Uno, dos, tres

Por Jimena Cerón

 

Trastocando el fondo una vez más, se encontraban esos intentos de señoritas que decoran los bares de las afueras de una universidad mexicana, cubiertas con la más repugnante de las máscaras: una mezcla espesa de diversos maquillajes; que pretenden seducir el momento rodeadas de otros tantos compañeros y extraños que no pueden ver más allá de una envoltura sonriente dispuesta a no conocer los límites.

Uno, dos, tres; se escuchaba en altavoz, unos, dos, tres; nuevamente el mismo sonido. Poco a poco se fue desvaneciendo lo que existía alrededor, primero los edificios, luego los automóviles, los cables eléctricos, los postes y después la ropa; en una especie de paisaje muy al estilo del viejo oeste fueron convirtiéndose las calles. Con un escenario un tanto más natural, sin lo que se dedicó a producir el hombre, nuevamente se escuchaba: uno, dos, tres.

¡Uno, dos, tres! – comenzaron a gritar todas aquellas señoritas – ¡Uno, dos, tres!- Y pasó entonces algo absolutamente asombrante y aterrador, envejecieron en no más de 5 segundos para mostrar una imagen desgastada, los hombres fueron convirtiéndose en cenizas, algunos otros en objetos, pero ninguno, ninguno de ellos podría volver a verse como ser humano. Entonces nuevamente se escuchaban los altavoces, en ese momento, ellas con una especie de lucidez se percataron de que el sonido provenía de los árboles más altos y decidieron prestar atención:

Uno, dos tres. Buenas tardes señoritas, lo que acontecerá en los siguientes minutos puede que perturbe un poco más sus sentidos de lo que ya están ahora, pero es necesario para que puedan percibir algunas cuestiones simples y constantes de la vida, de su momento aquí y ahora, para que después de este amargo sueño que es más realidad de lo que ustedes creen, lleguen a ser criaturas firmes que tengan conciencia real de lo que quieren y a donde deben conducir ciertas de sus acciones y pensamientos. Bien, comencemos.

Los cuerpos de cada una de aquellas se volvieron escritos, algunos sangrantes, otros tersos como pétalos de rosas, y ahí la pesadilla comenzó, cada una se fue desmoronando (emocionalmente) al paso que leía lo que en su cuerpo aconteció, sonreían cuando era algún buen recuerdo de lo vivido y morían de dolor cuando eran obligadas a escuchar de su propio cuerpo aquellas malas historias que causaron dolor en su momento. Pero acontecía algo distinto por aquellos versos que relataban el daño que ellas habían causado, un zumbido espeluznante les destrozaba el cerebro al recordar lo poderoso de sus palabras y de sus actos al haber destruido a alguien más. Y la pesadilla continuó; después de las cenizas, una lluvia abundante formó un riachuelo que poco a poco se tiñó del color rojo quemado que suele tener la sangre. Y los cuerpos se formaron nuevamente, esta vez como se encontraban en este día por la mañana: despeinadas, descansadas y radiantes.

De repente un sonido desgarrante por poco destruye mis oídos, una luz radiante me cegó y caí de espaldas contra el frío piso de asfalto, justo detrás de la reja de la bella universidad desde donde observaba a todos. Comencé a recordar lo que había vivido instantes antes y me percaté de que estaba rodeado de más de quince personas que intentaban auxiliarme, al paso de algunos minutos de mantenerme en el suelo con los ojos cerrados descubriendo si esto era un sueño y lo antes sucedido la realidad (ó viceversa), decidí levantarme, al hacerlo las personas que estaban alrededor de mí me brindaron un sinfín de halagos acompañados de magníficos aplausos al tiempo que caían flores y flores a mi alrededor, entonces recordé.

Yo era aquel, yo soy aquel; veinticinco premios al talento, dos medallas nacionales y tres reconocimientos internacionales adornan la oficina de la vieja casa de mis abuelos donde pasé toda mi infancia; en los periódicos, al menos una vez al mes se encuentra mi nombre, si no es por mi participación en la actuación es por los guiones escritos para otros e incluso, las críticas para los que proyectan a ser promesas del escenario artístico mexicano. Siendo así, ¿qué es la realidad?

Si lo antes dicho fue lo ocurrido en la obra teatral pero el desmayo fue verdadero dentro de la puesta en escena, ¿qué es la realidad? Más aún, ¿yo soy real? No lo sé ni lo sabré nunca, mucho menos ahora que escribo en este computador una historia irreal de lo que puede ser verdadero, para que sea leída por personas reales (algunas falsas) y logre hacerles sentir la confusión y la misma duda que yo hoy tengo.

¿Qué es la realidad? Nada; ni tú, ni yo, ni los personajes de esta farsa. En un mundo que se dice moderno por otros posmodernos, donde sigue existiendo una desigualdad social, es pertinente y permitido no aceptarlo como realidad y disponernos a cambiarla, aunque sea con una historia que nos haga elevarnos un poco y ver mas allá de lo que es visible, tangible.

Tres, dos, uno; se cierra el telón.


Imagen: Roberto Fabelo/Malecón Barroco: http://www.cubanartnews.org/artwork/HR-Baroque_Seafront.jpg

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