Un horizonte poluto

Por Brandon Ramírez

 

No deja de ser un tema los niveles de contaminación que sobrevuelan la Ciudad de México (CDMX) en esta temporada (desde hace mucho tiempo, pero con un mayor nivel este año). La decisión que se tomó en el corto plazo fue modificar temporalmente el programa “Hoy No Circula” para los automóviles. Sin duda el uso excesivo de los vehículos ha empeorado la situación. Según la Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX¹, 46% es producido por los medios de transporte contaminantes,  21% por las industrias y  20% por los hogares, dejando el resto en una categoría “otros”.

El automóvil particular en nuestro país, más que un medio de transporte más parece ser “El” medio de transporte ideal. La aspiración de muchos sigue siendo el comprar un coche (recuerdo la campaña de Vicente Fox en 2000, y aquella frase de que todos los mexicanos tendrían un “vocho, un changarro y una tele”), a veces como algo más prioritario que una casa, ya que se percibe como un elemento necesario para ser parte de nuestra clase media.

Muchos suelen decir que el problema es que esta ciudad (y por supuesto, en muchas otras del mundo) ha privilegiado, gobierno tras gobierno, el uso del automóvil. En muchas de las elecciones para gobernador en los distintos estados del país, es muy fácil escuchar entre los candidatos la promesa de “eliminar la tenencia”, por ejemplo. Se construyen más carreteras y no se invierte recíprocamente en las redes de transporte público, las calles con parquímetros son más la excepción que la regla, lo que promueve el movimiento en estos vehículos ya que su estacionamiento es gratuito. La propia licencia para conducir muchos años fue, además de barata y sin el requisito de un examen de habilidades, permanente.

El problema es producto de todos quienes habitamos la zona metropolitana de la CDMX. Es siempre fácil criticar a quienes gobiernan y señalarlos como los causantes de todos los problemas públicos; aceptar nuestro grado de responsabilidad ya no tanto, porque eso implicaría que solucionarlos implica acciones de nuestra parte. Nos quejamos de las calles inundadas, pero muchos siguen tirando basura, nos quejamos de la falta de agua en algunas zonas de la ciudad, pero no dejamos de desperdiciarla cuando la tenemos disponible, por ejemplo.

También se dice que si tuviéramos un sistema de transporte público adecuado, dejaría su automóvil y se desplazaría en éste. Sin embargo, ver que la gente se sube a su auto para hacer trayectos cortos, de 5-10 min, en lugar de caminar haciendo un par de minutos más, o en bicicleta, nos da buenas razones para dudar de que eso pasaría. Un trayecto de sur a norte de la ciudad en automóvil puede tardar más de 2 horas, mientras que, en metro, se hace 1 hora (hablando desde mi experiencia), y aun así mucha gente prefiere sufrir el tránsito vehicular y seguir moviéndose en su auto propio. Es cierto que en las horas pico el metro, metrobús y en general el transporte público, excede su capacidad, pero también lo es que el resto del día se pueden hacer viajes cómodos y eficientes en éstos y, aun así, preferiríamos el automóvil antes que éste.

La solución que más se señala como necesaria, es apostar por un sistema de transporte público que responda a la demanda que una ciudad tan grande como esta requiere: aumentar las líneas de metro y metrobús e interconectarlas; renovar y aumentar los autobuses de las distintas rutas concesionadas y promover cada vez más el uso de automóviles con energías limpias. Todo ello debe darse a la vez que cambiamos la cultura que tenemos del automóvil, quizá comenzando por encarecer su uso: con el precio de la gasolina, uso de parquímetros, el crecimiento de zonas peatonales o mantener impuestos como la tenencia.

El automóvil no desaparecerá de nuestra sociedad, evidentemente. Pero si deberíamos comenzar a considerarlo como un medio de transporte más, útil para viajes con muchas personas o equipaje, o cuando debemos trasladarnos a un lugar poco accesible por otros medios, o una emergencia. Cuando se terminen los combustibles fósiles y la mayoría de éstos no contaminen en demasía puede que se reduzca el problema de la contaminación. Sin embargo, aun seguirá el problema del tránsito, que sólo se reducirá disminuyendo su uso y su percepción como algo indispensable en nuestro día a día.


¹http://www.aire.df.gob.mx/default.php?opc=%27ZKBhnmI=%27


Imagen: http://mxcity.mx/2016/01/contingencia-ambiental-df-calidad-del-aire-la-ciudad-mexico/

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