Sobre una escena de Jules et Jim

Por Dante Noguez

Jules et Jim tiene bastantes escenas reseñables, pero hablemos hoy de una en particular. En resumidas cuentas, la escena que trataremos aquí consiste en que Jules, al salir a la terraza de su habitación, encuentra a su mujer (Catherine) con su mejor amigo (Jim) besándose y confesándose que se gustan; en vez de desconcertarse, Jules recita con serenidad absoluta unos versos de Goethe que retratan certeramente la situación y le pide a Catherine que los traduzca. Al terminar ella, Jules califica —nuevamente con rostro imperturbable— la traducción con un: «No está mal». Dicho esto, se va a dormir.

Es cierto que, como observaba Georgie, no existen en la literatura —ni en el cine, agregaríamos— conceptos para denominar estas «tecniquerías»; no hay manera de nombrar este enmarañado complejo, pero podemos dilucidar, por lo menos, tres planos distintos: primero, el escénico, el de la incomodidad que representa la escena para el espectador, pues la esposa de Jules le está siendo infiel con su mejor amigo; segundo, el no-verbal, el del ánimo —la actitud impasible— de Jules al aparecer en escena; y, por último, el verbal, el de la profunda tristeza que hay en los versos que Jules recita. Cuando la cámara vuelve a Catherine, vemos que a ella no le molesta ni le incomoda en absoluto el ser descubierta, y aventura una traducción que modula con gestos propios; para finalizar, Jules le lanza el sintagma calificativo no exento de vanidad y, como si nada hubiera pasado, se dispone a dormir.

Tertuliano es quien afirma que cree las cosas solo cuando son absurdas o estúpidas, que las cosas son ciertas porque son imposibles. El increíble realismo de esta escena consiste en convertir al espectador en Tertuliano: nos creemos la escena precisamente porque es absurda. Y no se trata solo de grabar disparates, sino de reconocer que la conducta del hombre queda bien retratada cuando se presenta ilógica y contradictoria. Las cosas siempre son más complicadas que como nos las pintan los psicoanalistas y psicólogos; un psicólogo, por ejemplo, diría que Jules está en «negación», pero eso significaría que no reconoce que su mujer le es infiel y la cosa no es así. De hecho, además de ser consciente de la infidelidad, manifiesta —aunque solo sea verbalmente— el dolor que le causa. Es decir, Jules admite los hechos y sentimientos, pero también se «desdobla» y los mira con cierta distancia irónica, id est, no se los toma en serio. No sé qué clase de extraño nihilismo sea ese, ni tampoco estoy seguro de cuán precisa sea esta palabrería que ensayo, pero me parece que caracteriza bastante bien a los posmodernos. Borges escribe con esa distancia irónica sus cuentos; Wessel Zapffe la ilustra con su filosofía. Kafka, otro maestro del absurdo, escribe el 2 de agosto de 1914 en su Diario: «Hoy Alemania ha declarado la guerra a Rusia. Por la tarde fui a nadar»; Bruno Kaz, en su cuento Un día cualquiera, escribe: «Dos hombres han muerto hoy. Hace sol, es un bonito día y tomo café». Ese genial contraste que los escritores hacen deliberadamente, los mortales lo ejercitan de manera involuntaria todos los días.

Parece que al hablar de ese desdoblamiento divido (arcaicamente) el alma en racional y sensitiva, pues la inteligencia de Jules lo mantiene impávido pero su sensibilidad se ve abrumada. No ha sido esa mi intención y ni siquiera yo lo entiendo bien (seguramente porque es absurdo). Solo puedo decir que a mí esto me recuerda a Horacio Walpole (Letter to Anne, Countess of Ossory, 16 August 1776): «The world is a comedy to those that think; a tragedy to those that feel». A fin de cuentas, resulta que estos absurdos son bastante entretenidos y por eso nos gustan Kafka, sus precursores y sus fieles discípulos.

Por cierto, los versos que Jules recita son: »Alle das Neigen/ Von Herzen zu Herzen,/ Ach, wie so eigen/ Schaffet das Schmerzen!« y, a pesar de lo que Axelrod proclama con crasa ignorancia, son del Rastlose Liebe [Amor sin descanso; Restless love] de Goethe, no de Heine. La traducción que Catherine elabora dice así: « Toutes les inclinations qui vont de cœur à cœur, ah, mon Dieu, mon Dieu, comme elles créent des douleurs ! ». Del alemán, podríamos decir que una traducción cercana a la literalidad diría: «Todas las inclinaciones [tendencias] de corazón a corazón, ¡ay, cuán peculiarmente labran [elaboran] el dolor!»; la traducción de la traducción —giro marxista— que hace Catherine es la que se muestra en las imágenes. Ella, como es evidente y Jules glosa, agrega los «Dios mío». En Internet encontré esta traducción de Wigmore al inglés: «This affection/ of one heart for another,/ ah, how strangely/ it creates pain!»; en los subtítulos estadounidenses de la película aparece en la versión de Catherine: «Hearts yearning for each other. O God, O God, the pain they cause!». En todas las páginas en español solo aparece esta traducción que no sé de quién sea: «Sea la adicción de un anhelo,/ Donde el corazón siente por el corazón,/ Pareciendo que ambos arden,/ Pareciendo que ambos sienten». Tecleando «Amor incansable» en vez de «Amor sin descanso», encuentro esta pésima traducción en Google Books que tampoco sé de quién sea: «Es por el dolor/ que los corazones/ se inclinan/ a amarse». Buscando «Infatigable amor» no encontré nada, pero suena bastante bien.


Imagen: Escena de la película Jules et Jim (1962).

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