SIDA

Por Miguel Téllez

 

El primero de diciembre se conmemoró –una vez más- el Día Mundial de la lucha contra el SIDA. No daré un recorrido histórico de ese día ni algo similar –daré por supuesta, además, la distinción Sida-VIH, por comodidad-. Lo que diré a continuación son unas críticas de la situación del Sida/VIH en México, específicamente porque tal asunto de salud también involucra cuestiones culturales y políticas, y ahí es donde quiero realizar mis críticas. Finalmente, señalaré la importancia que la educación tiene en este asunto que puede parecer meramente de salubridad.

En el libro Sida: aproximaciones éticas, donde Mark Platts recopila distintos textos, alcanzamos a ver muchas problemáticas –y también varias soluciones- que surgen y giran entorno por el SIDA. El primer escrito, de Allan M. Brandt, me parece muy esclarecedor para señalar lecciones históricas que son consecuencias de las ETS (enfermedades de transmisión sexual). Las cuatro lecciones que narra Brandt podemos ponerlas bajo los rótulos de: 1) miedo, 2) educación, 3) medidas obligatorias y 4) vacunas. Sin intención de quitar mérito a la exposición de Brandt, las lecciones que él cuenta sugieren que ningún rótulo de los que mencionamos –a excepción del primero, dado que su sentido es negativo- son la solución a crisis sanitarias.

Es imposible negar que determinadas sociedades tienen sus respectivos códigos de creencias, actitudes, comportamientos, etc., a esto podemos llamarle ‘cultura’, sin necesidad de ponernos exquisitos para definir exhaustivamente ‘cultura’. Imaginemos una sociedad donde está prohibido hablar –es una prohibición implícita, aunque si se viola ocurre una sanción- de la higiene sexual, de las ETS, es decir, de asuntos sexuales. Cuando en esa sociedad se da la noticia de una enfermedad que lleva el nombre de “SIDA”, y que resulta bastante peligrosa, los integrantes se alarmarán.

No estamos tomándonos en serio el ejemplo de esa sociedad si creemos que los científicos –algunos, al menos- y mucha población en lugar de querer hablar del SIDA, se rehúsan a hacerlo. En efecto: el miedo y los prejuicios suelen ponernos una especie de cinta en la boca para que no hablemos. Esto lo explica muy bien Brandt en su escrito.

Ya que tenemos el ingrediente del miedo en esa sociedad, alguien podría sugerir: la gente necesita, pues, educarse. Esta medida suena muy razonable, sin embargo, no basta. ¿Por qué? Imaginemos que hallamos la manera adecuada de educar a la población respecto a las ETS, ¿no necesitamos de algo como… políticas públicas para que nuestro cometido se concrete? Parece que sí, porque incluso aunque un programa de educación sea adecuado –lo cual es bastante complicado-, se requieren de acciones políticas, especialmente si se trata de un problema público.

Aceptamos que además de educación requerimos de acciones políticas, y dado que se trata de una enfermedad de alto riesgo –seguimos hablando del SIDA- decidimos que el Estado –estamos argumentando, así que imaginen ‘Estado’ en abstracto, no es necesario decir cosas como ‘Pero en México ni hacen nada’, eso no nos interesa por ahora- imponga medidas obligatorias. ¿Qué medidas? Dado que sabemos que las enfermedades pueden ser hereditarias y además uno es propenso a contagiarse, impongamos exámenes prenatales y ex ante del matrimonio. Siguiendo a Brandt (Platts, 25-30) las medidas obligatorias tampoco resuelven mucho: hay lugares donde la enfermedad no estará totalmente presente, ya que la gente puede tener medidas de higiene adecuadas y que también sea el caso que no haya un nivel regular o peligroso de personas que practiquen actividades sexuales riesgosas o aplicación de drogas intravenosas. Por tanto, decir ‘medidas obligatorias’ sin alguna reserva, causará pérdida de recursos y, señala Brandt, puede que incluso los exámenes –por el concepto de sensibilidad (que la pruebe indique quienes tienen la enfermedad)- fallen si se aplican en poblaciones de sobra –aquellas que realmente no están propensas a la enfermedad-. Finalmente, parece que las medidas obligatorias pueden dañar la libertad individual de las personas: que te impongan un examen en pos de tu salud puede parecer razonable, pero parece que también debes dar tu consentimiento. Esto es importante, ya que Brandt señala que a inicios del SIDA –por allá de los 80- las pruebas para detectarlo no eran del todo certeras, así que si la prueba fallaba e indicaba que tú tenías la enfermedad, esto no sólo sería perjudicial en tanto que tomarías medicamentos para algo que no padeces, sino que la señalización social y el aislamiento –existían métodos de cuarentena- también te afectarían. Por tanto, las medidas obligatorias tampoco son la salvación.

El caso de las vacunas hoy día sigue siendo un problema para el caso del SIDA, ya que no existe una tal que nos haga ‘inmunes’ de manera más o menos segura para no contraer el virus. Lo que señala Brandt es que las vacunas tampoco son la salvación en el sentido de que, como ya indiqué, son falibles y que además, aunque existan ‘balas mágicas’ contra enfermedades, se requiere del ingrediente de educación y de administración durante el proceso de tales ayudas médicas.

A continuación menciono las críticas que deseo hacer de este problema en México. Como hemos visto, combatir una enfermedad contra el SIDA no se trata sólo de que los científicos, médicos y demás especialistas estén trabajando, la gente necesita entender los riesgos y corregir aquellos prejuicios que se padecen para poder estar mejor parados en un piso endeble como lo es el de contraer enfermedades.

En México existen diversos centros para exámenes rápidos de detección del VIH, al final dejaré las ligas donde pueden leer información de éstas. Sin embargo, considero que la población aún se ‘asusta’ cuando se habla de sexualidad y parece que falta capacitación para los encargados de programas de prevención, así como open mind por parte de la gente. Aún se tienen prejuicios: ver a una pareja homosexual besándose todavía causa rechazo o ‘indignación’ para muchos, o incluso hablar del placer coital y asuntos que pueden referirnos de manera inmediata a ‘pornografía’. Deberíamos indignarnos por otras cosas de verdad serias. Las lecciones de Brandt son muy útiles: hay que preguntarnos qué tipo de medidas pueden ayudar.


Bibliografía

Platts, Mark (comp.), Sida: aproximaciones éticas, primera reimpresión, UNAM, Instituto de Investigaciones Filosóficas, FCE, México, 2000.


Ligas de información respecto a exámenes de VIH:
http://www.censida.salud.gob.mx/

http://www.condesadf.mx/


Imagen: http://americanadenoticias.com/onu-lanza-nuevo-plan-para-combatir-el-sida-en-africa/

Comentarios

Comentarios

Jóvenes Construyendo

Jóvenes Construyendo es una plataforma en línea que ofrece un espacio de expresión para jóvenes con grandes ideas con el objetivo de compartir puntos de vista y propuestas sobre juventud.