Un día como cualquier otro

Por Driveth Razo

Estoy en el asiento del carro de mi amigo. Vamos platicando y de repente menciona una palabra, una simple palabra que no tuvo otro significado más que completar su frase, pero que para mí significó algo más. De pronto, ya no me encuentro en su coche, estoy de regreso en 2° de primaria. Mi estómago se retuerce con miedo mientras me quedo parada en el pasillo mirando como todos pasan a mi alrededor, sin hablarme, ni siquiera para molestarme. Sigo siendo esa persona ignorada por todos, esa a la que no se le mira dos veces. Puedo sentir como mi corazón se acelera, grito para que alguien me voltee a ver, trato de tocar a alguien, pero todos siguen riendo y caminando, sin pensar ni una sola vez en esa niña callada que se sienta al final del salón. Me encuentro de nuevo sola, y empiezo a hiperventilar al darme cuenta que me faltan 5 años para conocer a mi primera amiga. De repente, regreso al coche, veo otra vez la cara de mi amigo, riéndose de un chiste que no logré escuchar. Aun así me río, sólo sale una risa nerviosa, sin embargo finge no darse cuenta y sigue el trayecto como de costumbre…

Me encuentro estudiando para un examen. De pronto, las oraciones se empiezan a desvanecer, no veo ni siquiera palabras, sólo veo letras que forman otras palabras que van dirigidas a mí: inútil, loca, idiota, eres una molestia, arrimada, nadie te quiere, en fin. Sigo leyéndolas, por más que trato de enfocar mi vista nada se desvanece, en cambio empiezan a aparecer los nombres de las personas que amo, y al lado de su nombre aparece lo que ellos piensan de mí, nada bueno he de decir. No puedo más, cierro el libro y me pongo a llorar. Me doy cuenta que nunca seré lo suficientemente buena para nadie, ni siquiera para mí misma. Luego, empiezo a recordar los buenos momentos que hemos pasado, pienso que tal vez exista una posibilidad de que me quieras y me extrañes. Te marco una vez, no contestas. A la segunda lo haces, te das cuenta de mi voz y me dices “aquí estoy”. Te digo que tengo que estudiar, que luego nos vemos, me dices adiós, y puedo continuar leyendo. Otras veces, le tengo que llamar no sólo a uno, sino a muchas personas y ni siquiera así me siento segura que valgo algo. Ni siquiera así siento que me quieren tanto como yo los quiero, no creo que quisieran ponerse frente a una bala por mí, como yo lo haría por ellos.

A veces son simplemente destellos de un pasado no muy lejano, otras solo es mi mente tratando de jugar con mi presente. Me desconecto del aquí y del ahora y comienzo a vagar dentro de una mente de la que quiero escapar. Cada momento que paso en esa prisión se siente real, se siente eterno. Sé que no lo es, pero en ese momento no me puedo convencer de lo contrario. Todos los recuerdos que me esfuerzo por olvidar, regresan a atormentarme en el momento menos esperado, cuando me estoy divirtiendo en una fiesta, cuando estoy con mi familia e incluso cuando me encuentro en la ducha. Mientras que los momentos que me esfuerzo por recordar, se van desvaneciendo con el paso del tiempo, cada vez se ven más borrosos, como si fueran parte de una realidad a la que no pertenezco.

Una persona con Transtorno Límite de Personalidad (TLP), puede sufrir algunas situaciones parecidas a las descritas anteriormente. Esta es una enfermedad no muy conocida, sin embargo es una que cada vez está más presente en la sociedad.

Entre las principales causas que desarrollan el TLP se encuentra el abandono o soledad durante la niñez o en la adolescencia, vida familiar disociada (separada) o abuso sexual, físico o emocional. Las personas con TLP tienen una autoimagen distorsionada e inestable, que afecta a su estado de ánimo, valores, opiniones, metas y relaciones ya sea de amistad, familiar o amorosas. Tienden a ver las situaciones en términos extremos con episodios que duran de segundos a horas, relaciones interpersonales inestables que alternan entre idealización y devaluación, tienen un miedo intenso de ser abandonados y odian la soledad; por eso hacen esfuerzos frenéticos para que sus seres queridos no los dejen, pueden tener episodios de ira inapropiada, intensa o incontrolable, a menudo seguido de vergüenza, remordimiento y culpa. Pueden ser impulsivos lo que culmina en escenarios peligrosos como gasto excesivo, sexo no seguro, abuso de sustancias o conducción temeraria, autolesiones, sentimientos crónicos de aburrimiento o vacío, pueden auto engañarse o tenerse miedo a sí mismos. No existe un tratamiento como tal para este trastorno pero ayuda mucho la comprensión de la familia y amigos acompañado de psicoterapia individual.

Tratar con personas con TLP puede ser cansado algunas veces, pero es difícil encontrar alguien que ame tanto como ellos, ya que pueden incluso llegar a ser consumidos por tu bienestar. Su misión principal es hacerte feliz. Lo peor para ellos es que su cariño se tope con tú indiferencia u hostilidad, que sientas que es obsesión lo que ellos piensan que es preocupación y amor. Es por esto que, si no puedes seguir teniendo una relación de cualquier tipo con alguien con TLP, no la puedes cortar de repente ya que los efectos secundarios pueden ser catastróficos para esta persona. Por más que te quieras olvidar de él o ella, trata de hacerlo de una forma pausada y constante y no te desaparezcas de un día para otro, porque le destruirías parte de su mundo. Y si no te has topado con alguien que la padezca, cuando lo hagas, no huyas. Recuerda que un trastorno no define a la persona, no tengas miedo a querer y a ser querido.


Imagen: https://www.acierto.com/css/images/ac/media/seguro-coche-en-extranjero13.jpg

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