Una oscuridad normalizada

Por Aarón Rojas

 

Vivimos bajo un manto de oscuridad, uno que nos ha cubierto desde hace muchos años, los suficientes para hacernos creer que lo que vemos es luz y no sólo una adaptación de nuestras pupilas a la oscuridad imperante a la que nos condenaron a vivir.

Esta oscuridad, se hace presente en cada uno de nuestros actos, en cada una de nuestras más bajas pasiones; entendiendo esto como un modelo exitoso que se ha repetido constantemente y del que nos es imposible escapar por nosotros mismos. A veces, estamos tan envueltos y acostumbrados a vivir bajo esta oscuridad, que no somos capaces de notar la diferencia entre ésta y la luz.

Cuando nos encontramos perdidos en la incertidumbre de la penumbra, dejamos de lado muchas cosas que nos eran importantes, incluso, somos capaces de destrozar a aquellos que nos han acompañado siempre y nunca han desistido en su empeño por que alcancemos la luz.

Muchas veces estas personas se alejan, hartos ya de la negativa que se tiene por salir de las sombras. Pero si éstas han de quedarse, es por dos razones: la primera y más obvia, es el grado de aprecio o amor que se  tiene sobre la persona infestada de oscuridad; la segunda, es mucho más fuerte, es un vínculo inquebrantable que impedirá la rendición de la persona frente la oscuridad.

Muchas veces, quienes luchan por alejarles de la oscuridad son menospreciados, pensando que tal vez, sólo buscan un interés particular y no lo hacen por las razones que dicen hacerlo, se les hace a un lado y buscan las forma de rechazarlos; el propósito de esto, es que esa persona pierda el interés y se aleje, que permita vivir al cobijo de lo lúgubre. Pero si los esfuerzos por alejarle no son suficientes o nunca rinden frutos, es porque el  cariño y la luz son más fuertes que las fuerzas que buscan apoderarse de la persona.

Nos hemos acostumbrado, por tanto, a dejar que otros libren nuestras batallas, nos es incapaz poder levantarnos pos de nuestros propios ideales, sueños o anhelos y esto es consecuencia del avance de la oscuridad, que deja de estar aislada para compenetrar hasta nuestras más sensibles fibras; esto se da gracias a la falta de voluntad por parte de aquellos que se dejan consumir por las sombras, dando paso a algo distorsionado, que no deja de tener luz y voluntad, pero que tampoco hace nada para librarse de ella.

Hay veces en que es difícil seguir la batalla para aquellos que se han propuesto luchar y defender a sus seres queridos de la oscuridad, esta dificultad es resultado de la falta de interés que se hace presente en aquellos que se pretende proteger. Es entonces cuando se pone a prueba la fuerza de voluntad, pues aun en contra de todo pronóstico, se lanzan a la batalla, teniendo como única recompensa, la promesa de cambio e iluminación.

Debemos aprender a distinguir la oscuridad y la luz, lo bueno de lo malo.

En ocasiones es difícil verlo pues se  ha vuelto una práctica cotidiana, muchas veces se considera una pérdida de tiempo buscar la luz, ahuyentar la oscuridad cuando apenas empieza a apoderarse de ciertas personas o lugares, dado que la cotidianidad ha hecho que se pierda importancia en aquello que debería ser una práctica cotidiana, la de actuar con rectitud.

Es pues una lucha de todos los días, que puede parecer pesada, o incluso hasta agobiante, el hecho de pensar que se encuentra uno solo peleando contra el mundo de sombras y penumbra que lentamente se va apropiando de todo lo que amamos; impotencia al saber que uno no puede contra la vorágine de desilusión lograda por la normalización de esta oscuridad o llegar al punto donde no se busca combatirla al considerarse algo inútil.

Yo llamo a no desistir en esta batalla, que aunque angustiante y a veces muy exhaustiva, una vez que se logra se consigue la máxima satisfacción que puede tener cualquier ser humano, la de saberse complacido por una labor lograda, la de haber cumplido con la obligación moral y ciudadana de hacer el bien en todo momento.

Muchos podrán pensar que no es mucha la recompensa, que no vale la pena luchar por algo tan vano y sobrevalorado como el agradecimiento de otra persona, o incluso el hecho de no recibir nada por la labor ofrecida. Pero uno no debe obrar siempre para conseguir algo material o que se le devuelva de inmediato la acción ofrecida, sino, por lograr una cadena de satisfacción humana interminable.

Se debe siempre buscar lo mejor en cada una de las cosas, pero sobre todo, en cada una de las personas, muchas veces puede resultar imposible, pero nunca se debe olvidar que si hay un motivo para alejar las sombras, siempre se podrá encontrar la luz que ayude a continuar la lucha.

Llamo a nunca desistir y siempre luchar por alejar la oscuridad de donde se encuentre, aunque muchos puedan creer que es parte de ellos, si se quiere a alguien se pude sacar de la más pequeña chispa una llama que le ilumine y le haga saber que puede seguir otro camino.


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