¿Un tema superado?

Por Brandon Ramírez

 

La narrativa actual de nuestro gobierno ha dejado de lado lo que el sexenio previo fue una constante: la guerra contra el crimen organizado. Los homicidas en el país han tenido un repunte en los últimos meses, y siguen existiendo zonas muy conflictivas aun hoy día, y el tema sigue estando presente en buena parte de la cultura popular, aunque con un poco menos de intensidad. Hubo un tiempo en que gran parte del cine nacional se enfocaba en dicho tema, por ejemplo, y hoy día está muy ausente en esta esfera, aunque se mantiene en la música y televisión.

Vivir durante varios años en un ambiente de violencia cotidiana, donde la delincuencia organizada está presente en diversas actividades de la vida social, donde el cultivo y venta de drogas es una actividad económica relevante y de cierta forma permitida, es normal que se naturalicen ciertos patrones de comportamiento asociados a estas prácticas en el resto de la sociedad que no participa de estas directamente.

Cuando más de un grupo busca participar de un mercado local y apropiárselo, la confrontación es algo inevitable, cuando una suerte de alianza es imposible, una escalada de violencia buscando persuadir al contrario de retirarse de la disputa escala de forma constante.

Si a esto sumamos la presencia mediática a nivel nacional de todos estos patrones culturales que en conjunto conforman eso que algunos llaman narcocultura: donde la riqueza y poder se identifica con el narcotráfico en una realidad social que hace sumamente difícil conseguir movilidad social por medios legales, es también normal que se formen aspiraciones en los jóvenes de formar parte de esta corriente.

Los medios presentan la realidad del país de forma simple y no necesariamente matizada para comprender la lógica de la violencia asociada al crimen organizado. Uno cree, tras leer y escuchar estas expresiones, que el discurso oficial realmente capta la realidad del país, o al menos de estos puntos donde la violencia a este nivel es cotidiana.

En buena parte del norte, y de las costas, es donde los mayores líderes conformaron sus cárteles y se confrontan por eso que en el argot mediático en torno al narcotráfico se llaman plazas; pero en todo el país se han tomado algunas narco prácticas (quizá porque aunque se niegue el crimen organizado tiene, de hecho, presencia en esos lugares donde se niega oficialmente), desde la música, religiosidad, o patrones de consumo.

Uno de los problemas principales es que algunos investigadores asocian a los países de la América Latina es la corrupción. Un sistema de justicia débil, que estuvo subsumido al ejecutivo durante los años del partido hegemónico y presidencialismo del siglo pasado, aunado a una sociedad que no respeta las normas mínimas de civilidad y legalidad, como respetar semáforos, no tirar basura, respetar cruces peatonales, etcétera; junto con un cuerpo policiaco al que la ciudadanía no tiene confianza y al que se asocian actos arbitrarios con el único fin de alimentar la corrupción, no puede ser un ambiente en el que por decisión de un gobierno se puede detener o reducir a niveles normales este tipo de crimen organizado.

Se habla desde hace mucho tiempo de la cercanía al mercado estadunidense, el acceso fácil a armas de calibre grueso en el mismo, y demás causas externas este repunte en las actividades criminales asociadas al narcotráfico, sin embargo, si no fuera este tipo de delincuencia, ante las condiciones previamente descritas, parecería lógico pensar que todas las personas que hoy engrosan las filas del narcotráfico lo harían en alguna otra actividad ilegal que les permita generar expectativas de desarrollo personal y movilidad social.

Durante el sexenio previo se señaló mucho al narcotráfico, pero aunque se hubiera logrado estos años, por la fuerza, reducir los niveles de violencia que se considera que éste provoca, todas las personas que de él participan y sus aspirantes potenciales buscarían nuevos espacios de desarrollo personal. Cierto, si el negocio criminal ya no es tan lucrativo, se podría pensar en viejos esquemas como la migración o el mercado comercial informal, pero de no mejorar las condiciones en general de la sociedad mexicana, la debilidad del Estado actual para enfrentar lo ilegal (dentro de la lógica del Estado de promedio), un panorama diferente no parece vislumbrado pronto.


Imagen: http://centrodeamerica.net/wp-content/uploads/2017/03/Crimen-.png

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