The square: Un diagnóstico sobre algunos problemas de las sociedades contemporáneas

Por Isaac Anzaldo

The square es una película sueca del director Ruben Östlund estrenada diciembre de 2017 para el público en general de México, fue galardonada en múltiples festivales, siendo su premio más importante la Palma de Oro otorgada en Cannes 2017.

La trama es una sátira que sigue la vida de Christian, curador de un importante museo de arte contemporáneo que está en vísperas de estrena una nueva instalación llamada “The Square”. En un primer momento podría pensarse que la película tratara con ironía o caricaturizará al arte contemporáneo, sin embargo es algo más potente que eso, la cinta plantea una serie de críticas y cuestionamiento a los valores y forma de vida de las sociedades occidentales contemporáneas a través de una serie de elementos que tocaré a continuación.

El primer punto es quizás el más evidente y tiene que ver con la trama principal de la película, es decir, la preparación y próxima inauguración (misma que nunca se ve en la cinta) de la obra “The Square”, que consta de un cuadro de 4×4 y que en palabras de la propia realizadora representa; “un santuario de confianza y de cuidado de unos hacia otros, y dentro de sus límites, todos comparten los mismos derechos y las mismas obligaciones”.

Esta instalación de corte humanista y altruista contrasta completamente con la sociedad a la que el museo pretende exhibir la obra. Aquí encontramos el primer punto de la película, es decir, la falta de empatía y otredad que vemos cotidianamente en nuestras sociedades. Esto se ve reflejado en la escena donde Christian va por la calle camino al trabajo, todas las personas están inmersas en sus smarthphones, en su música, etc, cuando una chica corre pidiendo ayuda sin que a nadie le importe o se inmute por ello, siendo el protagonista el único que se interesa en ella, para posteriormente ser despojado de sus pertenencias por esa misma chica y su cómplice que evidentemente estaban haciendo un happening o intervención escénica callejera para hurtar sus cosas, a su vez esta misma desconfianza hacia el otro y falta de empatía se ve reflejada cuando Christian al darse cuenta del robo, pide a varias personas ayuda o un celular para poder comunicarse y nadie le tiende una mano.

La falta de empatía, otredad y desconfianza hacia el otro es algo que visualizamos día con día en nuestro país, un ejemplo de ellos lo encontramos en la siguiente noticia del 11 de diciembre del presente año, “En hechos diferentes, las autoridades del Sistema de Transporte Colectivo (STC) Metro reportaron el hallazgo de dos cuerpos sin vida dentro las estaciones de la Línea 2. El primero fue encontrado en los pasillos de la estación Tasqueña y el segundo en Portales, en ambos casos llamó la atención la indiferencia de los usuarios, debido a que los cadáveres fueron reportados varias horas después de perder la vida.”1 Las intenciones de la instalación “The Square” en la cinta quizás es un llamado a cambiar de rumbo, a actuar de forma distinta y no puede brindar la posibilidad de volver a pensar en el otro como alguien igual y cercano a nosotros.

Otro punto interesante que toca la película es la gran enfermedad del siglo XXI, es decir, lo políticamente correcto, así como la idea errónea de que la única forma de triunfar o ser alguien en la vida es a través de las interacciones en las redes sociales.

Ambos puntos se conectan con las escenas que involucran al joven equipo de publicidad que contrata Christian para dar notoriedad a “The Square”. Estando el curador protagonista inmerso en sus problemas personales, da carta blanca a estos publicistas para que diseñen la campaña mediática de la instalación. Estos jóvenes tienen la idea de que no hay mala publicidad, mientras se tenga la atención del público, nada más importa. Así, diseñan un video viral que consiste una niña con aspectos claramente suecos vestida como un vagabundo de la ciudad y que inesperadamente explota dentro del cuadrado. El vídeo logra miles de reproducciones en Youtube, pero a costa de ser duramente criticado por una sociedad políticamente correcta y que lleva a la renuncia de Christian ante tal presión social.

La crítica está en la hipocresía de lo políticamente correcto, ya que la sociedad se  asusta e indigna por un video falso de una niña indigente explotando, pero no por los verdaderos afectados por la economía capitalista, que viven mendigando en las calles y que no tienen ninguna seguridad en la vida. Esa sociedad tampoco se preocupa por la violencia que impera en el mundo contemporáneo, teñido de guerras civiles, ataques terroristas y demás horrores por todo el planeta. Prefiriendo descargar su ira en una publicidad de mal gusto, en lugar de atacar los problemas reales que se tienen en su sociedad, pareciera que censurando dicha basura mediática, desaparecieran los indigentes de las calles y se terminara la violencia en el planeta.

La viralidad o fama de un minuto a costa de lo que sea es un fenómeno que se critica y satiriza en la cinta a través de los dos publicistas, cuya actitud y mentalidad no dista mucho de los youtubers que suben bromas de asesinatos, confiesan su sexualidad, fingen su muerte o demás farsas mal montadas para subir sus visitas. También encontramos personas que exhiben su cuerpo o amenazan con suicidios para ganar likes o interacciones en diversas redes sociales. Una posible lectura en la película es que la exposición masiva no hace a las personas o cosas mejores, más interesantes o consiguen arreglar sus desgastadas vidas.

Cerramos finalmente con una escena donde Christian dialoga con una periodista norteamericana sobre la dificultad de llevar un museo de arte moderno, en su discusión lo más interesante es cuando el curador le pregunta a la periodista si por exhibir su bolso de diseñador en el museo, eso convertía al objeto en arte, cerrando a este cuestionamiento con un silencio de la periodista por no tener una respuesta.

Citando Boris Groys “Por qué se privilegian ciertas cosas; por qué la sociedad se preocupa por ellas e invierte dinero en su conservación y restauración, mientras que se dejan otras cosas libradas al poder destructor del tiempo, y a nadie le importa ue eventualmente desaparezcan?”2  Con base en esta pregunta podemos reflexionar que el arte siempre tiene que estar en flujo y sin jerarquías, debemos quitarle su aura sacra y pensar que las obras siempre serán en mayor medida apreciativas y subjetivas, lo importante es la creación y la conexión con el público. Mientras una obra conmueva las entrañas de un solo individuo, habrá triunfado en el terreno de las artes.


Imagen: http://www.conlosojosabiertos.com/the-square/


Citas:

1. David Fuentes, Reportaje periodístico tomado de la versión web del periódico El Universal, disponible en la web: http://www.eluniversal.com.mx/metropoli/cdmx/mueren-dos-hombres-dentro-de-la-linea-2-del-metro

2. Boris Groys, El arte en flujo, Caja Negra, Argentina, 2016, p. 9.

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