Tre/se

Por Guillermo Alvarado

 

A continuación tres sueños que tuve en los últimos quince días.

 -La nueva sociedad

Iba camino al trabajo, no sabía en qué trabajaba, pero sabía que me dirigía a la oficina donde trabajaba. Parte del encanto de los sueños es no comprender a detalle lo que sucede y sólo concentrarse en lo suficiente para hacer que funcione la historia. Como dije, caminaba al trabajo, cruzando la alameda, observaba las plantas y su duro crecimiento en un suelo cada vez menos fértil, los árboles parcialmente secos se resistían a morir, a dejarse secar por completo. Caminaba dirigiéndome al eje central, y justo al llegar al palacio de Bellas Artes, a la altura de la entrada al metro con quien comparte el nombre el recinto de la cultura, el cielo se escureció, la gente que caminábamos por allí levantamos la vista, como si de insectos se trataran, cientos de drones de cuatro hélices y de gran tamaño, aproximadamente metro y medio de envergadura, se posaron sobre la mancha urbana, esquivando edificios y demás construcciones. Una alarma peculiar, similar a la alarma sísmica, resonaba por el centro histórico. Una voz robotizada pregonaba que siguiéramos todas las órdenes y que nos preparáramos para evacuar la ciudad. Sin importar lugar de residencia o de trabajo, en ese momento tendríamos que partir. Sin excepción, rápidamente la gente se movilizó. Muchos policías y militares aparecieron y nos condujeron al zócalo, caminando por la calle de Madero vi negocios vaciarse, había algunas grescas entre personas, pero todo era disuelto rápidamente por la policía militar que no perdía un segundo en vigilarnos, caminábamos con expresión de temor, un temor que crecía a cada paso que nos acercaba al zócalo.

En la plancha se había montado un enorme carpa, similar a la que se usaba en las ferias del libro, era un centro de control, allí nos identificamos, dejábamos en custodia todos nuestros artículos personales en cajas plásticas, con nuestros datos, y continuamos sólo con nuestra ropa. Nos pesaban y median. Respondíamos algunas preguntas y nos separaban. El paso final era en la entrada del metro Zócalo, allí nos entregaban un paquete que contenía la ropa que usaríamos en adelante, toda pregunta era omitida, si alguien preguntaba de más era separado del grupo, finalmente entrábamos a la estación y posteriormente al anden, abordábamos el metro y partíamos.

Parecía que el metro viajaba por otra ruta, algo más accidentada y que no se detuvo en ningún momento, viajamos por mas de una hora, la mayor parte bajo tierra. Finalmente los últimos minutos llegamos a un boquete donde estaba instalado un segundo centro de control, en el camino nos habíamos cambiado de ropas, las cuales fueron tomadas por los militares. Nuestra nueva ropa era una pieza completa de color marrón con detalles foto-reflejantes, era como un uniforme de presidiario. En el centro de control se nos asigno una graja, las reglas eran simples :
1. La granja proveería de alimento y techo
2. Trabajar no era obligatorio, pero daba ventajas así como también responsabilidades
3. Con el trabajo, podríamos obtener más comida, algunas diversiones y la más importante, la posibilidad de intercambiar productos con las granjas vecinas, salir un día a la semana a comerciar fuera de la granja.

A partir de ese momento todas las preguntas que la gente hacía, eran respondidas por un: ‘Es una medida temporal, pronto todo volverá a como era antes’.

Mis últimos recuerdos de este sueño fueron como si hubieran pasado un par de años, completamente adaptado al nuevo sistema, trabajando arduamente y charlando con alguien que aseguraba haber comerciado una piña con una granja que se dedicaba al ganado. Parecía que ciertas frutas habían desaparecido o sencillamente conseguir una piña era ahora un artículo de lujo, como si se tratase de un auto o una computadora.

 

-Invasión

Mi madre y yo acostumbramos ir de compras juntos, compramos en mercados convencionales y en supermercados. En esta ocasión habíamos ido a uno de éstos últimos, pero nos separamos, ella tenía que retirar dinero del cajero automático y yo decidí adelantarme y revisar la tienda.

Era entre semana, había poca gente, algunos empleados acomodando cosas y algunas señoras con pocos artículos en su carrito, caminando entre pasillos. Veo a una pareja joven discutiendo, no entiendo lo que dicen, pero si entiendo que peleaban por algo. Pasando junto a ellos, ambos se me quedan viendo, en sus caras hay algo de repulsión hacia mi persona, camino rápido y doy la vuelta al pasillo. Mi madre aún no entra a la tienda, decido mirar por la tienda un poco más, atento a que ella regrese.

Por fin la veo entrar, se acerca a mi y pasamos por el mismo pasillo donde está la misma pareja discutiendo; al pasar nuevamente, ambos me ven con la misma expresión en sus caras, pero a mi madre parece no importarle. Caminamos rumbo a las cajas, y entonces lo escuchamos, es un ruido como de un camión a gran velocidad, pero después lo entendemos, es algo que cae, un avión quizás; lo vemos caer, no es un avión, es un helicóptero, se estrelló afuera en el estacionamiento. Suena la voz de alguien en el interior de la tienda indicando guardar la calma y esperar a salir cuando se nos avisara.

No habían llegado los bomberos o la policía cuando escuchamos nuevamente el mismo sonido, algo cayendo, notamos el estruendo pero fue menos fuerte, quizás había caído a unas calles aledañas. No había voz con indicaciones esta vez. De pronto, las grandes puertas de cristal de la tienda y el área de cajas que parecía estar bajo un domo de cristal o acrílico, lo vimos: una nave (nada parecida a algo que los humanos hayamos pilotado) descendía lentamente. Era algo enorme, cubriendo de sombra toda la tienda y el estacionamiento; quizás era incluso más grande. El silencio lo rompe el grito de una señora  que se había desmayado y otros tratan de ayudarla.

De pronto, la poca gente que había en la tienda se salen, sólo quedamos mi madre y yo. El pánico nos retiene. La nave parece desciende una especie de escotilla en el estacionamiento aplastando faros y autos. Mi madre no puede respirar, tiene un ataque de pánico. Solo la empujo, pensando en escondernos en la tienda, en el almacén de la tienda; tendremos algo con que pudiéramos defendernos o al menos mantenernos allí: hay alimentos y agua. Pienso en que si es necesario, podemos salir por la puerta del almacén, si escuchamos que algo entra en la tienda, saldremos y tomaremos cualquier auto. Pienso en tomar algo de alcohol y hacer que mi madre recobre el conocimiento. Parece estar a punto del desmayo, pero sobre todo pienso en que todo ha terminado. Seremos esclavizados o eliminados, sólo es cuestión de tiempo para nosotros, unas horas o quizás unos días. Todo había terminado.

 

-Necesario

Esta era un sueño simple. Estaba yo, en una entrevista de trabajo o eso parecía. Estaba en una oficina chica con paredes falsas como de plafón y alfombra azul desgastada; había un entrevistador algo normal. Un día típico en el área de recursos humanos, no tengo muchos datos mas al respecto. El entrevistador se veía normal, con pantalón de vestir azul y camisa blanca con corbata. Había un escritorio y en él una computadora con su teclado que el entrevistador aporreaba introduciendo datos. Parece que la entrevista había terminado, y yo había declinado la oferta; entonces el entrevistador insistía en saber los motivos por los que la declinaba, mis respuestas eran vagas, un ‘no sé’ repetitivo, él continuaba escribiendo en la computadora; me ofrecía algo de beber, un poco de agua o un café, pero yo estaba cansado de estar allí. Me levanté y me dirigí a la puerta, el entrevistador me tomó del hombro y me suplicó me quedara un momento más, que no demoraría mucho; accedí pero tenía algo de ansiedad, movía mis piernas y hacía ruidos con mis pies. Me volví a levantar y el entrevistador suplicaba en que me quedara, me decía: ‘¿Qué tienes? ¿Qué quieres?’ y yo sólo respondía ‘no sé’. Quería decirle que me quería ir, pero no podía, de mi boca sólo salían las misma palabras ‘no se’.

Pasaba el tiempo, parecía que había oscurecido y el entrevistador no terminaba de escribir, a cualquier intento de levantarme él me decía lo mismo ‘¿Qué tienes? ¿Qué quieres?’ a modo de pregunta y mi respuesta era la misma ‘no sé’. Ahora no sólo quería irme, sino necesitaba irme, temía por mi seguridad, quizás él pretendía algo horrible o esperaba a que llegara alguien y sucediera algo peor. Sin dudar me levanté,  abrí la puerta de la oficina y salí.

Me desperté sudando, recordé que me había quedado dormido por segunda vez y ahora eran casi las 10 AM, me incorporé y  al estar inquieto durante mi pesadilla, había despertado a mi novia, ella se había girado y me abrazaba. No era la primera vez que tenía malos sueños mientras dormíamos juntos. Me dijo apaciguándome ‘Tranquilo, cuéntame qué soñaste’. Comencé a decirle del tipo y la entrevista de trabajo, parecía que aún tenía sueño y comencé a dormitar, entonces ella se incorporó y me dijo ‘¿Qué tienes? ¿Qué quieres?’,  mis ojos se abrieron y tomé su mano que me rodeaba el estómago y la aleje de mi, le grité ‘No sé. ¿Qué quieres?’. Entonces desperté, ella seguía dormida. Eran cerca de las 8AM ya no logré dormir más. Esperé a estar bien despierto. Esperé a que ella despertara y le conté lo que había soñado.

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