Un río de sangre

Por Driveth Razo

A lo largo de la historia de la humanidad nos hemos encontrado rodeados de conflictos bélicos, guerras entre naciones y peleas entre personas. Ha pasado el tiempo, hemos avanzado en diversas áreas, logramos crear un idioma y aprender a escribir, hemos aprendido a tratar enfermedades y también a crear armas…

La vida diaria se encuentra rodeada de incertidumbres, sorpresas y rutinas. Los días pasan y cada vez el sueldo alcanza para menos, hay menos oportunidades de empleo y este ya no está garantizado como tiempo atrás. A causa de esto, muchos se quedan desempleados. A los adultos mayores no se les da la oportunidad de trabajar y muchas veces la pensión –si es que tienen– no les alcanza para mucho. A los jóvenes a veces se les discrimina debido a su falta de experiencia laboral sin que se les dé la oportunidad de probar lo contrario.

La desesperación se huele en todos lados, no hay dinero y el dinero es lo que hoy en día nos permite sobrevivir… Nos damos cuenta que trabajar no sirve de mucho cuando los sueldos son muy bajos. Sin embargo, también nos damos cuenta que hay formas más fácil de alcanzar la estabilidad económica que tanto deseamos.

La discriminación se ha vuelto parte esencial de nuestras vidas. Las ganas de ser el mejor y que todos te respeten es el diésel que alimenta el motor llamado perseverancia. Dominar a los demás y que estos sean los que te sirvan es un sueño anhelado en secreto pero que en los momentos menos esperados se asoma. Para lograr todo lo anterior es necesario que nos remontemos a nuestros instintos más primitivos de supervivencia: la agresividad.

La agresividad, según Baños, es lo que siempre ha sido parte de nosotros y es una característica comportamental adaptativa. Esta agresividad al permearse de cultura, la mediadora entre el hombre y el ambiente en que se desarrolla, es la que se convierte en violencia, un simple efecto de agresividad. La violencia se llega a reproducir por distintos motivos y en distintos momentos. Se reproduce cuando dejamos acumulados muchos sentimientos negativos a tal grado de que llegamos a explotar en el momento menos esperado. Surge a partir de la desesperación, la arrogancia, el sentimiento de superioridad, de derecho o de pertenencia sobre otra persona… A veces dejamos que nuestra mente se cegué y de rienda suelta a nuestros instintos más primitivos de violencia.

La violencia a pesar de ser la liberación de toda la acumulación de estas emociones, causa dolor. Vemos como nuestros seres queridos son tragados por la violencia o son creadores de ella. El ser humano tiene dos opciones, ser agresor o ser el que recibe las agresiones. Siento que en estos casos no hay una escala de grises en la que uno se pueda refugiar…

La violencia, al ser parte de nuestro ser, es imposible de erradicar o de romper su círculo vicioso. Siempre has estado y estarás dentro de ella, ya sea sufriéndola o creándola, e incluso perteneciendo a dos círculos distintos, uno donde la realices y otro en el que la recibas. Tal como escribí tiempo atrás antes de leer al antropólogo Baños:

A lo largo de la historia, las manos manchadas de sangre han sido parte de la naturaleza del hombre. Está en nuestro instinto, en nuestro ser. A pesar de todo lo que hemos logrado como los avances en medicina, la tecnología con la que contamos, la vida que llevamos, los valores que nos han inculcado; no ha sido razón suficiente para poder eliminar esta parte de nosotros […].

No nos detenemos por nadie, por nada y ante nada. Sólo somos simples animales que aparentamos ser civilizados pero que dentro de nosotros se encuentra ese deseo homicida que se ha ido pasando de generación en generación […].

Queremos ocultarlo, queremos huir de ello, pero no podemos. A pesar de los años que llevamos sobre la tierra, el ser humano sigue sin comprender o mejor dicho, sigue sin querer comprender que no se puede erradicar una parte esencial de nuestro ser. No se puede eliminar algo que durante miles de años funcionó como regla básica de supervivencia […].

(¿Es posible rendirse a nuestra naturaleza?, 2017)

Además, tal como lo mencionó Baños en su momento: Debido al desarrollo de su cerebro, el hombre ha sido capaz de compensar su falta natural de características físicas que le permitieran manifestar su potencial agresivo y defensivo mediante la invención de armas. Cualquier individuo, en pleno uso de sus facultades mentales,  es capaz de cometer un acto violento independientemente del nivel de agresividad que sus genes determinen. Es por esto y más que no creo que la violencia se pueda erradicar, sin embargo creo que es posible mediar.

Es aquí donde las ciencias sociales fungen un papel importante. Las ciencias sociales te ayudan a comprender que hay detrás de las acciones del ser humano. Comprenden el porqué del actuar de dichas personas. A través de las ciencias sociales, como la psicología, se pueden responder a diversas interrogantes ¿por qué algunos reaccionan de manera más agresiva a ciertos estímulos que otros?, ¿por qué se deja manipular tan fácilmente?, en fin. Puede que se deba a que algunos padezcan alguna enfermedad mental. Otra respuesta, proporcionada por otra ciencia llamada etnografía, sería que no es debido a una enfermedad mental, sino que se debe al ambiente en el que creció dicha persona. Puede que haya crecido en un ambiente no apto, donde la única forma de supervivencia era a través de la violencia. Podremos encontrar mil respuestas a cada interrogante, sin embargo, eso no cambia la realidad. Cada vez nos estamos sumergiendo más y más en ese río de sangre, estamos empapándonos de él. A pesar de que está en nuestra naturaleza, no significa que no podamos frenar su avance. Todavía hay posibilidad de permanecer en la orilla, de mojarnos simplemente con el chapoteo de los peces que nadan en ese río. Después de todo, la dirección de los pasos que demos es la que nos alejará o nos acercará a dicho río.


Imagen: http://oxlackinvestigaciones.com/tag/rio-de-cinco-colores-c/

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