Ser godínez

Por Eva González

 

Seguramente ubicas a este sector de la población al que le llaman “godínez”, y hasta te sabrás sus costumbres y lo que los caracteriza, tal vez ya en alguna ocasión has pertenecido a este grupo o estás buscando una oportunidad para serlo.

Los godínez son esas personas que trabajan para una empresa en horario de lunes a viernes de nueve de la mañana a seis de la tarde (por lo regular), al llegar a la oficina se lanzan por el guajolocombo que se comen escondiendo la cara detrás del monitor de la computadora, cuentan con una hora de comida, que generalmente es de dos a tres de la tarde, y para calentar los alimentos que llevaron de casa en sus tuppers hacen una fila al frente del horno de microondas para luego pasar al área asignada como comedor de empleados. Una vez que terminaron de comer, si aún les quedan minutos de esa hora de comida reglamentaria, los ocuparán para fumarse un cigarrito, ir a la tienda por alguna chuchería o bien, los pasarán platicando bonachonamente con el vecino. Después de esto, experimentarán el mal del puerco, se sentirán fatigados por al proceso de digestión y debido a su falta de ganas de seguir con sus labores, se sumergirán en su red social favorita o en el mensajero instantáneo para enterarse de los chismes del día o quedar de acuerdo para los planes de la noche. Mientras hacen esto tendrán en la pantalla de su computadora un documento abierto de Excel, Word o Power Point para simular que están trabajando en caso de que su jefe o algún compañero inoportuno les caiga de sorpresa. Cuando pasan de las cinco y media, recogen sus cosas para salir corriendo de la oficina apenas marque el reloj las seis en punto, lo hacen a toda velocidad para que su jefe no los vaya a sorprender de último minuto con algún pendiente urgente y tengan que quedarse tiempo extra, el cual, por supuesto, no les representa beneficio alguno sino que sólo interfiere con sus planes de huida.

Hay muchos tipos de godínez, pero el anterior cuadro es el que generalmente nos encontramos en cada oficina de cada empresa de este país. Sin embargo, tampoco considero que todos los trabajadores con un esquema de lunes a viernes entren en esta descripción, porque aquellos que realizan un trabajo con una finalidad mayor que la de solamente cumplir con las labores que le solicitan cada día en la oficina, son los que agregan valor a su trabajo y a sí mismos como profesionales, y he aquí el punto de todo. Hay quienes trabajan por necesidad y obligación (y porque no les queda de otra), y hay quienes lo hacen para aprender y desarrollarse. Éstos últimos son los miembros más valiosos en una organización y, a su vez, son los que se van a ir más rápido si la empresa no les ofrece el crecimiento que ellos están buscando.

Si bien esto no está limitado a los millennials, sí es este sector de la población laboralmente activa, el más sensible ante la respuesta de la empresa al desarrollo profesional de sus colaboradores. Probablemente ese godínez que sigue esta rutina todos los días sin mayor interés de hacer algo más al respecto, que es poco productivo y que parece que más bien está harto de su trabajo (y de su vida), fue algún día una persona llena de deseos de desarrollo, buscó sus primeras oportunidades laborales con entusiasmo y brillo en los ojos, llegó a esa primera oficina con aspiraciones y ganas de sobresalir; y puede ser también que, después de intentar varias veces demostrar el valor de su trabajo, de tratar de presentarle ideas a sus jefes y querer mantener el ánimo a través de los años y después de uno y otro intento fallido, ese joven entusiasta lleno de sueños terminó transformándose en un godínez promedio. Algo así como un Smeagol en su lenta y tortuosa transformación en Gollum. Bueno, no tanto así, pero ya sabes a lo que me refiero. El punto es que debes enfocarte en tu desarrollo profesional y evitar enfrascarte en un ciclo en el que solamente esperas ansioso la quincena para irla a gastar con tus cuates, dejando de lado tu productividad. Piensa que una empresa sigue girando y produciendo, estés o no estés tú. Formas parte importante de ella pero no eres indispensable de manera alguna, así que más vale que tu trabajo también te aporte a ti: en conocimiento, en desarrollo, en experiencia, en mejorarte y en brindarte buenas relaciones interpersonales.

Así que si estás a punto de emprender la tarea de buscar tu primer trabajo o de cambiarte de empresa, toma en cuenta esto y no vendas tu valioso tiempo y juventud a cambio de quincenas seguras.


Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=7alARZzu5i8

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