Una tarde en la lucha popular

Por Daniela Hernández

Domingo 15 de febrero, 5:00 pm Dr. La Vista 189, Col. Doctores

Luces de colores y música electrónica invaden el ambiente. Tengo el asiento 24 en la fila 8 de la sección Ring 3.  Es la primera vez que estoy en “El Coloso de la Doctores”. Entro y espero que algún acomodador de chaleco azul se acerque para mostrarme mi lugar.

–¡Refrescos, tortas, cerveza!

-¡Papas, palomitas! ¿Qué le damos?— dicen dos vendedores mientras camino a mi asiento.

La Arena México me recuerda a una cueva oscura que sólo se ilumina desde el centro. Aun así consigo ver a los asistentes: hombres, mujeres, niños e incluso bebés, la mayoría viene en familia o pareja. También hay grupos de amigos extranjeros.

Aunque hay lugar para 13,783 espectadores (comprendo la razón de llamarlo coloso) el día de hoy llegamos a 600 aproximadamente. Las filas más cercanas al ring  (también conocido como cuadrilátero) están llenas, pero las esquinas y la sección preferente vacías.

Cuando llego a mi lugar, me doy cuenta de lo cerca que estoy del ring. Veo como salen a escena cuatro edecanes, sonríen y bailan con unos  trajes ceñidos al cuerpo que dejan ver sus curvas bien formadas. Al tiempo se escuchan una serie de chiflidos y expresiones como ¡Mamitas!, ¡Sabrosas!

Sobre el cuadrilátero aparece el presentador que anuncia la pelea, al fondo hay unas largas escaleras de donde descienden los luchadores enfundados en máscaras y trajes muy coloridos e incluso excéntricos.

Los primeros en dejarse ver son Sensei y Robin, representantes de la esquina técnica, más tarde aparecen Akuma y Espanto Jr, defensores de la tradición ruda. Ambos bandos saludan a los aficionados mientras se preparan para luchar.

Por fin escucho la frase esperada: “Lucharán de dos a tres caídas sin límite de tiempo” así que tarareo La Arena estaba de bote en bote, la gente loca de la emoción. El primer round comienza, los vendedores continúan anunciando sus productos, pero sus voces se pierden entre chiflidos y mentadas de madre por parte del público.

Arriba del ring observo que los luchadores son malos actores. Parece que una buena lucha junto a una mala actuación da como resultado el éxtasis de risa en las personas. Golpes en la espalda y lanzamiento desde las cuerdas es lo que más se ve. En ocasiones hacen tijeras que sorprenden aunque en general su habilidad impacta, pienso para mis adentros ¡Qué espectáculo!

Frente a mí se ubica una familia técnica, que tras la primera caída del equipo rudo corea: ¡Otra, otra!  Están expectantes de una nueva atajada por parte de Sensei y Robin así que cada vez que Akuma y Espanto Jr se defienden, dos integrantes de esa familia, unas mujeres de aproximadamente 40 años, les gritan: ¡Putos, putos!

Me resulta imposible mantenerme indiferente al evento, así que rápidamente sale mi técnico de corazón.

Termina el primer round y tras un pequeño descanso se repiten las expresiones: ¡Mamita!, ¡Sabrosa! Entonces veo que una de las edecanes se acerca para anunciar con cartel en mano la segunda vuelta.

Durante la pelea noto a otra familia detrás de mí, todos parecen ser técnicos.

–¿Sabes cuántas horas entrenan?—comenta el papá refiriéndose a los luchadores de marcada musculatura.

–¡Lo hizo pedazos!— afirma su acompañante cuando Espanto Jr termina la pelea.

Finalmente los rudos ganan la pelea, más no a la afición. Se acercan hacia las gradas para saludar a sus pocos seguidores, pero una mayoría técnica los abuchea ¡Chinguen a su madre! es la grosería más usada.

En los intermedios, la música populachera (salsa, cumbia) se apodera del público por igual. Tanto técnicos como rudos bailan y cantan, desaparece su “rivalidad”.

La dinámica no es muy diferente en las siguientes cinco peleas, de hecho se repite una y otra vez. Las mujeres de la primera familia no se cansan de gritar maldiciones durante el resto de la función, mientras un señor de la segunda familia explica a su hijo de aproximadamente 5 años las reglas del juego.

–Si no levanta la espalda, pierde— dice el papá.

Después de dos horas de gritos, golpes y groserías el evento termina. El Coloso es conquistado por los rudos en tres ocasiones, a pesar de la presión ejercida por los aficionados técnicos.

La lucha libre me recuerda a las anotaciones de Carlos Monsiváis respecto de la cultura popular, en sus palabras “Cultura popular es, a la vez, el espectáculo y quienes lo contemplan […]”.

La lucha libre te envuelve porque va más allá de la pelea en el ring, el verdadero espectáculo nace de las luces, los sonidos, los vendedores, los vestuarios, las mentadas de madre y sobretodo la pasión que se vive dentro de la afición popular.  


Imagen: http://www.aztecanoticias.com.mx/notas/cultura/74108/rinden-en-biarritz-homenaje-a-lucha-libre-mexicana

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