Silencioso peregrino

Por Driveth Razo

Se dice que en la vida vamos caminando por un largo sendero. Vamos tan encimados en nosotros mismos que no nos damos cuenta de las personas que transitan a nuestro lado. No nos damos cuenta de las personas que se desvían ya sea a la izquierda o a la derecha y que desaparecen repentinamente de nuestro camino. Seguimos caminando y no nos damos cuenta de su partida hasta que es demasiado tarde…

Muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de su existencia. No nos damos cuenta de la hora en la que llegan y mucho menos la hora en la que se van. Después de un tiempo nos empezamos a preguntar qué pasó con aquella persona y obtenemos como respuesta un eterno silencio. Nos preguntamos qué hubiera pasado si nos hubiéramos dado cuenta de su existencia antes de que se escabullera por otro camino. Si hubiera cambiado en algo nuestro trayecto. Si las decisiones tomadas hubieran sido otras. Si… en fin.

Otras veces nos damos cuenta de su existencia después de haber transitado con nosotros cientos de kilómetros. Nos empezamos a preguntar quién es ese silencioso peregrino, el cual al parecer está ajeno de nuestra propia realidad. Ese peregrino a cuya propia realidad no pertenecemos. Empezamos a prestar atención en su persona, en el tiempo en que llevamos conociéndolo sin conocerlo realmente. El tiempo en el que ha recorrido la misma vereda pero tan silenciosamente que después de rato es que nos damos cuenta de su presencia.

Sin quererlo, el peregrino se da cuenta que no va solo al igual que nosotros. Se comienza a cuestionar las mismas preguntas que nos hicimos antes. Empieza a salirse de su propio mundo y se da cuenta de las posibilidades que se abren a su alrededor. Al igual que nosotros se da cuenta que no va solo por el camino. Bueno, al menos por un trayecto iremos acompañándonos mutuamente. Puede que nuestro camino esté listo para dividirse y que la oportunidad que tuvimos de conocernos se haya quedado tiempo atrás. Puede que no, o que incluso se haya congelado en el tiempo esperando una segunda oportunidad. Pero eso no lo detiene, se da cuenta que quiere saber más de la que para él es una peregrina más.

Una peregrina más. Una que estuvo acompañándolo durante un largo lapso de tiempo y que apenas se da cuenta de su presencia. Una peregrina que no es más que una simple desconocida conocida. Una peregrina que tal vez vio sus tropiezos kilómetros atrás, o tal vez no. Una peregrina que tal vez estuvo absorta en su propio mundo al igual que él y que despertó de ese letargo casi al mismo tiempo, o puede que incluso minutos antes.

Es ahí donde se miran por primera vez desde que iniciaron ese tramo juntos. Por primera vez se reconocen. Después del primer impacto, se sonríen y se dan cuenta que todavía hay tiempo para ser amigos. Se dan cuenta que todavía tienen algunos kilómetros por delante donde podrán conocerse y recuperar el tiempo perdido. Puede que no se hayan conocido antes porque hayan compartido ese tramo con otra persona que era más importante para ellos en esos momentos pero que kilómetros atrás continuó por un camino diferente. Puede que no se hayan conocido debido a que no levantaban la vista del camino por miedo de volver a tropezar y esta vez para siempre.

Un sinfín de posibilidades son las que provocaron que ese encuentro se pospusiera hasta cierto punto del camino. Puede que no hayan estado listos para conocerse tiempo atrás. Puede que en su momento no hubieran podido encajar en la vida del otro o simplemente porque el destino se empeñó a juntarlos hasta que logró crear el momento adecuado.

A lo largo de nuestro camino, llegan y se van personas. Muchos dicen que estas se van cuando terminaron de enseñarnos algo o cuando nosotros terminamos de enseñarles. Siento que no siempre las personas tenemos que fungir nuestro papel de alumno/profesor. Puede que simplemente hayan compartido el trayecto sin aprender nada del otro, ya sea por falta de tiempo o interés. Tal vez solo hayan llegado a hacer el camino más llevadero y menos largo de lo que ya lo consideramos.

De lo único que si estoy segura es que debemos aprovechar esas oportunidades. Conocer al peregrino que nos acompañará durante el trayecto. No importa si es hombre o mujer, o si nos toca conocer más de un peregrino a la vez. Puede que sea más complejo pero no hay que darles la espalda a las personas que se crucen en nuestro trayecto. Ya que cuando logramos conocerlas, muchas de las veces nos sorprendemos incluso de lo que descubrimos que hay detrás de aquella fachada. Puede que venga disfrazado de afanador, profesionista, metalero o sacerdote, no importa, siempre hay que darle la bienvenida a ese silencioso peregrino.


Imagen: http://www.que.es/capital/201406180942-tarjeta-peregrino.html

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