Una constitución centenaria pero inaplicable

Por Arturo Castañeda Fernández

Ciento un años han pasado ya desde que la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos vio la luz por primera vez y, ante la edad de la misma, muchos constitucionalistas han manifestado su opinión en torno a la pertinencia de crear o no una nueva Carta Suprema. De entre todas las posturas existentes podemos advertir, cuando menos, cuatro vertientes: a) la que defiende la Constitución al considerar que no es necesario ningún tipo de modificación; b) la que pretende reescribir la Norma Suprema para organizarla; c) la que opta por realizar reformas esenciales (sin que ello implique crear otra Norma Fundamental); y d) la que justifica la creación de una nueva Constitución.

Desde un punto de vista personal, considero que lo correcto es crear una nueva Constitución, debido a que la condición de la actual es inadecuada, tanto por su origen, como por las múltiples y exageradas reformas que ha sufrido; modificaciones que más allá de obedecer a cuestiones de trascendencia han sido consecuencia de los caprichos de cada presidente, como si se tratara de un simple plan de gobierno que determina una acción a seguir.

La Constitución posee varios problemas formales tales como vaguedad, ambigüedad, antinomias, lagunas, demasiada especificación, incoherencia, ausencia de sistematización, presencia de disposiciones duplicadas, uso variable e inconsistente de la terminología, profundidad en la regulación, desorden y exceso de reformas; problemas que complican su aplicación, interpretación y efectividad.

Hasta el día de hoy son 706 las reformas que ha tenido la Carta Magna mexicana a lo largo de 101 años.

A partir del presidente Luis Echeverría Álvarez, los cambios se han acelerado, y cada gobernante que pasa modifica mayor número de veces la Norma Suprema que su antecesor, dando como resultado una excesiva regulación que genera confusión y desorganización.

Nosotros pensamos que el lenguaje Constitucional debe estar expresado de la forma más inteligible para que pueda ser entendido por todos. No debe generar ambigüedad ni vaguedad, necesita ser sencillo y unívoco, asequible y conciso; requerimos claridad y precisión lingüística.

Aparte de los problemas formales que tiene nuestra Constitución también podemos advertir la existencia de problemas teóricos, debido a varias razones; la primera, porque desde su creación representó sólo ideales del grupo vencedor (contrario a la idea de conformación plural); la segunda, porque si bien es cierto contiene una gran variedad de principios y valores, no manifiesta un objetivo claro a seguir (lo cual genera confusión); la tercera, porque no fue una Constitución pactada por todos los grupos (contrario a la idea actual de representación democrática); la cuarta, porque más allá de ceñirse o crear una ideología para regirse, considera más valioso el aspecto histórico (no implica que no deba considerarse la historia en la creación normativa, pero esta no debe ser la única referencia en la creación del derecho); la quinta, porque los cambios han modificado muchos aspectos de su esencia, ya no es la misma de antes, y ello se debe a las reformas innecesarias e inconscientes que se realizan en cada sexenio; y por último, porque no es una Constitución que sea cercana al pueblo ni que le otorgue el verdadero poder que merece.

Sin duda, la Constitución ya no es la misma que juró el Constituyente de 1917. De los 136 artículo que tiene la Carta Suprema, sólo 22 no han sido modificados, lo cual habla del 16.1% del total, de los cuales, midiendo la extensión pertenece apenas al 3% de la misma. Ahora, de esos 22 artículos, 13 son iguales a los de la Constitución de 1857, de manera que sólo 9 de los preceptos originales aportados por el constituyente de 1917 permanecen sin alteración. Asimismo, la diferencia (entre la Constitución de 1917 y en la actual), de extensión y diferencia de palabras es de 65 447 y 10632, respectivamente. La Norma Fundamental mexicana ha sido sometida a un gran número de reformas; su rigidez jurídica resultó ser flexibilidad real. El artículo 73, por ejemplo, ha cambiado 78 ocasiones, incluso se ha llegado al extremo de reformarlo, hasta cuatro veces por año. Los cambios si han sido sustanciales, tales como los artículos: 3, 5, 6, 26, 27, 28, 41, 59, 69 y 130, entre otros; situación que complica gravemente la condición de nuestro pueblo.

No pretendemos decir que la Constitución deba ser estática, pero debemos tomar en cuenta que la frecuencia y la amplitud de las reformas constitucionales no indican, por sí mismas, la existencia de una evolución social.

Por desgracia, la Constitución padece problemas de aplicación constitucional. Si comparamos el modelo ideal que se encuentra en nuestra Constitución con la realidad social, política, económica, jurídica y cultural que vivimos, nos daremos cuenta de que existe una gran distancia entre ambas, lo cual, nos da cuenta de que la Constitución de México sigue siendo un catálogo de buenos deseos.

Nuestro país ya no es el mismo de hace diez o veinte años, y mucho menos, el de hace cincuenta o cien años, puesto que las características de vida han cambiado. Nos enfrentamos a otra realidad que trae consigo nuevos problemas y nuevas necesidades, las cuales, por desgracia, no pueden ser combatidas ni resueltas por la Constitución actual, debido al desgaste de la misma; debemos ajustar el Pacto Federal para que sea capaz de imponerse en el medio. Comprendamos que no podemos usar las mismas respuestas si las preguntas ya han cambiado.

No tenemos otra opción, debemos transformar urgentemente a nuestra Constitución. Pero, más allá de ver la necesidad de cambio como una obligación, tenemos que considerarla como una oportunidad para reorganizar y unir a la nación; para renacer desde las cenizas, para sentar las bases de la armonía y, sobre todo, para edificar los cimientos del progreso y de la evolución mexicana. La idea no es quejarnos de lo que estamos obligados a hacer, sino, comenzar a pensar que utilidad tendría la creación de una nueva Carta Fundamental.


Imagen: https://lareddesanchezponton.files.wordpress.com/2014/02/ricardo-la-constitucion-ha.jpg

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