Sobre cómo los jóvenes turcos están cambiando su realidad

Hace algunos días, se empezó a hablar mucho sobre Turquía en las redes sociales; no así en los medios. Esto no es ninguna sorpresa, sobre todo luego de episodios como la Primavera Árabe de Egipto y Siria, así como – desde una perspectiva local – el movimiento de jóvenes mexicanos anterior a las elecciones presidenciales del año pasado. Todos estos ejemplos tienen muchos elementos en común. Uno de ellos es que los medios constantemente trataron de minimizarlos o de plano se abstuvieron de reportar al respecto. Otra similitud es que todos ellos giran en torno a un grupo de jóvenes que quieren ser escuchados.

En concreto, ¿qué está pasando en Turquía y – más importante – qué es lo que viene?

Afortunadamente, tengo un gran amigo en Turquía, que le dedicó algo de su tiempo a resolver mis infinitas dudas al respecto. Aquí les pongo algunas de las cosas que me platicó Berk Demirkol, mi muy querido amigo.

Resulta que el Primer Ministro turco ha estado muy activo en eso de decirle a las personas qué pueden hacer y qué no. Así pues, ha estado emitiendo decretos, restricciones y órdenes sobre decisiones de vida de los ciudadanos (como, por ejemplo, cuántos hijos debieran tener, si es buena idea consumir alcohol o fumar, e incluso si está permitido dar a luz por cesárea). En otras palabras, ha estado tratando de imponer en los turcos un estilo de vida conservador. Obviamente, no todos los ciudadanos están muy contentos con ello. Muchos de ellos ven a Erodgan, el Primer Ministro, como una persona que solamente vela por sus propios intereses y que está vendiendo a su país al extranjero, sin importarle lo que le pasa a las personas en Turquía. Y ni hablar de los derechos de las minorías.

Bueno, pues todo esto que “se venía cocinando” explotó hace unos días, cuando algunos ciudadanos iban por la calle y se encontraron con varios empleados del gobierno, que estaban derribando unos árboles en el Parque de Gezi, en el centro de Estambul. El citado parque es una pequeña área verde que sirve de acceso a la Plaza Taksim, un centro metropolitano de transporte, servicios y comercio. Los funcionarios tuvieron a bien compartir con estas personas que el plan del Primer Ministro era derribar el parque y construirle algo encima.

Reuters / Murad Sezer
Reuters / Murad Sezer

En palabras de mi amigo Berk: “Gezi no es nada como el Central Park de Nueva York, pero es un pedacito de verdor en la ciudad y los ciudadanos sintieron que, una vez más, el gobierno les estaba quitando algo que le pertenecía a la comunidad.” Así que estas pocas personas decidieron ahí mismo que no dejarían que tal cosa sucediera, así que iniciaron una pequeña manifestación en la que algunos de ellos se quedaron a dormir en el parque. El gobierno reaccionó de la peor forma y utilizó la fuerza de una manera excesiva en su contra.

En el pasado, aquí hubiera terminado todo. De acuerdo con lo que me contó Berk, los turcos no suelen manifestarse en las calles. La sociedad de Turquía no está acostumbrada a protestar. Al parecer, su última experiencia en el ramo terminó con un golpe de estado en 1970 y les afectó muy fuertemente. A partir de entonces, los turcos se volvieron renuentes a participar en la política o a ser socialmente activos, por temor a las reprimendas.

Así pues, lo que vuelve las protestas de Gezi particularmente relevantes es cómo una sociedad que solía ser sumisa, de repente se convirtió en un ejemplo mundial de participación ciudadana y de protestas pacíficas, pues lo que inició en Gezi se expandió por todo el país y rápidamente ganó millones de seguidores tanto dentro de Turquía como en el extranjero. Supongo que la respuesta al enigma gira en torno a la participación de los jóvenes en el movimiento. En primera, los jóvenes no tenían miedo a las represalias por confrontar el autoritarismo gubernamental. Además, sucede que estos jóvenes son expertos en habilidades que sus padres no tienen – son amos de las redes sociales y los canales no-oficiales de comunicación, mismos que los unieron a través de todo el proceso, sin importar que las autoridades pudieran censurar lo que se reportaba en los medios oficiales. Tener una cobertura en tiempo real a través de miles de fuentes hizo que el reflector volteara a ver al gobierno y ayudó a la sociedad a nivel local e internacional a estar al tanto de lo que estaba pasando, minuto a minuto. Esto también ayudó a ver las cosas desde otra perspectiva, en imágenes donde los manifestantes son personas pacíficas, a quienes les preocupa el bienestar de los perros y gatos callejeros y que toman medidas para protegerlos, así como a una fuerza policial que claramente está haciendo un uso indebido de la fuerza pública.

Algo que inició siendo muy pequeño es ahora de grandes dimensiones. Al estado actual de las cosas, no estamos muy seguros de cuál será el resultado final, pero sabemos que el Primer Ministro seguramente lo pensará dos veces antes de no escuchar a sus ciudadanos nuevamente.

www.nationalturk.com
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Los jóvenes de Turquía han logrado borrar varias décadas de miedo de las mentes de las generaciones mayores y actualmente están a la cabeza de un movimiento gigantesco por una sociedad más abierta. Desde México, alentamos sus esfuerzos y admiramos su valentía. El presente es de los jóvenes.

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