Sólo por ser mujer

Por Areli Estrada

La violencia es un fenómeno que se  presenta como una enfermedad que carcome el tejido social, sus secuelas no sólo afectan a aquellos que la padecen directamente, sino a todo el entorno.  Es una maleza que se va extendiendo a todos los ámbitos de la vida. Hoy se vive una violencia que inunda a la sociedad mexicana en una ciénaga  de sangre.  

En  pleno siglo XXI se pensaría que la violencia contra las mujeres en todas sus formas es algo arcaico, pero aún hoy las distintas formas de violencia simbólica, física y emocional están presentes en un México que se integra a la globalización en todos los ámbitos de la vida. ¿Por qué un mal como la violencia persiste como algo arraigado en las entrañas del pueblo mexicano? la respuesta es difícil y compleja; no bastaría con pensar en una teoría para responder. La violencia hacia las mujeres  pareciera ser un elemento estructural de la sociedad mexicana, es  alarmante que aún haya mujeres que son golpeadas por sus maridos, sobajadas y amedrentadas por el simple hecho de ser mujeres. Un punto de inflexión sobre este fenómeno es el feminicidio, que se concibe como la forma más brutal de violencia hacia las mujeres, así una mujer muere por el simple hecho de serlo.

La violencia extrema hacia las mujeres es evidente en la ola de feminicidios a lo largo y ancho de la República Mexicana, miles de mujeres que nunca regresarán a casa, que de ningún modo podrán ver a su familia y que jamás cumplirán sus metas.  Mujeres arrancadas de su libertad, con cuerpos exhibidos cual trofeo, como símbolo de menosprecio y odio. 

Los datos sobre este fenómeno son escalofriantes, pues según ONU mujeres,  en México  ocurren siete asesinatos de mujeres por día, es decir, 2 502 mujeres con presunción de feminicidio según datos de 2013. Un dato alarmante para el ámbito nacional, reflejo de la exacerbada violencia que impregna el ambiente mexicano y sobre todo de estructuras rígidas donde aún persisten ideas de discriminación, sometimiento e incapacidad en la figura femenina. 

Recientemente el Estado de México ha reconocido la llamarada de un fuego que inicio hace años, por fin, después de negar lo innegable algo histórico sucedió: se dio la alerta de género –un paso adelante sin duda alguna– en 11 de los 125 municipios que constituyen el estado más poblado de la república. Esta medida debe ir acompañada de políticas públicas (alejadas del sistema patriarcal) y sobre todo con la firme intención de un cambio estructural, desde la familia hasta el gobierno, dejar de pensar en las mujeres como seres denostados en fuerza, valor y capacidad.  

La violencia hacia las mujeres jamás debe ser vista como algo natural, los individuos desde su comunidad deben ser agentes de cambio, movilizarse y luchar por aquellas causas que consideren justas, y una de ellas, es terminar con los feminicidios y cualquier tipo de violencia. Las víctimas de feminicidios ya no pueden levantar la voz porque han sido mutiladas, arrancadas de una familia, víctimas  de ser mujeres, ellas ya no pueden; pero la sociedad, los gobiernos, y todas las instituciones deben levantar la voz, decir “basta, ni una más”. Levantemos la voz hoy, antes de que la voz de cualquier madre se quiebre y apague, antes de que un padre estalle en llanto, o que un hermano grite desesperado. No más mujeres presas de las afiladas garras de una muerte atroz. 

Las mujeres no deben morir por el simple capricho de otro ser. ¿Acaso la vida no es un derecho humano? En el artículo 3º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dice: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona”. Que esto no sea letra muerta. Los individuos como constructores de una sociedad deben caminar hacia un proceso social de cambio en donde se respete la diversidad y la pluralidad, donde no se imponga un dominio sobre ningún ser –sea mujer, joven, niño u hombre–. Todos desde nuestras áreas de influencia modifiquemos las estructuras rígidas que lo único que hacen es desvanecer y catalogar a los individuos que integran una sociedad.

Debemos ir en dirección hacia la correcta aplicación de la justicia. Una alarma de género por sí sola no es suficiente, se debe avanzar para lograr una correcta tipificación del feminicidio. Asimismo, acabar con las trabas a la aplicación de la ley y la justicia. Actualmente en casi todas las entidades del país se ha tipificado este delito, con excepción de Chihuahua. Todas las mujeres víctimas de feminicidio merecen justicia, se los debemos. Si todas las personas tienen derecho a la vida, entonces todas tienen derecho a la justicia. 


REFERENCIAS

Foto extraída de: http://publimetro.pe/actualidad/noticia-epidemia-escondida-violencia-12238

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