Toda mi vida en un examen: ¿y si no salgo en listas?

Por Janneth Castellanos

El día de hoy, mi hermana hizo su examen de ingreso a la universidad. De pronto me ubiqué en el tiempo y recordé con sorpresa que hace casi cinco años que yo misma estaba con los nervios de punta en espera de la fecha en que debía presentarlo. Parecía como si de ello dependiera el resto de mi vida, como si todo hasta el momento hubiera sido tan solo para llegar a ese momento decisivo de entrar a una carrera. Ni siquiera, salvo en momentos de miedo e incertidumbre fugaces, llegué a plantearme con seriedad qué haría si no lo lograba. Por supuesto había más opciones: repetir el trámite, intentar en otra carrera, buscar otro centro universitario. Pero todo giraba siempre en torno a esa situación.

Es importante darnos cuenta de que sí, definitivamente es un privilegio que nuestra situación de vida (política, social, ideológica, económica y hasta geográficamente) nos ponga tan al alcance de la mano tener una carrera universitaria que cuesta el esfuerzo de pasar el filtro de admisión y una módica cantidad simbólica por semestre, gracias al financiamiento público. Debemos darnos cuenta de que somos unos cuantos países en el mundo, y unas cuantas personas en nuestro propio país, los que podemos acceder de esta manera a la educación superior. Lo que quiero destacar aquí es que aún con todo esto, la vida está llena de posibilidades y no hay razón para sentirse fracasado si no quedas en listas.

Estamos tan inmersos en nuestro sistema de pensamiento por el contexto cultural y social en el que vivimos, que pocas veces nos detenemos a reflexionar sobre otras posibilidades; no laborales o académicas, sencillamente otras posibilidades, otros modos de vida. Actualmente vivimos en una sociedad que nos ofrece un paquetito limitado de opciones “aceptables” que, por supuesto, tienen su respectiva jerarquía en la estimación social: que si te casaste y tuviste hijos (¡ah, pero cuidado! no es lo mismo si fue a los 12 o los 30 -edades menos aceptables- que si lo hiciste entre los 22 y 27, aproximadamente, cuando se supone que está “bien”), que si terminaste como profesor, que si tienes un trabajo sencillo, que si terminaste siendo funcionario público porque “no fuiste capaz de nada más”, que si eres académico o tienes un gran puesto en una institución o empresa.

Las opciones no son el problema, somos nosotros que nos las cuestionamos. Basta con pensar un poquito, a lo grande, para darnos cuenta de que esto que nos resulta tan familiar, esta realidad que conocemos, no es para nada lo “natural”. Si nos parece que toda nuestra vida apunta a hacer un examen de ingreso a una carrera -que por cierto, hay que elegir entre las pocas opciones que se nos ofrecen- es gracias a que vivimos en un país que ofrece educación pública hasta los posgrados. Que hay que pasar el filtro y es así como funciona el método de convertirse en parte activa de la sociedad de la manera mejor aceptada. Cuando mis amigos decidieron no entrar a la universidad o no lograron ingresar no se sentían contentos. Sentían el peso del fracaso, de las miradas, del “no hice nada con mi vida”. ¿Por qué sentirse así?

Yo siempre he tenido una gran pasión por estudiar, por saber más, por el lado académico de la vida. Pero si alguien no lo tiene ¿por qué está mal? No digo que tiremos todos la educación por la borda ¡Dios me libre! Somos un país afortunado en el que hacer una Licenciatura no cuesta miles de pesos. Mi interés con esto es pensar un poco en los que no pudieron o no quisieron. No es justo que se sientan fracasados, habiendo tantas cosas que hacer, tantos caminos por tomar.

Si el día de mañana no sales en listas, no te aflijas. No eres un fracasado. Ser “alguien en la vida” no significa tener un título universitario. Muchos universitarios podemos confirmar que esto no es garantía absolutamente de nada. Lo importante es hacer las cosas a nuestro propio tiempo y con pasión. Pareciera que todos tenemos cronometrados y justos los días, y los momentos de la vida en que tenemos que hacer ciertas cosas, pero no es así. Cada uno tiene su propio ritmo. Siempre hay que mirar alto, si seguimos un ideal, el mismo nos va a marcar las pautas y tiempos para el aprendizaje, ya sea de conocimiento o práctico. Somos afortunados en tener educación pública de calidad y por supuesto que debemos aprovecharlo, pero si no logras entrar esta vez, aprende otras cosas, crea, conoce de otros modos, prepárate de otras formas, disfrútalo. Pero sobre todo, lo más importante es que no dejes que nadie te diga que fracasaste. Tienes muchísimas opciones y mucha vida por delante.


Imagen: http://www.udg.mx/sites/default/files/img_noticias/140531_examenprepa7_06_jjmm.jpg

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