Si tuviera ocho

Por Driveth Razo

Si tuviera ocho jugaría con muñecas o saldría al parque a subirme a los juegos infantiles que tanto amaba, si tuviera ocho podría hacer lo que quisiera sin ser juzgada tan duramente por la sociedad. Si tuviera ocho podría crear un mundo de ensueño que durara horas e incluso días en el cual podría vivir y convertirme en princesa o en guerrera. Si tuviera ocho no me preocuparía por el futuro ni por el pasado, solo me preocuparía por el “hoy” y lo que está sucediendo a mi alrededor. Si tuviera ocho podría comer lo que quisiera sin preocuparme por las calorías, pediría ese menú infantil divertido –que antes odiaba, por el simple hecho de ser “infantil”– e incluso tendría a alguien que me chantajeara para que comiera esas verduras odiosas que no me gustaban…

A los ocho creíamos que era divertido crecer y no veíamos lo cercano que ese momento estaba por suceder. Queríamos ser adultos para poder hacer lo que quisiéramos, para dormirnos a altas horas de la noche, para poder comer lo que queramos y hacer todo lo que quisiéramos sin esperar regaños. No cabe duda que hoy podemos darnos cuenta de lo equivocados que estábamos. Incluso hay días en los que nos gustaría retroceder en el tiempo, encontrarnos y pedirnos disfrutar cada segundo que podamos.

Las decisiones que creíamos que serían tomadas por nosotros, fueron tomadas por la sociedad. Nos vestimos y actuamos de acuerdo a lo que la sociedad dicta, aunque muchas veces no nos sintamos a gusto con ello. Tenemos miedo de expresar lo que sentimos por miedo al rechazo o a la burla. Incluso llegamos a ocultar nuestros gustos musicales por escuchar lo que la mayoría quiere. Nos protegemos tanto detrás de esa máscara modelo que la sociedad acepta que muchas veces nos olvidamos de lo que hay detrás de esa máscara, nos olvidamos de nuestro verdadero ser, de nuestra esencia. Es ahí cuando nos empezamos a dar cuenta que nuestra vida dejó de ser controlada por nuestros padres simplemente para pasar a ser controlada por la sociedad. Después de todo seguimos siendo simples borregos siguiendo al ganado.

Siempre queremos vivir una etapa que todavía no nos corresponde. Queremos adelantarnos al tiempo y saltar todos esos años que creemos “inútiles” para poder llegar así a vivir la etapa que más ansiamos. Queremos llegar a vivir la etapa perfecta, donde creemos que tendremos todo solucionado. Pero cuando menos lo esperamos, nos damos cuenta que eso nunca sucederá pues no existe una etapa perfecta como tal. Cuando menos lo esperamos, nos damos cuenta de los maravillosos años que hemos desperdiciado, los cuales no podremos volver a vivir por más que queramos. Nos damos cuenta que no tendremos una segunda oportunidad para aprovecharlos al máximo, para revivir aquellos momentos inolvidables.

Y es ahí cuando queremos regresar el tiempo, cuando queremos volver a ser jóvenes, adolescentes e incluso niños. Queremos volver a sentirnos protegidos en los brazos de nuestra madre, queremos dejar de tener las responsabilidades y libertades que tanto ansiábamos cuando éramos menores de edad. Queremos que el mundo vuelva a girar en torno a la preocupación por no saber elegir nuestro color favorito, a ganar el juego de las escondidas, a cuando colorear dentro de las líneas era el reto más difícil a enfrentar. A pesar de ello, sabemos que nada de eso regresará. Sin embargo, eso no nos detiene por seguir anhelando esos tiempos de antaño.

Puede que nuestro presente sea difícil, que no seamos o tengamos lo que siempre quisimos tener o ser a esta edad, pero no por ansiar el futuro eso puede cambiar. Creemos que el futuro llegará y que de la nada todo cambiará y mejorará, pero no es así. Para querer que haya un cambio o para que logremos tener lo que queremos o ser lo que deseamos es necesario empezar desde este presente, para que así el futuro cuando llegue nos reciba con los brazos abiertos y con las expectativas cumplidas.

Así que hay que empezar a luchar por lo que en verdad queremos, tenemos que empezar a cumplir esas metas, empezar a cambiar de poco a poco, para que en un futuro logremos sentirnos orgullosos de lo que somos y lo que logramos. Tenemos que aprender a vivir cada etapa, aprender a sacarle lo mejor del momento, porque nunca encontraremos esa “felicidad” permanente. Siempre habrá altas y bajas, puede que incluso haya algunas etapas mejores que otras pero no por eso debemos de dar por perdido ese momento, sino que tenemos que hacer que cada segundo valga la pena y no añorar el tiempo desperdiciado en arrepentimientos.


Imagen: http://elsurtambienexiste.com/una-muneca-es-mucho-mas-que-un-simple-juego-es-una-expresion-de-las-nenas/

 

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