Un laboratorio viviente

Por Aarón Rojas 

 

He de confesar que no hay nada que odie más en este mundo, que ver, leer o escuchar las noticias. Y es que, bien lo dice mi santa madre, hacer eso y más en la noche mientras cenas o te preparas para ir a la cama, es masoquismo.

Pues solo basta con ver los famosos “avances” que se dan minutos antes de empezar, para traumatizarte y tener pesadillas de aquí hasta la próxima navidad, y más si ya vimos que ni en año nuevo se salva uno de catástrofes.

Dado el excelente estado en que se encuentra la política global, es fácil darnos cuenta que los ciudadanos de todo el mundo intentan ver con qué se sienten más cómodos o protegidos, escuchan, a veces no con la atención debida, y luego toman decisiones basadas en lo que los acongoja al momento de su elección, causando con ello, calamidades de proporciones bíblicas y que muy difícilmente habrán de arreglarse con prontitud.

El año pasado, como ya lo había mencionado antes, fue uno donde se demostró que los ciudadanos tienen en verdad el poder de cambiar su situación, el problema fue que molestos e inconformes, solo lograron marcar una fuerte diferencia de pensamientos; esto mismo ocasionó un fuerte enfrentamiento que afectó, incluso, los más sólidos núcleos familiares. Pues por más homogénea que sea una familia, el año pasado, hubo para tirar arriba, en cuestión de temas polémicos.

Sin duda, esto debe ser causa de grave preocupación, de modo tal que, es imposible predecir cuál será el origen de una nueva confrontación. Y como somos incapaces de advertir el actuar de las sociedad con veracidad, todos los días amanecemos con incertidumbre, pues podemos despertar con una noticia estremecedora que se tomó, o bien mientras descansábamos o en algún país del otro hemisferio global. Por supuesto que debemos tomar precauciones antes que traumatizarnos y quedarnos paralizados.

Algunos podrán preguntarse qué es lo que los ciudadanos de a pie podemos hacer ante tan caótica situación. Pues, en lo individual, lo único que podemos hacer es prevenir, tomar nuestras precauciones. Aunque existe una solución un tanto más efectiva, pero claramente, inconcebible, si lográsemos unirnos como sociedad, sería muchísimo más fácil volver a tomar el timón en cuanto a las decisiones que nos afectan.

El problema es que, ante una sociedad dividida por la duda y el enojo, por la incertidumbre y la disparidad, sería prácticamente imposible unirnos y aun más, el actuar en conjunto, pues nunca faltaría alguien que quisiera contravenir el orden y creerse un Moisés moderno, solo para obtener un poco de atención, afectando a las mayorías, por ello, considero que no tenemos más alternativa que actuar con sensatez con respecto a escoger a nuestros líderes.

¿Por qué debemos preocuparnos por todo esto?

Desde hace ya bastantes años, se han implementado versas medidas paliativas, para resolver una infinidad de problemas diferentes, en tanto que esto se lleva a cabo de manera autoritaria, se hace creer a las mayorías que están haciendo un bien generalizado, sin que esto logre verse o verificarse de manera alguna. Pero todo esto ocurre ante nuestros ojos y en ocasiones, lo hacen abierta y cínicamente, incluso hasta nos advierten sobre los riegos y medidas que se van a tomar.

Pero ante la pasividad y conformismo de las sociedad, solo se ha logrado que este tipo de actitudes sean cada vez más evidentes y cínicas, no se hace nada para evitar un incremento de poder desmesurado, y aún más, se ataca y ridiculiza a quienes quieren hacer un cambio en el sistema. Pues se han acostumbrado tanto a vivir subordinados que les asusta la libertad. Aún cuando se clama por libertades, muy dentro, se anhela esa sumisión que les quita responsabilidad a sus acciones.

No puede negarse que en la mayoría de las personas esto es así, por ejemplo, se busca la libertad mediante líderes que hablan de un cambio, pero que tiene claras tendencias dictatoriales y despóticas, esto es porque lo que se busca es una libertad controlada y no una absoluta. Y cuando ven a lo que les ha llevado su terquedad, les da miedo salir, por miedo a ser libres. Pero esto es una exclusividad de países poco desarrollados y donde la educación se encuentra limitada, pues es fácil engañar al que no sabe.

Pero es aún peor, cuando, teniendo la capacidad de elegir, aliguen nuevamente aquello que les afecta, que les hace daño, que no les permite desarrollarse plenamente. Entonces, aquellos que ostentan el poder, se ponen a trabajar, pero no por el bien de los demás, sino, que empiezan a experimentar con diversos métodos y estrategias que les den un margen de acción más duradero, unos deciden reprimir, otros les dan libertad con educación, otros más educación sin libertad y un largo etcétera.

Entonces los gobernados, dejamos de ser humanos, para convertirnos en algo mucho más oscuro y perverso, nos convertimos en experimentos, nos deshumanizan para hacer de nosotros un gran laboratorio viviente y dejan de esforzarse por mejorar, si eso no es parte del plan de trabajo.

Ante esto, debemos enfocarnos a focalizar los rasgos de una sociedad “laboratizada” y juntar voluntades para, en la primera oportunidad, rechazarlos y buscar la salida de la verdadera libertad, y no tener miedo de ella.


Imagen: http://farmaciamarcos.es/wp-content/uploads/2013/01/DSC_7276-comp.jpg

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