“V” de voluntario

Por Ale Sánchez

Si eres de los que siempre andan preocupados por el mundo, las personas, los animales, los derechos…, es muy probable que te hayas planteado convertirte en voluntario para una causa. El hecho es que resulta fácil perderse en el vasto mundo de la información. He aquí algunas consideraciones que te ayudarán a orientarte.

1.- ¿Qué, dónde, cómo, cuándo?

Infórmate y no temas hacer preguntas a los convocantes.
Para decidirte a iniciar un voluntariado hay que tomar en cuenta desde la ubicación geográfica hasta los requisitos e incluso las dificultades que pueda tener. Es recomendable conocernos a nosotros mismos: nuestras aspiraciones personales y profesionales; modo de vida; formación previa; nivel de apego a un lugar, persona, ambiente, etcétera; capacidad de adaptación, salud física y emocional.

Si pretendes entrar con cautela en el ambiente de la acción voluntaria, es recomendable que primero te asomes a asociaciones de tu localidad y/o que solamente requieran trabajo de oficina. No tienes que suturar heridas en un lejano país para llamarte “voluntario”. Claro que a muchos nos encantaría tener ese valor y arrojo, pero hay que ser sinceros con nosotros mismos y también darnos algo de tiempo para saber si llegaremos ahí. Puede además que no sea eso lo que perseguimos.

2.- Cualidades necesarias

La primera cualidad que requiere un voluntariado (además de la voluntad de aportar) es la tolerancia y la apertura. Tienes que saber que lo que harás será porque deseas poner tu granito de arena para que el mundo sea mejor. Deja de pensar en la competencia o la gloria personal. Evita sobre todo juzgar a quienes pretendes ayudar y procura mantener una actitud diplomática. La humildad es otra de esas cualidades que nunca puede faltar; no importa si vas a impartir un curso, siempre cuenta con que las personas tendrán sus propios conocimientos valiosos, así que respeta y escucha.

3.- Costos (que a veces los hay)

Existen muchos programas de voluntariado que sólo piden tu tiempo y tus conocimientos en un esquema flexible que, consciente de que no te pagará un sueldo, tampoco te ocasionará gastos. En este caso toma en cuenta las distancias que recorrerás, los materiales que usarás o cualquier otro detalle que deba salir de tu bolsillo. Aclara todo desde el principio.

No obstante, existen otros programas que, ya sea por concepto del uso de sus instalaciones (cuando el programa requiere que los voluntarios se alojen in situ), por gastos de alimentación o como una especie de “donativo”, solicitan una cuota a cada voluntario. Esto sucede principalmente debido a que no siempre cuentan con subsidios del gobierno o algún otro tipo de aportación permanente. De ser así, deberás estar dispuesto a invertir no sólo tiempo y esfuerzo, sino dinero de tus arcas personales. Conviene saber los costos precisos y presupuestar también posibles gastos de traslado u otros extras. ¡OJO!: por lo general son baratos y muchas veces entregan recibos deducibles, lo que da mayor credibilidad y legalidad.

Además, sobre todo para voluntariado internacional, puede que requieras pagar boletos de avión, seguro de gastos médicos, visa y pasaporte; a veces hasta pagarás por vacunas para viajar sin riesgos. Mientras más lejano y largo sea el programa, mayor deberá ser tu ahorro y planeación.

4.- Edad

Mientras tengas algo positivo que ofrecer, habrá quien lo aproveche y lo agradezca. Dicho eso, debes saber que algunos programas señalan restricciones de edad. Los hay que permiten personas menores de edad (con permiso de sus tutores); los hay también de aquellos tipo “18 a 90 y más”; muchos otros contemplan únicamente menores de 35 años, o de 30. Si estás por debajo de esas edades límite, procura fijarte bien en esas convocatorias y, si alguna se ajusta a lo que buscas, pon manos a la obra para entrar y no tener remordimientos luego. Pero si no es tu caso, simplemente revisa ese dato antes de adentrarte en otros detalles y es seguro que habrá una oportunidad muy buena a tus treinta y pico, cuarenta y pico…, noventa y pico ☺ .

5.- Seguridad

Es maravilloso que sientas emoción por integrarte a la labor voluntaria en el momento de tu vida en que esto ocurra. Es mejor aún si además te cercioras de que se trata de un programa real, oficial, legal, y todo lo que se traduce en la protección de tu persona. ¿Cómo? Pues verifica si tú o tus conocidos han oído hablar de la institución, cuánto tiempo tiene de creada, su registro en Hacienda (o equivalente en el extranjero); su testimonio fotográfico, documentos publicados, alianzas con otras entidades, notas de prensa, declaraciones públicas, domicilio físico, presencia en directorios, etc. No siempre contará con todos estos elementos, pero sí con la gran mayoría. Investiga, consulta, entérate. Cuídate.

Si vas al extranjero, infórmate en tu oficina de relaciones exteriores más cercana. Adicionalmente, ubica los consulados y representaciones de tu patria en el país de destino. Avisa a tus familiares y amigos y mantente en constante contacto con ellos. Esto también te ayudará a superar la nostalgia de estar lejos.

Y si algo no te convence, mejor evítalo.

6.- Recompensas

Que quieras ayudar a otros y que lo hagas de corazón, no significa que te irás con las manos vacías. Tal vez descubras que tu vocación está en la labor social o ambientalista (por ejemplo), en cuyo caso la experiencia voluntaria te ayudará también curricularmente y te dará conocimientos y habilidades que utilizarás en tu futura labor profesional. En muchas universidades ya se han establecido acuerdos que permiten unificar la labor voluntaria (altruista) con el servicio social. Como estudiante puedes proponer estas alianzas.

Independientemente de esto, alegrarle el día a un ser viviente con cualquier detalle que esté en tus manos, ayudarle a tener mejores condiciones de vida (directa o indirectamente), luchar por un mundo más justo, siempre será reconfortante y aportará felicidad y satisfacción a tu existencia.


Imagen: creación propia

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