineluctables es el deporte favorito de la mayoría que habita este mundo. Sin remordimientos deciden hacerse a un lado mientras contingentes pasan a su lado pidiendo manos para ayudar o voces para hacer más fuerte el llamado a la transformación.

Se quiere buscar en personalidades sin carácter a un héroe que resuelva los muchos y cada ves más constantes problemas, delegando responsabilidades propias y sintiendo que hacemos lo correcto al hacerlo así. Buscamos un cambio que no cambia nada y prestamos oído a las voces que gritan un silencio atronador.

Pero esto sigue pasando ya que se pretende obtener grandes recompensas con el mínimo de esfuerzo. Que se nos de todo a cambio de absolutamente nada y olvidamos que la vida no es así.

Poco hemos aprendido de los errores del pasado para ser una especie que lleva habitando la tierra por más de diez mil años. Pues se sigue cayendo en el error de pensar en un individualismo que nunca ha ayudado, pero al mismo tiempo masificar todo sin un sentido u orden. Haciendo solo un homúnculo de saciedad donde nada tiene sentido y todos tienen voz, pero casi nunca se ocupa para decir algo sensato.

Replicamos los modelos fallidos con una devoción inquebrantable, confiando en aquello que ha demostrado fallar mientras justificamos lo dicho en la vieja creencia de que “ahora si será distinto” o “que aquí no va a fallar”.

Podemos ver el padecimiento ajeno por los males que pretendemos conseguir y aun así lo perseguimos con una ingenuidad poco digna de un ser consiente.

No pretendo ser pesimista, esto es más bien un llamado a hacer conciencia sobre lo que hemos estado haciendo mal para de este modo poder arreglarlo antes de que nos arrepintamos de ello demasiado tarde. No es la solución aquello que por fácil y endulzado pretenda vendernos una mejora instantánea y ficticia a males y padecimientos reales. Basta ver el reflejo de esas decisiones en nuestros semejantes y comparar con empatía los nefastos resultados.

Busquemos el cambio y no volteemos la mirada ante la fatalidad, pues solos no lograremos nada, pero juntos ya se ha demostrado la magnitud y alcance que podemos llegar a tener. Para muchos, este será un nuevo año de muchas complicaciones y grandes decisiones donde se no buscará convencer de tomar caminos aparentemente más sencillos.

Más si actuamos con inteligencia y tomamos las medidas correctas, confío en que podremos sortear estas pruebas como lo hemos hecho antes.


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