Seres iguales

Por Brandon Ramírez

 

La semana pasada estuve escuchando un programa por radio sobre las mascotas y cómo cada vez humanizamos más nuestro trato con ellas, y en general con las distintas especies animales del planeta ¿a qué me refiero con humanizar? Simplemente a concebir y tratar a nuestras mascotas como trataríamos a otro humano.

Esto me trajo a la mente algunas líneas del texto de Norberto Bobbio “Derecha e izquierda”, publicado en 1995, donde hace énfasis en una tendencia cada vez mayor de igualdad entre los hombres, y cómo ésta trasciende a otros seres vivos; en específico señala:

El empuje hacia una igualdad cada vez mayor entre los hombres es, como ya observó en el siglo pasado Tocqueville, irresistible. Cada superación de esta o aquella discriminación, en función de la cual los hombres han estado divididos en superiores e inferiores, en dominadores y dominados, en ricos y pobres, en amos y esclavos, representa una etapa, desde luego no necesaria, pero por lo menos posible, del proceso de incivilización. Nunca como en nuestra época se han puesto en tela de juicio las tres fuentes principales de desigualdad: la clase, la raza y el sexo. La gradual equiparación de las mujeres a los hombres, primero en la pequeña sociedad familiar, luego en la más grande sociedad civil y política, es uno de los signos más certeros del imparable camino del género humano hacia la igualdad. ¿Y qué decir de la nueva actitud hacia los animales? Debates cada vez más frecuentes y extensos, concernientes a la legitimidad de la caza, los límites de la vivisección, la protección de especies animales que se han convertido en cada vez más raras, el vegetarianismo, ¿qué representan sino escaramuzas de una posible ampliación del principio de igualdad incluso más allá de los confines del género humano, una ampliación basada en la conciencia de que los animales son iguales a nosotros los hombres por lo menos en la capacidad de sufrimiento? (Bobbio, 1995, pp.175-176)

Bobbio sintetiza esta tendencia a derribar (o por lo menos exhibir y denunciar) cada vez más formas de discriminación, pasando por el sexo, el origen étnico y por la cuantía de recursos económicos, a la que hoy día podríamos tranquilamente añadir las preferencias sexuales. Históricamente se han diluido o eliminado algunas de éstas y todo parece indicar que éste es un camino que seguirá trazándose en los años venideros.

Lo interesante, al menos para mí, es cómo parte de esta tendencia es extrapolada al trato que tenemos con los animales. Yo nunca había considerado este enfoque, hasta la primera vez que leí este texto. Claramente nos da una posible explicación de por qué cada vez es más frecuente la legislación para proteger a los animales, por qué cada vez es más censurable la caza de estos, su maltrato, su explotación y en algunos casos hasta su muerte.

El vegetarianismo, y aún más, el veganismo son claros ejemplos de lo anterior, como el propio Bobbio sugiere. No sólo pensar al humano como igual ante otros humanos, también frente a otros seres vivos, con quienes compartimos algunos procesos biológicos y en última instancia un entorno y recursos.

El mundo que hemos construido ha sido pensado en nosotros como especie, como dueños del planeta, del cual cada día agotamos más recursos y contaminamos más. En cuanto a los recursos, el desperdicio del que muchas veces no somos conscientes –por ejemplo, del agua o la energía eléctrica y petroquímica que generamos– ha visto algunas de sus consecuencias en el cambio climático actual y todos sus efectos. En cuanto a otros seres vivos, la domesticación de especies animales para facilitar algunas labores civilizatorias comenzaron este camino que vería algunos de sus efectos posteriormente en la explotación de algunos para fines expresamente dirigidos a generar espectáculos, como funciones circenses, corridas de toros o incluso la charrería; así como la caza de algunas especies, lo que ha generado su condición de estar en peligro de extinción, por no mencionar aquellas que ya han desaparecido.

Es común que siempre veamos nuestra época distinta a las anteriores en términos de superioridad, asumiendo que hemos aprendido de nuestros errores y andamos por un camino mejor que nuestros antepasados. Seguramente yo soy víctima de esa visión pero creo que hoy día comparto la postura descrita por Bobbio dos décadas atrás, es decir, considero que sí hemos avanzado como nunca en el camino a un trato cada vez más igualitario entre humanos y con otras especies animales. La indignación que generó el maltrato animal en una tienda de mascotas hace unas semanas, la presencia –cada vez mayor– de organizaciones en defensa de los animales, la mayor notoriedad de dietas orientadas a reducir o erradicar el consumo de productos de origen animal y los debates sobre temas que antes se daban por sentado, como las corridas de toros o el uso de animales para circos, son sintomáticas de este cambio, en lo personal no lo considero sólo moda.

Seguramente había gente con esta visión desde hace siglos. Sin embargo creo que hoy día su presencia y relevancia están más presentes. Quizá ponerle zapatos a los perros –que les impiden caminar bien y transpirar de manera adecuada– no sea tan benéfico para ellos, pero sin duda cada vez más animales reciben un mejor trato.

Y claro que reconozco que estamos lejos de un trato justo entre nosotros mismos como especie, y que la desigualdad en muchos sentidos sigue estando muy presente en el mundo, pero también debemos reconocer que algunos de los motivos de mayor discriminación que generan un trato desigual, son cada vez más débiles. Hace unas décadas no se concebía que las mujeres votaran, sin ir más lejos; y muchos de los tipos de discriminación ni siquiera se denunciaban como tales.

No quiero cerrar estás líneas sin dar un agradecimiento a Pelusa –por posar para la imagen que acompaña el texto– y a Santiago por permitirme una vez más utilizar una de sus fotografías.


REFERENCIAS

Fotografía de Santiago Ramírez Martínez.

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