Sobre algunas drogas

Por Brandon Ramírez

 

Hace ya unas semanas que el tema de la marihuana ocupó muchas de las conversaciones entre nosotros. La decisión de la Suprema Corte de Justicia, en torno al amparo de cuatro ciudadanos fue aplaudido por algunos y criticado por otros. Según algunas encuestas, la mayoría de los mexicanos estaba en contra de despenalizar la marihuana para su uso recreativo; pero para su uso medicinal la tendencia es inversa, y la mayoría estaría de acuerdo[1].

Creo que todos partimos de la base de que las drogas son dañinas por los efectos que generan en el cuerpo, y que lo ideal sería que nadie las consumiera. Pero también sabemos que eso, a menos que dichas sustancias desaparecieran de nuestro planeta, es simplemente una idea. Considero que también la mayoría aceptamos la idea de que algunos de nuestros medicamentos comparten la categoría de droga, pero al ser utilizados para fines curativos o de tratamiento médico y no simplemente como algo recreativo, son muy pocos los que rechazan su uso.

Sin embargo, hay algunas sustancias que pueden ser consideradas drogas, pero optamos por sí aprobar su consumo para fines recreativos como sociedad y ni pensamos en llamarles así. Estoy pensando en los ejemplos más obvios: la nicotina y el alcohol; aunque también algunos consideran a la cafeína dentro de esta categoría, puesto que quienes consumen asiduamente una buena cantidad de ésta, pueden sufrir síntomas de abstinencia en su ausencia. Pero el consumo de estos tres ejemplos está tan normalizado en nuestros días que será muy extraño escuchar que se pida prohibirlas, aunque su grado de adicción es más alto que el de la marihuana y el éxtasis (incluso el de la cafeína)[2].

 

Me atrevo a decir que todos los que consumen alcohol o nicotina saben de los efectos dañinos que tienen en el cuerpo. Las cajetillas de cigarros te lo indican; hay intensas campañas en medios para recordarnos lo peligroso que puede ser ingerir alcohol y después manejar un automóvil, y los operativos para detener a los conductores para medir el nivel de esta sustancia en su cuerpo para evitar accidentes suelen ser aplaudidos. Ingerirlos pese a todos los efectos dañinos que tienen es una decisión personal.

Su consumo está prohibido para menores de edad. Sin embargo, creo que la mayoría de nosotros sabemos que muchos menores las consumen, principalmente durante los años en que cursan la secundaria y preparatoria. Y no tienen que recurrir necesariamente a narcomenudistas para conseguirlas, puesto que en establecimientos comerciales legales suelen vendérselas (en lo personal he visto incluso niños no mayores de 10 años que son enviados por sus padres a comprarles sus botellas de alcohol y quien atiende la tienda de abarrotes suele dárselas sin ninguna objeción, tristemente).

Y en el otro lado, tenemos jóvenes en el mismo grupo de edad, quienes buscan consumir una sustancia menos adictiva como la marihuana, y no pueden recurrir a estos establecimientos para adquirirla (a pesar de que la venta a menores debería estar prohibida) necesariamente deben recurrir a un mercado ilegal donde el producto no es garantizado en su composición y son expuestos a un medio donde la violencia está muy presente, además del rechazo social por quienes la consumen y donde no se generan las campañas de información para que conozcan los riesgos de salud que el abuso de dicha sustancia puede tener en el cuerpo, aún más a su edad.

Nuevamente lo aclaro: en lo personal estoy en contra del consumo de las drogas, pero no me parece una decisión atinada que, si ya sabemos que su consumo es inevitable en nuestra sociedad, algunas drogas más dañinas como el alcohol y la nicotina pueden conseguirse sin problemas mientras que otras (igualmente dañinas, claro) que son igualmente consumidas comúnmente, deban buscarse con distribuidores ilegales, exponiendo a los consumidores y sin difundir información sobre los daños que les puede causar.

Las propiedades médicas que la marihuana tiene son otro tema, aunque me parece igualmente equivocado negar los tratamientos que necesitan de ésta, como fue el sonado caso de Grace, cuando ya están comprobados y con mayor razón si consideramos que algunos otros tratamientos usan drogas “más fuertes” y no pensamos en censurarlos.

En lo personal no soporto el olor del tabaco, son muy pocas las ocasiones en mi vida en que he bebido alcohol, y no he consumido (ni tengo intención de hacerlo) marihuana ni otras drogas, salvo la cafeína, como casi cualquier estudiante universitario. Sin embargo, sé que hay quienes disfrutan del consumo de estas sustancias, y es totalmente su decisión ingerirlas, sabiendo de ante mano los riesgos para la salud que tienen, y con esfuerzos para evitar que puedan dañar a otros una vez que deciden consumir, como son los espacios libres de humo de tabaco y los alcoholímetros. Si me preguntan a mí, estoy en esa minoría que creen que la despenalización de la marihuana es mejor que su prohibición, incluyendo su uso recreativo.

 

 


[1] http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4572

[2] Algunos señalan que la adicción es más bien un efecto del ambiente y falta de conexiones emocionales/sociales y no de la sustancia en sí. https://www.ted.com/talks/johann_hari_everything_you_think_you_know_about_addiction_is_wrong?language=es

Johann Hari; “Todo lo que crees saber sobre la adicción está mal”, junio 2015, consulta en línea: https://www.ted.com/talks/johann_hari_everything_you_think_you_know_about_addiction_is_wrong?language=es

Parametría; “Mexicanos mantienen oposición a la mariguana”; 2013, consulta en línea: http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4572

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.