Súplica

Por Teolinca Velázquez

En el último año me he puesto a dar clases comunitarias para quienes van a presentar su examen de ingreso a la universidad y a la preparatoria. Si algo he visto es la angustia que sienten la mayoría de los chicos por la llegada del  temible examen; la primera clase es cuando más notoria puede parecernos esta angustia: el asesor se presenta frente a ellos y los muchachos lo miran con los ojos abiertos, dispuestos a hacer lo que él les pida.

¿Qué pasaría si en ese momento yo les pidiera que limpiaran mis zapatos? ¿Qué pasaría si les pidiera que me trajeran de comer? ¿Qué pasaría si yo pidiera cualquier servicio de su parte? Estoy segura que al menos uno lo haría. Pero todas estas peticiones conllevan un abuso de mi parte, pues pareciera que estoy condicionando su aprendizaje durante el curso y consiguientemente su acreditación del examen; incluso si yo fuera titular de grupo ante una institución educativa seguramente me atraería graves problemas.

Sin embargo el hecho de que existan sanciones ante comportamientos como este no significa que la situación haya desaparecido. Las formas de control y dominación entre el profesor y los alumnos siguen presentes a veces de manera muy sutil y por eso, junto con el enfriamiento y la individualización del sistema educativo, se pueden volver casi imperceptibles.

Una de esas formas es la súplica. Los estudiantes tienen necesidades como la entrega de firmas, papeles sellados, calificaciones y demás, porque la educación tiene una forma de control burocrático que se rige por fechas límites imperturbables, con las que los alumnos pueden ser manipulados bajo la amenaza de perder su lugar en el sistema educativo, perder todo lo que han construido.

¿Cómo puede controlar un profesor a un alumno con eso? Haciéndolo suplicar, pedir por favor mil veces, llamar, escribir correos en forma de plegarias, pedir perdón otras mil veces, dar explicaciones, rogar por una firma hasta las lágrimas; el profesor puede llevar al alumno hasta el agotamiento físico y mental por conseguir un trámite, por conseguir una calificación aprobatoria, vamos, hasta por conseguir un comentario positivo. ¿Es la súplica una forma de humillación y de abuso? Por supuesto. Automáticamente implica la superioridad casi divina del profesor y tira toda la lucha que ha tenido la pedagogía para derribar el esquema positivista en las aulas.

Aunque logre cambiarse la forma de trabajo en el salón de clases, la diferencia entre lo horizontal y lo vertical radica en un cambio de mentalidad, en entender que el maestro está para servir a la construcción del desarrollo humano y no para ser servido con fines egoístas y megalómanos. En textos anteriores describí cómo la actitud de un profesor es importante para encausar el comportamiento de los alumnos, esta es la evidencia de cómo se reproducen pautas de comportamiento que lejos de edificar, destruyen.


Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=xPOgZuNtQz8

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