Un instante de libertad dejando mi zona de confort

Por María Fosado

 

Llevo tiempo deseando un momento para poder dejar todo lo que me hace infeliz.

Nada es perfección absoluta, pero creo que existen momentos que recordaremos por siempre, aun cuando los queremos olvidar, los tenemos presentes en nuestras vidas porque nos hicieron aprender algo.

Me considero un alma libre, mi naturaleza es vivir sin ataduras de nada ni de nadie.

Si algo he aprendido en esta vida es que nadie nos pertenece y tampoco le pertenecemos a alguien.

He pasado por momentos en los que quisiera que todo quedara en pausa, para poder disfrutar de mi propio ruido y espacio.

Soy de esas personas que puede soportar muchas cosas, pero llegará un momento en el que no podré más con todo y querré escapar.

En la búsqueda de mi ansiada libertad, me di cuenta que solo intentaba lograr algo que en el fondo sabía que no iba a suceder mientras yo estuviera insistiendo.

La libertad la considero como la felicidad. No creo en la felicidad absoluta, creo en los momentos en los que puedo ser feliz, a ratos y no es para siempre.

Con el tiempo he aprendido que la felicidad no es una meta, sino un estado de ánimo que se manifiesta en el momento que queramos.

Aquellos que se la pasan buscando la felicidad pero siempre se quejan de todo, lo que les sucede es que nunca consiguen lo que desean.

Si pudiéramos entender que la felicidad puede ser un estilo de vida y no una simple meta, lograríamos todo lo que deseamos.

Tal vez ahora tú tengas una idea diferente a la mía, y está bien. Creo que la libertad y el hecho de sentirse libre, también ocurre a ratos.

Me he dado cuenta que mientras más buscamos algo, es más difícil encontrarlo, porque a veces eso que buscamos no nos pertenece.

Por momentos he podido saborear la libertad, he llegado a sentirme yo misma, mostrándome como realmente soy. Digo esto porque, a veces solemos proyectarnos hacia los demás sólo con esa parte de nosotros que damos a conocer y no con aquello que a veces escondemos.

Creo que para poder lograr ser libre o ganarnos esa libertad que queremos, debemos primero aprender a cultivar la confianza, tanto en nosotros mismos como en los demás.

En estos días me han pasado cosas buenas; he visitado lugares bonitos, he convivido con diferentes personas y he aprendido a ser tolerante.

Cuando me encuentro lejos de casa y de mi familia, no importa cuánto tiempo sea el que pase lejos del círculo en el que acostumbro a estar, siento un logro importante, como si fuese un pasito más en mi vida y me dijera a mí misma “¡lo estoy haciendo bien!”. Siento que puedo “desintoxicarme” de todo aquello que me asfixia, de todo lo que me hace sentir mal conmigo misma y olvidarme por un rato de lo que va mal.

Hablemos de la zona de confort, esa donde hay a quienes les da miedo arriesgarse a hacer las cosas porque temen a lo desconocido.

Es muy cómodo seguir la rutina de todos los días; trabajar, ir a casa, estudiar, hacer lo mismo de siempre. Pero con el tiempo te das cuenta que cansa, que ya nada es igual, que te hartas porque todo se vuelve monótono, aburrido y necesitas escapar.

Cuando decidimos darnos un pequeño respiro, aventurarnos a hacer lo que se nos ha dicho que es indebido, que no es lo correcto, es cuando nos sentimos libres y salimos de la zona.

Cuántas personas no conoces que siempre se la pasan haciendo de sus vidas lo mismo y hasta da flojera hablarles porque sus vidas nos parecen de lo más aburridas. Incluso nosotros mismos nos hemos llegado a convertir en ese tipo de personas.

A veces tenemos que arriesgarnos a hacer eso que nos parece ilógico, que nunca imaginamos que podríamos llegar a hacer porque de eso salen las mejores experiencias.

Yo también he sentido miedo de hacer algo, pero cuando me atrevo y tengo el coraje de decidir, sé que todo estará bien.

Esto no quiere decir que debamos decir siempre sí a todo, es importante poner límites.

En lo personal, yo utilizo un método que me parece fascinante poder ponértelo de ejemplo; para que la próxima vez que sientas ganas de querer hacer algo que deseas pero en el fondo existe algo dentro de ti que te impide hacerlo, esta técnica te ayude a tomar la mejor decisión.

Dentro de nosotros existe una energía que hace una función en nuestro cuerpo, se ubica en la zona del plexo solar y está conectada con el corazón. Es como si tuviésemos presentimientos respecto a algo.

Cuando no sepas qué decidir en algún momento, pregúntate lo siguiente: ¿qué es lo que realmente quiero hacer? ¿De verdad deseo hacer esto? ¿Me hará feliz?

Obviamente hay momentos en los que todo pasa tan de prisa que ni siquiera tenemos tanto tiempo para ponernos a pensar en estas preguntas y cuando sucede eso, lo más fácil y rápido que puedes preguntarte es: “¿en verdad quiero hacer esto?”

En ambas situaciones sentiremos una respuesta en el plexo solar que nos ayudará a encontrar la respuesta, si sientes un dolor en el estómago quiere decir que no es una buena decisión; pero si esa energía te hace sentir bien, tu corazón late y hasta sientes bonito en el estómago; es decir, es una buena decisión.

La próxima vez que sientas que necesitas una respuesta, realiza este ejercicio. Es por eso que dicen que si no sabes lo que quieres, debes pregúntarle a tu corazón lo que quiere.

¡Y atrévete a hacer las cosas que te gustaría hacer! Sal de tu zona de confort por un momento y comenzarás a descubrir un cachito de liberta que existe en ti.

 


Imagen de: https://www.flickr.com/photos/unfocusedsmiley/

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