¿Te acuerdas de “Tienes un e-mail”?

Por Teolinca Velázquez

 

¿Alguien se acuerda de la película Tienes un e-mail? Es una peli de esas noventeras que protagonizan quienes alguna vez fueron la pareja de oro: Meg Ryan y Tom Hanks. El otro día la estuve viendo y me inspiró algunas reflexiones sobre nuestra sociedad actual que me gustaría compartir pues, a pesar de ser una película rosa de amor, me parece que el trasfondo social que maneja es desalentador.

Me parece que trata el impacto de la globalización en la vida cotidiana a inicios del Siglo XXI poniendo frente a frente al pensamiento capitalista con las actividades colectivas de una población. Demuestra cómo la llegada de las grandes cadenas, aunque sea a una moderna y cosmopolita Nueva York, siempre es invasiva y alienante. Estados Unidos también experimentó a nivel nacional una invasión por parte de empresas multimillonarias que terminaron con los negocios locales y con la economía familiar de los propietarios y trabajadores; el corporativismo y la invasión de las grandes industrias no ha sido sólo una cuestión de los países en los que E.U.A se ha entrometido a lo largo de la historia, como es el caso de América Latina, sino un problema de alienación a su propia sociedad.

Cuando Tom Hanks dice para vencer a la competencia: “Seduciremos con lujos” está demostrando la mentalidad de las empresas que ofrecen sus productos al público. Como los productos son lujos que temporalmente están a un costo relativamente accesible, la cantidad de compradores aumenta en el momento en que abre el negocio, sin embargo la película echa en cara la ridiculez de estas determinaciones pues al final termina siendo algo superficial cuya estructura carece de las características únicas que marcan a determinada población, por lo tanto no satisface por completo la necesidad del cliente.

Está, por ejemplo, la escena cuando una cliente llega a preguntar por los “libros de los zapatos” y el vendedor desconoce a cuáles se refiere. Aunque la película señale estas brechas, esto no significa que en la vida actual no se trate de algo exitoso porque con el paso del tiempo los consumidores hemos sido educados para ya no requerir productos tan específicos: llegamos a Starbucks ya sabiendo qué es lo que venden regularmente y aunque podamos pedirlo de mil maneras distintas, nadie se atrevería a pedir algo que nunca ha sido anunciado.

Esto último me lleva al momento cuando Tom Hanks habla de que en Starbucks “gente sin capacidad de decisión obtiene un sentido absoluto de su identidad.” El que la identidad del individuo sea determinada por cómo consume el café indica que en la vida actual todo gira en torno al mercado así que la identificación del individuo ahora se ve determinada por productos y no tanto por elementos que en otras épocas eran de pesada importancia; por eso el slogan de McDonalds a nivel mundial es “Como tú quieras” y sus diferentes traducciones, Subway también tiene el sistema de libre elección, se pueden mencionar diferentes productos como las Barbies que pueden ser rubias, morenas, pelirrojas, etcétera con tan sólo una peluca incluida en el paquete.

La “Librería Fox” es exitosa porque tiene una amplia gama de libros a un precio accesible y cafetería, pero “La Tienda de la Esquina” es exitosa por la atención personalizada que se le brinda al cliente; en otros tiempos se hubiera valorado más la atención pero la globalización nos ha educado para atesorar más el lujo y los supuestos buenos precios, de tal manera que al final la tiendita es la que se cierra. A lo largo de esta romántica trama podemos darnos cuenta de cómo es que el capitalismo nos ha ido educando para valorar lo que no es relevante, para que, en palabras de Oscar Wilde, seamos cínicos porque el cínico es aquel que conoce el precio de todo y el valor de nada. Nos han educado para convencernos de que somos a partir de lo que tenemos y de lo que podamos comprar, nos han educado no sólo para que el café que compramos por la mañana nos determine sino también la cantidad de extras que le podamos agregar al mentado café, si traemos el dinero suficiente para pagarlas.

Quizá la película infería que el éxito completo hubiera sido una  colaboración entre Meg Ryan y Tom Hanks que diera así un servicio completo y por lo tanto una mejoría tanto en las vidas de los personajes como en sus bolsillos, sin embargo, por centrarse en la historia de amor, no llegó hasta eso.


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