Un año más y la humanidad sigue sin cambiar

Por Arturo Castañeda Fernández

Sin lugar a dudas, el año 2017 fue uno de los más extraños y sorprendentes en la vida de la humanidad. Distintos acontecimientos -desde los naturales hasta los políticos-, se expresaron a lo largo del año, dejando un mal sabor de boca y una preocupación latente por el destino de nuestra especie.

El año comenzó agitado, la toma de posesión del Presidente de E.U.A, Donald Trump generó incertidumbre y preocupación en varios países desarrollados y subdesarrollados, debido a sus políticas radicales, cerradas y conservadoras. A partir de ese momento muchos países empezaron a cerrarse frente al mundo, dando una breve pausa (o iniciando la decadencia, según algunos pensadores), a la era de la globalización económica. Parece como si la ciclitud de la historia se estuviera haciendo manifiesta, dado que la cerrazón de las naciones de los siglos XIX y principios del XX, siguió la globalización (mediados del siglo XX) y a ésta, parece regresar de nuevo el aislamiento nacional.

Lo desafortunado es que, independientemente de que sea una economía cerrada o abierta, nunca ha estado enfocada a buscar la felicidad del ser humano, sino que todo ha obedecido a la expansión del capitalismo, generando concentración de recursos en manos de unos cuantos.

Otro acontecimiento originado en 2017 que dio lugar a la incertidumbre, desestabilidad y terror, fue la confrontación entre E.U.A y Corea del Norte, pues se ha llegado a pensar que este roce podría generar una guerra nuclear con consecuencias desastrosas para la humanidad. El hombre juega con armas peligrosas, tratando de demostrar, de forma errónea, que puede y tiene más que su semejante, y es precisamente eso lo preocupante. Parece que no se da cuenta de lo que implica. Su soberbia lo ciega y lo encierra en un tonto juego de poder.

Son ese tipo de acontecimientos los que demuestran que quizá la especie humana no es tan inteligente como pensamos, pues aún se deja llevar por sus pasiones.

Si bajamos la mirada a México o volteamos a Europa u otros continentes nos percataremos de que la historia no es diferente. En nuestro país hemos visto eventos desafortunados como crisis económica, incremento del dólar, aumento de la inflación y la violencia, inefectividad normativa (a pesar de que el año 2017 fue el centenario de la Constitución), entre otras cosas; acontecimientos que siguen en asenso por la corrupción de muchos mexicanos.

Si volteamos a Europa nos percataremos de que 2017 fue un año muy peculiar por los sucesos que se originaron. La aplicación del Brexit como un fenómeno similar al de E.U.A., en donde las economías se cierran y se alejan de la globalización; y otros en los que los regionalismos comienzan a imperar sobre la pluriculturalidad, como lo es el caso de Cataluña, que, como es bien conocido, se declaró independiente de España.

Esta situación, sin duda, puede ser el inicio de una nueva etapa en la que los organismos internacionales y los países comiencen a desintegrarse, causando concentración de poder en cada nación, que por experiencia histórica puede generar crueles dictaduras.

Ya ni hablar de lo sucedido en Israel, Irán y Siria, Venezuela, Cuba o Ucrania, claros reflejos del reparto de poder mundial a cargo de las potencias. Los países “desarrollados” no han entendido que el mundo no les pertenece.

En cuanto a los eventos naturales podremos manifestar que fueron preocupantes: extremo calor y con ello derretimiento de los polos (muerte de especies y desequilibrio animal), extremo frío, temporada de sequía seguida por una sumamente lluviosa, terremotos con pérdidas humanas, (no sólo en México, sino en varias partes del mundo), contaminación ambiental, agotamiento de recursos, etcétera. En la mayoría de estos sucesos, el responsable ha sido el hombre. La afectación al equilibrio planetario ha traído consecuencias graves.

Parece como si la naturaleza nos avisara, una vez más, que estamos actuando mal, y que debemos cambiar el curso de las cosas antes de que sea tarde. No debemos olvidar que todo lo que hagamos nos será regresado en igual o mayor proporción.

Antes de dañar, atacar, destruir, debemos recordar que la naturaleza no necesita de nosotros, pero nosotros sí necesitamos a la naturaleza.

El 2017 fue un año difícil, en gran medida por culpa del ser humano. Y si bien él es el villano de la crisis actual, no debemos olvidar que, si hace bien las cosas, puede convertirse en un brillante héroe.

No esperemos que el año nuevo, por sí solo, traiga felicidad a la humanidad, pues para que esto último sea posible tiene que cambiar el sistema y la mentalidad, no el año.

La historia no está escrita y, por ende, podremos lograr que este 2018 sea diferente. El destino lo escribimos todos juntos. Hagamos más por el mundo y por nosotros; seamos conscientes de nuestros actos, pues de ello dependerá si perduraremos como especie o no.

¡La suerte está echada!, pero las oportunidades pueden ser creadas.


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