Somos jóvenes

Por Alejandra Quezada

Está chavo, se le hace fácil… la caga. Decimos para justificar estupideces propias y ajenas. Haciendo gracia del hecho, enfatizamos la visión que ha prevalecido de los jóvenes como sujetos en formación, inexpertos y peligrosos en cierto sentido, porque no saben mejor.

Los jóvenes atraviesan por una etapa difícil, hay que orientarlos. En las escuelas, el foco de la  participación está en campañas de prevención. Di no a las drogas; si tomas no manejes; usa protección. Los jóvenes están en un periodo de transición, se enfrentan a las primeras responsabilidades fuertes, salen a un mundo laboral extremadamente competitivo en el que deben triunfar. Cargan sobre sus hombros la responsabilidad de ser el futuro de México. Como tesoro que son, hay que cuidarlos.

A los jóvenes se les tiene paciencia, se les perdonan muchas cosas. Se les dan largas pláticas y consejos, es de esperarse que se equivoquen. A veces, escuchando sus ideas, los adultos reales sonríen. Los jóvenes creen que pueden comerse el mundo y realizan grandes proyectos para cambiar una realidad que no conocen.

Como joven, me enfrento todos los días a este tipo de miradas. Mis proyectos son cuestionados de una forma que, estoy segura, no se le cuestionarían a una persona mayor. Como joven, ese afán por cuidarme me agobia y esos comentarios incrédulos me hacen preguntarme de qué forma esperan que seamos el futuro de México si no nos permiten un presente de acción.

La juventud es ese periodo conflictivo de definir qué persona queremos ser y qué papel jugaremos en nuestro entorno. Crecer aterra y la necesidad de responsabilizarse de uno mismo, y de otras personas, nos toma desprevenidos. Los consejos y la instrucción se agradecen siempre que no se conviertan en una excusa para no darnos mayor participación en una sociedad de la que no solo formamos parte, sino que representamos en una tercera parte del total. Somos un país joven y, como tal, nos estamos tardando en aterrizar planes de desarrollo nacional que evalúen nuestras necesidades y potencial.

Como joven, agradezco la educación que se me dio y espero se me permita utilizarla para fines productivos, aprendiendo a base de prueba y error como aprendemos todos, en todas las etapas de la vida. Ser joven no es sinónimo de ser estúpido –ni ser adulto de madurez- y esa perspectiva fresca con que aproximamos la vida nos permite atrevernos a hacer cosas que otros ya no intentan por miedo a fracasar.

Los jóvenes tenemos nuevas ideas y expectativas sobre el mundo del que queremos tomar las riendas. Sabemos adaptarnos, aprendemos rápido y tenemos las energías necesarias para afrontar los obstáculos que aparezcan.

Es una maravilla ser joven, siempre que se te deje ser.

Twitter: @alewee

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