Un vacío de Volpi

Por Fernando Rocha

Jorge Volpi duplicó al mal. Creó una República de tinta con su justicia de pólvora, sus borborigmos migrantes y su cacería de hímenes. ¡Denuncio su osadía!, pues volvió a exiliar los párrafos al desmigajar a la novela en versos. Que el lector lo arreste con sus pestañas, si es que antes no se despeña del libro al pensar esta obra.

Las elegidas, rememoración de los crímenes de prostitución de los hermanos Julio, Tomás y Luciano Salazar Juárez, es otra obra literaria permeada por la incredibilidad de su contexto y con responsabilidad sociológica o periodística. Y es que ¿el mal necesita a la ficción para ser real? La literatura, más que pensar la realidad, la recrea, por lo que esta novela podría ser un renacimiento para el lector. Mas el lector puede salir indemne de la última página, puede sobrevivir. Esta posibilidad aqueja a la obra de Volpi. La historia es una deliciosa fotografía del mal, pero es una fotografía. La imaginación sólo irradia de las estrofas, de las metáforas, de la forma. El Chino, la Salvina, el Gringo son personajes que no pertenecen a la literatura sino a quienes representan, y el asombro de la historia no pertenece al ingenio de Volpi sino a la perversidad de la verdad. Autor contra realidad. El autor pierde y ciñe la fantasía del lector. Los hechos criminales no dejan huecos para la perfidia o esperanza de aquél.

No obstante, la técnica de emplear versos para narrar es feraz: los ojos son corceles, las páginas apenas si son saludos, la novela es una merienda. Pero no es una lectura que fluya por una estimulación verbal, fluye por las letras flacas, franqueables, líquidas. Hay un mar de tinta y no de imaginación en esas páginas.

Mas si Las elegidas es una novela consumada y no se construye con el lector, si la imaginación sólo describe la realidad y no juega con ella, si el lector no es recreado ―pues recrear no es informar, en caso de que el lector ignore los crímenes de los hermanos Salazar―, ¿por qué es una obra literaria? Porque su naturaleza literaria no depende de su sustancia sino de su forma. La descripción, aunque no es un producto de la imaginación, ésta sí es su instrumento para existir. La estructura y la narración convierten a la descripción en una novela, en literatura. Los versos y las metáforas, la forma, reverdecen a la sustancia. Relatar el terror de los migrantes en la frontera de Estados Unidos, la prostitución dentro de un campo de fresas y las peleas de pólvora para monopolizar un crimen, metamorfosea en literatura cuando, aun dejando inmutables a los hechos, se les expresa distintamente a su realidad: el fin no es informar sobre los acontecimientos sino manifestarlos como algo mayor a sí mismos; el fin no es la verdad sino el arte.

Entonces Las elegidas es una novela que contrasta aún más la sustancia y la forma de una obra literaria. Es una sustancia árida, una forma brillante. Es un vacío provechoso. No obstante, ¿esto otorga mérito? Sólo el suficiente para reconocer su singularidad: es una obra que sobrevive a sí misma para ser literatura.


Fuente de referencia: Jorge Volpi, Las elegidas, Alfaguara, 2015, 160 pp.


Imagen: https://www.facebook.com/innocencelost.art/photos/pcb.798101670387648/798101407054341/?type=3&theater

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