Un problema que persiste

Por Brandon Ramírez

Aunque es un tema que no ocupa ya demasiado espacio en los medios, en los últimos años, la violencia en nuestro país ha vuelto a repuntar en muchos estados. Mucho se dice que a lo largo del año se conoció en la Ciudad de México asociado a narcotráfico y violencia, intereses políticos con vista a las elecciones del próximo año, lo mismo podía decirse en otras entidades y con otros actores, pero el hecho de la violencia y la presencia de organizaciones criminales es una realidad que esta ahí, aunque sólo se haga pública con un interés de trasfondo o no.

La “guerra” particular que nuestro país comenzó a librar hace ya una década manifestó la debilidad institucional de nuestro Estado para garantizar su función mínima, que es el monopolio legítimo de la violencia. Ni las policías ni el ejército son los únicos cuerpos armados dentro de nuestra fronteras, ni los únicos que en exclusiva pueden hacer uso de la violencia con cierta legitimidad, en muchas regiones los grupos criminales que hacen uso de la misma son visto por las comunidades con algún grado legitimidad; incluso en otros casos, como los asaltos o crímenes que se efectúan en el transporte público o las calles y terminan con un disparo de alguna de las víctimas a los agresores son calificados por muchos como un uso legítimo de la violencia.

La guerra contra la inseguridad se da en todo el mundo, aunque el escenario es distinto según el grado de institucionalización que tengan los cuerpos de seguridad. En nuestro país se obvió el tema, y desde la segunda mitad del siglo XX, cuando se conformó el PRI, se sacó de sus filas el sector militar presente en el PNR y PRM, y se buscaba bajar el perfil de los militares en la vida nacional, a la vez que se tornaba como prioridad otras áreas ajenas a la seguridad, como el cambio de modelo económico y la liberalización política del país.

Ese contexto dio paso a que los vacíos dejados por esta desocupación en donde las instituciones gubernamentales llegaban, fueran ocupadas por organizaciones criminales, que tras la confrontación abierta en la que entraron a partir de 2006, se fortalecieron en cierta medida. Los nuevos frentes de batalla y las armas con las que se lucha no son totalmente necesariamente de fuego, en muchos casos son invisibles, se hacen parte del paisaje, lo que contribuye a “normalizar” el estado de emergencia en el que se vive.

Pero esto no es algo exclusivo de nuestro país la sensación de inseguridad constante. Todo lo anterior ha traído repercusiones en el estilo de vida alrededor del mundo, ya sea por el terrorismo doméstico o externo, por la discriminación manifestada en racismo o xenofobia que motiva a muchas personas, etcétera. Las ciudades que fueron construidas como espacios para brindar seguridad en todos sus sentidos, se ha vuelto el centro de la inseguridad. La concepción del espacio urbano como sinónimo del progreso ha cambiado, tampoco se asocia ya al campo con el atraso, sino como un lugar de “descanso” fuera de la ciudad, que bien pueden entenderse como los frentes de batallas contemporáneas de la modernización de unos contra otros.

En algún momento, al finalizar las guerras, las ciudades fueron creadas como espacio de refugio, era un espacio en el que se encontrarían oportunidades de crecimiento y sobre todo de seguridad. Sin embargo, ahora es el campo el que representa un espacio tranquilo y más seguro en comparación con las ciudades. “Nuestras ciudades están dejando rápidamente de ser un refugio frente a los peligros y se están convirtiendo en la principal fuente de ellos como escribió Zygmund Bauman. Aunque en nuestro caso bien cabe la duda.

Hay necesidades materiales y algunas que podemos llamar postmateriales. Las primeras tienen que ver con lo mínimo indispensable que se necesita para vivir, que en nuestro país un porcentaje altísimo no puede cubrir. Las postmateriales tienen que ver más con reivindicaciones o agendas como las del ambientalismo, animalismo, etcétera. Pero que en un país democrático tan insertado en el mundo globalizado como el nuestro, que no se pueda garantizar lo más básico, que es la seguridad, el que no se sienta la posibilidad de no ser víctima en cualquier momento, en muchas regiones del país, es algo que no se puede obviar.


Imagen: http://elminnesotadehoy.com/wp-content/uploads/2015/09/Crimen-.png

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