Sobreviviendo a la Prepa: Aprendiendo del Tiempo (#1)

Por Elisa Horta

Estoy a nada de terminar, a penas, el tercer semestre del bachilleraro… Perdón, bachillerato.

Conforme han avanzado los días, los meses, y las horas que paso en el interior del salón de clases me he dado cuenta de que no puedo seguir esperando a que pase el tiempo con la única esperanza de poder llegar a la graduación tan viva como se pueda.

‘Tengo que hacer algo antes de que se me vaya de las manos’

Y ya estoy a nada de llegar al medio tiempo.

Por eso decidí iniciar esta bitácora en el formato de breves artículos que espero me puedan ayudar a sobrellevar “la prepa”, con la esperanza de que haga todo esto un poco más tolerable.

Y, también, que alguien más se encuentre entre estas palabras y sepa que lo que estamos viviendo no es la tortura que a veces sentimos que es. Si no que, al contrario, es esa maravillosa experiencia que siempre nos prometieron que sería. La última oportunidad de ser unos niños que siguen creciendo.

Porque para eso es el tiempo, para mejorar y seguir desarrollándose conforme van pasando los meses que invertimos en nuestra educación.

Por eso he querido iniciar esta edición con un tema que muchas veces puede hacer que nos duela la cabeza: El Tiempo.

Es complicado hablar del tiempo, más cuando se es joven y se piensa que lo tienes por montones. Pero la realidad es que muchos dudamos de ello y a veces nos abruma el sentimiento, ¿cuánto tiempo nos queda?, nos decimos constantemente.

Sin embargo esta misma pregunta es aquella que me ha enseñado mucho de lo que apenas he aprendido este semestre.

Además de quebrarme la cabeza y romperme la espalda con la tabla periódica, la conjunción de verbos en inglés y la métrica de poemas en español, he llegado a entender algo que considero mucho más importante que todo esto: No se cuentan los mejores días. 

Lo verdaderamente importante de la preparatoria es aprender a apreciar cada momento que se nos da, ya sea llorando por un examen ligeramente fallido en los brazos de tu mejor amigo o las carcajadas mientras pintas planetas de unicel con las manos. Es mucho más fácil ver los días pasar y los exámenes llegar cuando te has dado cuenta de que olvidaste tachar los recuadros del calendario por haber estado demasiado ocupado en ensayos de baile y los entrenamientos semanales. Es mucho mejor ver lo poco que falta para las vacaciones de invierno cuando de repente recuerdas que hace una semana que dejaste tu agenda en ese cajón que nadie revisa nunca del escritorio de la sala y olvidaste tomarlo porque te fuiste de fiesta a la mitad de los segundos parciales para intentar pensar en otra cosa que no fueran las escuelas filosóficas de la antigua Grecia.

Lo que quiero decir con todo esto es, en resumen, que deberíamos dejar de preocuparnos tanto por las calificaciones semestrales y ver lo que está pasando a nuestro alrededor.

Cada una de estas cosas que suceden en nuestras vidas y nos mantienen ocupados, y preocupados, es parte de nuestro crecimiento y de la experiencia escolar pero un estudiante no puede depender únicamente del sacrificio que se hace por las buenas notas. Se necesitan risas que sólo se ganan con ratos que se pasan con sus compañeros, dolores de garganta porque gritaste demasiado y pies cansados de todo lo que bailaste.

Nunca se pierde tiempo, incluso si así lo sentimos, si estás acordándote de ese concierto al que fuiste a medio semestre de improviso. No si te quedaste dormido unos gloriosos diez minutos en clase de historia porque el grupo del bendito whatsapp  no se callaba la noche anterior con el mismo chiste que estaban haciendo desde la tercer clase, por la mañana.

Incluso si pensamos que el tiempo es demasiado lento, porque no se acaba el semestre, porque no vamos a poder sacar nuestra INE este año o simplemente porque sientes que no estás logrando nada…

Hay que recordar que es todo lo contrario.

Estás ganando recuerdos que vas a poder contarle a cualquier pequeño que llegue en tu vida más adelante, justo como los relatos vergonzosos que sacan tu padre y sus amigos a media reunión. Estás tomando fotos que vas a poder ver en la pantalla de tu celular mientras buscas desesperadamente esa imagen de los requisitos del proyecto final… Estás haciendo algo que en diez años va a valer mucho más que ese ensayo que sientes que te quedó fatal.

Y sí, es cierto que la educación es nuestra más importante, y única, obligación.

Pero nunca se supo de un estudiante que fracasara por haber disfrutado de lo que sin duda serían de sus mejores días. Por haber amado su vida incluso si esa tarea de física, en el momento, le hace pensar lo contrario.

Puede que esto sea un recordatorio más personal… Pero no dudo de que alguien, en algún lugar del mundo, lo lea y abra los ojos en la manera que yo lo hice.

Que sepa que no debe gastar ni un solo segundo.

Lee, ríe, dibuja aunque no sepas hacer más que monitos de palitos, mándale ese mensaje tú primero, apunta esa tarea que sé que se te va a olvidar y tómale foto al apunte que quizás nunca pases pero por lo menos tendrás. Sal a divertirte, ve al parque más cercano de tu escuela y que no se te ocurra quedarte sentado si los demás comienzan a bailar y a gritar.

Te prometo que no te arrepentirás.

Aprovecha cada segundo de lo que estés haciendo.

Verás cómo nos encantará cada momento de todo este desastre que parece que estamos haciendo.


Imagen: Business Insider

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.