Tolerancia, ¿sin inclusión?

Por Aarón Rojas

Últimamente ha vuelto a surgir la necesidad en México de debatir la “aceptación” generalizada (porque ya está aceptado por la Constitución), de la adopción de hijos en las parejas homoparentales.

La discusión, como todas las demás que son polémicas, sólo ha impactado en aquellos a los que les interesa particularmente ese tema, dejando de ser seguida por los medios o dándoles cabida en horarios poco sintonizados.

Llama particularmente la atención el discurso de aquellos que se han pronunciado en contra, no sólo porque buscan revertir un hecho claramente constitucional, pues va más allá de ello, que ya es muy grave, en sus alegatos dan cuenta de querer proteger a los desprotegidos, que son los niños, diciendo que no pueden permitir que se les afecte de tal manera.

Lo cierto es que dentro de esas palabras hay mucho más que falta de sentido común y de investigación científica.

En primer lugar, se hace alusión, como siempre, al hecho de que los niños (desde que nacen hasta los 11) y muy de cerca los adolescentes (de 12 a 17 años) son incapaces de poder decidir por si mismos, es claro que un niño de menos de 8 años es incapaz de entender la totalidad de lo que le rodea, pero no por ello deja de ser consciente de su realidad.

Se dice que buscan protegerlos, la pregunta es ¿de qué? o quizá un poco más adecuada es ¿de quién?, no veo que un niño por si mismo, sea capaz de crear un sentimiento tan atroz como la discriminación, de ningún tipo, menos aún que el hecho de vivir en el seno de familias homoparentales pueda afectarles de manera alguna en su desarrollo personal o psicológico.

Todas las formas de discriminación son aprendidas, resultado de una mala educación familiar o como consecuencia de una incorrecta instrucción que reciben en las escuelas (sobre todo en colegios privados de corte religioso), no podemos, por tanto, decir que el hecho de vivir en una familia “diferente” (habría que ver como es una familia normal) vaya a trastornar por si misma al infante.

Lo que si pude afectarle, sin embargo, sería el acoso que pudiesen recibir de externos que se han criado en un ambiente de intolerancia y de falta de valores civiles básicos dentro de los cuales se incluye la convivencia con todo tipo de personalidades y gustos en las formas que éstas se presenten.

Se habla de tolerancia y respeto, pero tal parece que éstas no aplican si se trata incluir en el discurso a agentes que no quepan en su molde de normalidad creado a base de un discurso demagógico y arcaico, que no permite la inclusión de lo que se desconoce, en este caso, como en muchos otros, somos víctimas quienes no hemos sabido cumplir con los ejes de normalidad preestablecida, sea este caso como cualquier otro.

Ahora, no con esto quiero dar pie a una mala interpretación de mi parte, yo estoy fielmente convencido de la libertad de expresión y aplaudo con ello la posibilidad que se tiene en este país, aún, de externar nuestras convicciones por medio de la palabra o de manera escrita, lo que es inaceptable es que este permivismo raye en la agresión y desprestigio público y que con ello pueda afectar a terceros, que en este caso son los más jóvenes de nuestra sociedad, mismos que son ajenos a las injurias de quienes se han aprovechado de ellos para hacer una campaña negra de algo que debería ser normal en nuestro país, la familia, vista en todas sus versiones.

Otra de las formas de intentar evadir el derecho básico de un ciudadano mexicano a conformar una familia, es en concepto que se tiene de la misma, muchos dicen que un menos no debe crecer en una familia que no sea la concebida originalmente, sin darse cuenta que la institución familiar ya ha cambiado de fondo desde hace por lo menos una década.

Hoy en día, es absolutamente común que nos encontremos con familias conformadas por abuelos y tíos, por primos y sobrinos, o incluso hombres criados por tías, abuelas y viceversa, mujeres criadas por hombres, sin que ello haya afectado de manera alguna en su desarrollo personal. Y del mismo modo, esto no ha sido abordado por quienes deniegan la conformación de familias homoparentales.

¿Cuál es la diferencia entre las familias ya expuestas y las homoparentales?

El problema va más allá de las instituciones que se pretenden defender, es un problema de discriminación hacia un grupo específico de la sociedad, pues no preocupa a aquellos que se dicen encontrar la conformación de familias con una estructura diferente, a lo que temen, en el fondo, es a que esos niños o jóvenes que crezcan dentro de una familia homoparental, quieran luego seguir los pasos de quienes les brindaron un hogar.

De este modo, un tema tan importante como lo es éste, debe tratarse quirúrgicamente, pues lo que interpretamos los jóvenes, es que aún se cree que nosotros no tenemos capacidad de criterio para decidir qué hacer con nuestras vidas, y de manera consecuente que nuestra inclinación sexual es optativa, cuando está más que demostrado que uno no decide ese tipo de cosas.

Hablamos entonces de una parte de la sociedad que busca unir a toda, pero bajo un discurso único y separar de la misma a quienes no coincidan con lo que ellos plantean. Esto es, de igual manera, un tema de respeto, pues si no sabemos poner bases firmes en la  tolerancia y el respeto mutuo, ¿qué tipo de sociedad vamos a construir?


Imagen: http://www.genealogiahispana.com/wp-content/uploads/2015/02/familias.png

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